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1er artículo: Nosotros creemos en “Creación”
(traducido del ingles: “We belive in creation”)

 Por el Dr. Charles C. Ryrie quien fuera Decano de la Facultad de Postgraduados y profesor de teología Sistémica, en el Seminario Teológico de Dallas, Texas, USA.

 

Para muchos, creer en la Creación como lo enseña la Biblia, es creer en ignorancia, o por lo menos, en algo completamente pa­sado de moda. Pero nosotros SÍ CREEMOS en el relato Bíblico de la Creación y con muy buena razón. La alternativa, "evolución", no sólo no ha podido probar sus demandas, pero además lo mejor que puede hacer es presen­tar un caso sumamente débil. La "EVOLU­CIÓN  TEÍSTA", una posición intermediaria, tampoco satisface. EL CREACIONALISMO ofrece, aún hoy, un relato razonable y exacto del origen del hombre y del mundo.

 

I. ALGUNAS ALTERNATIVAS

En un intento de reconciliar las enseñan­zas de la "evolución" con las de la Biblia, se han sugerido CUATRO ALTERNATIVAS para aliviar la tensión y resolver dificultades que existen entre aquéllas.

(1) Están quienes aceptan las aparentes contradicciones entre la "evolución" y la Bi­blia como si fueran reales e intentan creer ambos puntos de vista. Aunque esto parece­ría ser una imposibilidad lógica, es esencial­mente la posición de la "EVOLUCIÓN TEÍSTA", que mantiene que Dios SÍ creó todas las cosas, pero por el proceso de la "evolución". En realidad este punto de vista no es ni aceptable al cristiano creyente en la Biblia, ni tampoco al evolucionista. La Biblia declara claramente que el hombre fue creado del "polvo de la tierra" (Gen. 2:7). Esto no podía referirse a incluir a antepasados que eran anteriormente animales, ya que al polvo -el hombre vuelve- y esto no es un re­torno al estado de animal (Gen. 3:19). Más aún, el primer hombre de la Biblia fue hecho a imagen de Dios y por lo tanto no se aseme­ja al primer hombre de la "evolución".
Los "evolucionistas" tampoco están satisfe­chos con la idea de la "evolución teísta", ya que el admitir “sobrenaturalismo” en cualquiera o en algún punto, es directamente contrario a toda su teoría. Charles Darwin mismo escribió: "-NO DARÍA ABSOLUTAMENTE NADA POR LA TEORÍA DE LA SELECCIÓN NATURAL, SI REQUIRIESE ADICIONES MILAGROSAS EN CUALQUIER ETAPA DEL DESCENSO" (R.E.D. CLARK, "Darwin: Before and After". London; Paternóster Press. 1950. p. 86). Más recientemente, JULIÁN HUSLEY afirma que el sobrenaturalismo "CORRE EN CONTRA DE TODO NUESTRO CONOCIMIENTO CIENTÍFICO... POSTULAR UNA INTERFERENCIA DIVINA CON ESTOS INTERCAMBIOS DE MATE­RIA Y ENERGÍA EN ALGÚN MOMENTO PARTICULAR DE LA HISTORIA DE LA TIERRA ES TANTO INNECESARIO COMO ILÓGICO" (Julián Husley, "Evolution in Action", N. York: New American Library, 1964, p. 20).

(2) Hay una solución muy popular hoy día que acepta la "evolución" pero  alegoriza la Biblia. Este acercamiento aparentemente le permite a uno aceptar las conclusiones de la "evolución" y aún retener el impacto de la Biblia. El alegorizar, siempre involucra los primeros once capítulos del Génesis, pero pronto también incluye a otras partes de la Biblia, especialmente lo milagroso. Las ideas generales de Génesis caps. 1 a 11 son acepta­dos, pero los detalles factuales son rechazados. Admitimos que hay muchos eruditos  Bíblicos que siguen esta línea de pensamiento; a pesar de que es inaceptable por varias razones importantes:
Primero: Es puramente subjetivo. ¿Quién va a decidir qué porciones no deben ser entendidas claramente y deben ser alego­rizadas? ¿Por qué para, en Génesis capítulos 1 a 11?
Segundo: Esto deshonra a Dios. Si la "evolución" es cierta, luego la alegoría que alegadamente Dios dio en esos primeros ca­pítulos del Génesis, es enteramente inexacta, y uno puede solamente llegar a la conclusión que al darlo, Dios fue incierto o ininteligente.
Tercero: Este concepto está en directo con­flicto con la enseñanza de muchas otras partes de la Biblia. Aspectos de la Creación son men­cionados en Lucas 3:38; Ro. 5:14; 1° Co. 11:9; 1° Co. 15:22,45; 2° Co. 11:3; 1° Tim. 2:13,14; Judas v. 14. Al alegorizar al Génesis, necesa­riamente afectará la interpretación de todos esos otros pasajes.
Cuarto: Desacredita la auto­ridad de Jesucristo. Él aceptó el relato de la creación de Adam  y  Eva (Mt. 19:4; Mr. 10:6); y en la  historicidad del Diluvio (Mt. 24:38; Luc. 17:27). Si sus palabras no pueden ser confiadas en estos particulares, ¿cómo puede alguno estar seguro que pueden confiar en las palabras de Cristo en otros asuntos?

(3) Una tercera  alternativa básica,  es  la de aceptar la "evolución" y rechazar la Biblia. Muchos en realidad hacen esto, aunque pocos están dispuestos a declararlo tan francamente.

(4)  Una cuarta posibilidad es la de acep­tar la Biblia plena y claramente con la necesaria consecuencia de rechazar la “evolución”. Esta alternativa involucraría aceptar los he­chos detallados del Génesis y requeriría des­cubrir falacias básicas en las tenencias de la "evolución" para poder tener una base inte­ligente para rechazarlas.

 

II.    ALGUNOS DATOS TOMADOS DE LA TEORÍA DE LA "EVOLUCIÓN".

La palabra "evolución" significa cambio, desarrollo, movimiento o proceso. Tiene un uso completamente legítimo, como en la si­guiente oración: "ha habido considerable evo­lución en el campo de las comunicaciones".
Pero cuando se usa en conexión con la teoría de la evolución, la palabra significa más que desarrollo, pues también incluye la idea de origen por procesos naturales; tanto el origen de la primera sustancia viviente como el origen de las nuevas especies. Que ha habido desarrollo en muchas áreas de la Creación, nadie lo niega; pero que este desarrollo ha incluido también la producción de nuevas es­pecies o formas más complejas e intrincadas de sustancias menos complicadas, esto está abierto a serio cuestionamiento. El desarrollo ordinario no debe ser confundido con el ori­gen de las especies.

Mutaciones y selección natural.

Esta es la prueba básica y más importante que adelan­tan los evolucionistas para su teoría. Las mu­taciones son variaciones repentinas que hacen que sus descendientes sean diferentes que sus padres en características bien marcadas.
La selección natural, hace que la sobreviven­cia de estas nuevas formas explique los mejoramientos generales biológicos. Acerca de este proceso, HUXLEY escribe que "NO SOLO ES UNA AGENCIA EFICAZ DE LA EVOLU­CIÓN SINO QUE ES LA ÚNICA AGENCIA EFICAZ DE LA EVOLUCIÓN" (Evolution in Action, p. 35). WÍLLIAMS. BECK (Har­vard Medical School) declaró: "La muta­ción casual produce las variaciones de que habló Darwin y la mutación es hasta donde sabemos, la única fuente de variabilidad gené­tica y de allí la “evolución”". (Saturday Evening Post May 10, 1953, p. 92). Tan básica es esta prueba, que uno puede concluir con seguridad que, si puede ser cuestionada, tam­bién lo puede ser la "evolución".

Hay algunas preguntas importantes que de­ben ser hechas acerca de la prueba de la selección natural y mutación:

(1)       El hecho que esta prueba está basada sobre un argu­mento circular: ¿no lo debilita considerable­mente? Nótese lo que admite Huxley: "Sobre la base de nuestro presente conocimiento, la selección natural está obligada a producir adaptaciones genéticas; y las adaptaciones genéticas son así evidencia presuntuosa de la eficacia de la selección natural" (Evolution in Action, p. 43). En otras palabras, la selección natural produce mutaciones y las mutaciones garanti­zan selección natural, pero ninguno de los dos puede ser probado por sí o por separado.
(2)       ¿No son dañosas las mutaciones? THEODOSIUS DOBZHANSKY, una autoridad en el campo de la Genética, admite que "la mayo­ría de los mutantes que surgen en cualquier organismo, son más o menos desventajosos a sus posesores. Los mutantes clásicos obtenidos en Drosophilia generalmente demuestran dete­rioro, quebranto y desaparición de ciertos ór­ganos". También reconoce que "el carácter deletéreo de la mayoría de las mutaciones pa­rece ser una dificultad muy seria" (Evolution, Genetics, and Man. N. York: John Wiley and Sons, 1955, p. 150). Como mutaciones bene­ficiosas no pueden ser observadas, los científicos sólo pueden especular o esperar que en algún lugar o de alguna manera durante el supuestamente largo proceso de la evolución del hombre, las mutaciones beneficiales nece­sarias ocurrieron. Dado suficiente tiempo -di­cen ellos- cualquier cosa podía haber sucedi­do, incluso mutaciones provechosas. Que esto sea así o no, hemos de probarlo más adelante.
(3)       ¿De dónde vienen nuevos genes? Las mutaciones son formas alternadas de condicio­nes existentes, pero nuevas formas tienen que ser producidas si es que la evolución debe ocurrir. Los protozoarios por ejemplo, no tie­nen dientes. Entonces: ¿de dónde vinieron los genes que produjeron nuestros dientes si he­mos evolucionado de protozoarios? ¿Tiene el evolucionista una respuesta a este problema básico? Óigase al famoso genético LAÜRENCE H. SNYDER: "En cuanto al origen de los genes sabemos muy poco, aunque es tentador especular" (Principies of Heredity, Boston: D. C. Heath 1951 p. 332). H. GRÁHAM CANNON, de Manchester University, decla­ra: "Un hecho que ha sido obvio por muchos años es que las mutaciones “Mendelianas” tra­tan sólo con cambios en caracteres existentes, nunca en la aparición de un carácter nuevo actuante… ningún experimento ha producido progenie que muestre órganos enteramente nuevos funcionando. Con todo, es la aparición de nuevos caracteres en organismos que mar­can las fronteras de los pasos principales en las escalas evolucionarias" (The Evolution of Living Things, Manchester: Manchester Univer­sity Press, 1958, p. 92).
(4)       La selección natural ¿realmente garantiza mejoramiento? Por supuesto, debe ser así pues de otra ma­nera si el elemento inferior subyacente sobre­vive, pronto se terminaría y no podría haber evolución en nada. J. B. S. HALDANE con­testa: "En realidad la selección natural con consecuencias evolucionarías solo ha sido ob­servada donde el hombre ha creado nuevas condiciones drásticamente, que imponen una pesada presión de selección" (Nature, Marzo 14, 1959, p. 51). La selección natural no es probada cuando solamente se puede demos­trar bajo condiciones impuestas.
(5)       Si ni mutaciones beneficiosas, el producto de nue­vos genes; ni selección natural jamás han sido observados; ¿no descansa esta evidencia bási­ca para la evolución, sobre la fe más bien que sobre el hecho observado?
Debe ser notado, que no todos los científicos -aunque sean evolucionistas-, aceptan el ar­gumento de las mutaciones y la selección na­tural como si fuesen conclusivos. ERNEST A. HOOTON, el Antropólogo famoso de Harvard, dijo: -"Temo que muchos antropólogos (in­cluyéndome a mí mismo) han pecado contra la ciencia genética y se apoyan sobre una ca­ña cascada cuando dependen de las mutacio­nes" (Apens [Monos], Men and Morons [hombres deficientes]; Londres: George Allen and Unwin, 1937, p. 119).
Después de cien años de evolución, un cien­tífico británico sumarió el estado presente del conocimiento de esta manera reveladora:
"Si la mutación, que es la única for­ma de cambio hereditario del cual te­nemos evidencia definida, es siempre cambio en genes ya presentes, a prime­ra vista parecería que no tenemos aquí ninguna base en absoluto para enten­der la evolución de innovaciones en la organización del cuerpo. Para su evo­lución, de seguro necesitaríamos nue­vos factores hereditarios, no cambio en aquellos ya presentes. Pero debemos recordar que las condiciones en el cuerpo y en el material hereditario son extremadamente complejas. Posible­mente cambios en la distribución de las enzimas en el cuerpo, si esto en alguna manera se realizara, podrían causar nuevas diferencias en la propor­ción de crecimiento de partes… Es di­fícil ver cómo la redistribución de sus enzimas podría producirse por muta­ciones de un gen, pero en vista de la complejidad de las condiciones en el cuerpo, podría quizás ser posible. Tam­bién, no es imposible que nuevos genes pudiesen evolucionar. Estas sugerencias son puramente hipotéticas. Por ahora no podemos decir más que innovaciones de organización ocurren sin duda en la evolución; que son esenciales al aumento en compleji­dad que está asociado con el progreso en la evolución; que no tenemos co­nocimiento exacto de los detalles de su evolución" (G. S. CÁRTER, A hundred Years of Evolution, N. York: Macmillan, 1958, pp. 184-85).

Fósiles.
La cuestión de hombres fósiles (an­tes que fósiles de animales) es de mucho ma­yor significado al creyente en la Biblia, ya que la alegación de la evolución, es que el hombre es muy antiguo y que evolucionó de formas brutas anteriores. En contraste, el re­lato Bíblico insiste en que Adam y Eva fueron los primeros seres humanos, que eran sin pe­cado y que pecaron subsiguientemente y que el efecto resultante sobre toda la raza ha sido uno de degeneración. Según el relato Bíblico, Adam y Eva no podían haber sido el “climax” de un proceso evolucionario que incluyó varias clases de antepasados subhumanos. Incidentalmente, el evolucionista-teísta, está sobre los cuernos de un dilema en cuanto a la creación de Adam y Eva. Aún si tiene éxito en inyectar la evolución dentro del registro Bíblico de la creación de Adam, es imposible hacerlo con Eva; y si Dios creó a Eva como lo declara la Biblia, como un acto directo de Creación: ¿por qué no se le permite a Dios haber hecho lo mismo con Adam?

Nuevamente preguntas muy serias deben ser hechas en cuanto a la evidencia "fósiles''.

  1. El hecho de que el argumento "fósil" es uno circulante ¿debilita su fuerza considerable­mente? La Enciclopedia Británica, admite: "No puede ser negado que desde un punto es­trictamente filosófico, los geólogos están aquí argumentando en un círculo. La sucesión de organismos ha sido determinada por un estu­dio de sus restos enterrados en las rocas y las edades relativas de las rocas son determi­nadas por los restos que contienen". (Tomo X. 168, Ed. 1936). Esto es más que un punto filosófico, pues el acercamiento pragmático actual de la Teología es poniéndole fecha a la estrata por los fósiles hallados en ellos y po­nerle fechas a los fósiles por las estratas en que son hallados. Este procedimiento no pue­de asegurar resultados precisos.
  2. ¿Son otros métodos de fijar fechas realmente con­fiables como dicen ser? En cuanto a los méto­dos radiométricos y de fluoro de poner fechas: "debe ser enfatizado que este método men­cionado y también en el método del fluoro mencionado más abajo, no aportan una fecha absoluta para los fósiles" (A. H. BRODRICK. Man and His Ancestry (Antepasados). N. York: Hillary, 1964, p. 122). De los métodos de Uranio-cobre otro científico escribe: "De­sanimados han sido geólogos del método uranio-cobre, por las muchas instancias en que los resultados son contradictorios, inconsisten­tes e irrazonables" (W. L. STOKES, Essentials of Earth History. N. York: Pretice-Hall, 1960, p. 22). Carbono 14 que el laico promedio piensa que puede medir exactamente cual­quier medida de tiempo empieza a tener un margen importante de error después de 20.000 años. Recientemente en los laboratorios de Westinghouse, la descomposición fue artifi­cialmente alterada a razón de 3 %.
  3. ¿Por qué no ha producido el fósil ninguna forma intermediaria? Parecería razonable esperar que en algún punto entre los muchos fósiles que han sido hallados, se hubiera descubierto por lo menos alguna forma transicional. En lugar de ello, los fósiles primeros de cada grupo ex­hiben todos los rasgos que distinguen al gru­po al cual pertenecen. La importancia de es­te asunto a la evolución, ha sido declarada cla­ramente por Sir Wilfrid Legros Clark (Oxford University): "Que la evolución realmente ocu­rrió, solo puede ser establecido científicamente por el descubrimiento de residuos fosilizados de muestras representativas de aquellos tipos in­termedios que han sido postulados sobre la base de la evidencia indirecta". ("Discovery", enero 1955, p. 7). Sobre la claridad de esta evidencia indirecta, ALFRED S. ROMER de Harvard University, ha escrito: "«eslabones» faltan donde los deseamos más fervientemente y es más que probable que muchos «eslabo­nes» continuarán faltando" (Genetics, Palaentology and Evolution, Princeton: Princeton Univ. Press, 1949, 114).
  4.  ¿No parece un poco escasa la evidencia tomada de los hom­bres fósiles para las conclusiones a que se llega? Quizás el más notorio de los hombre-fósil es Pithecanthropus erectus, hallado en Java en 1891-92. Consistía de una parte del cráneo, un fragmento de hueso de cadera izquierdo y tres muelas. Estos fragmentos fueron hallados en una extensión de 50 pies y durante el tiempo de un año. Acerca de este hallazgo particular la Enc. Británica concluye "evidencia adicional debe ser presentada antes que una hipótesis confiable pueda ser construida" (1952. ed. II, 52). La Raza "Neanderthal", es también considerada esencialmente humana (aunque probablemente degenerada).

 

Por lo menos, estos residuos no prueban ninguna secuencia evolucionaría en el desa­rrollo del hombre. "Los restos Neanderthal, proveen un recordatorio sustancial que no hay una secuencia inexorable en el desarrollo esquelético que lleva en forma continua de lo pri­mitivo a lo moderno". (Ibib II 52, edit. 1957).
Un doctor en medicina me dijo una vez que los hombres Neanderthal podían haber sido muy fácilmente hombres comunes que habían sido afligidos con raquitismo.
Los hombres fósiles no proveen evidencia de formas transicionales conduciendo al homo Sapiens. Lo cierto, hoy día, es que todos los hombres fósiles son clasificados por la mayo­ría dentro de un solo genus-HOMO.

La necesidad de la fe.

El desprecio y el ri­dículo a menudo son amontonados sobre el cristiano por tener fe y la imagen es proyec­tada de que ello es opuesto a la verdadera ciencia. Rara vez es presentado el Creacionis­mo como una explicación plausible; más bien es mostrado como una fe ciega, emotiva y no científica. Ocasionalmente se encuentra un científico que declare el asunto con ecuanimidad. Por ejemplo, HARRY J. FULLER y OSWALD TIPPO de la Universidad de Illinois que escriben en su texto: "Algunas personas asumen como cosa enteramente de fe, una creación divina de la sustancia viviente. La única alternativa parece ser la asunción que en algún momento en el lejano tiempo pa­sado la asociación casual de los requisitos quí­micos en la presencia de temperatura favora­ble, humedad, etc., produjeron protoplasma viviente... Realmente los biólogos están tan lejos como jamás lo estuvieron en sus intentos de explicar cómo se originó el primer proto­plasma. La evidencia de aquellos que quisie­ran explicar el origen de la vida sobre la base de la combinación accidental de elementos químicos apropiados no es más tangible de la de aquellas personas que ponen su fe en la Creación Divina como explicación del desarro­llo de la vida. Es obvio que los últimos mencionados, tienen tanta justificación para su creencia como los anteriores" (College Botany, N. York: Holt, Rinehart & Winston, 1961, p. 25). En otras palabras, el evolucionista no sabe cómo se originó la vida así que lo que sea que él acepta acerca del tema, lo hace sobre la base de fe.
La fe también se requiere para aceptar otra parte de la teoría de la evolución. Acerca de una explicación en cuanto al origen del caballo Dawn, GEORGE GAYLORD SIMPSON, di­ce: "En la naturaleza de las cosas esta hipótesis no puede ser categóricamente descartada, algunos científicos respetables la apoyan. Sin embargo, es tan improbable, que resulta ser inaceptable si no se puede hallar una hipótesis más posible para explicar los hechos" (The Great Animal Invasion. Natural History, abril de 1942. pág. 206). HUXLEY recono­ce que la probabilidad pro­ducir un caballo por casualidad son tremen­damente contrarias, y con todo él concluye extrictamente por fe: "Nadie apostaría sobre algo tan improba­ble; con todo HA sucedido. Ha sucedido, gra­cias al obrar de la selección natural y de las propiedades de la sustancia viviente que ha­cen inevitable la selección natural". (Evolution in Action, p. 42). Acerca del desarrollo de los vertebrados viniendo de los invertebra­dos, el famoso HOOTON declara en manera sumamente no científica: "Todo esto es com­plicado, oscuro y dudoso. De todas maneras, de los invertebrados evolucionó una tribu de animales que, a tuertas o a derechas, adquirieron columna vertebral". (Up fronthe Ape -Subiendo del mono-, N. York: Macmillan, 1936, p. 56).
Por supuesto no hay nada malo acerca de tener fe. La cuestión importante es, sin em­bargo, en qué está basada esa fe. Declaracio­nes como estas, no despliegan un contenido inteligente de la fe de los evolucionistas.

Otros datos.

Otras evidencias alegadas a fa­vor de la evolución son citadas a menudo y más frecuentemente en las presentaciones po­pulares antes que en revistas y libros de texto técnicos.

Son:

(1) Recapitulación embriónica (el embrión humano atraviesa varias etapas de evolución en la matriz)
(2) Pruebas serológicas (los precipitados de sangre muestran la relación de las especies)
(3) La capa­cidad de heredar características adquiridas.

Acerca del primer punto, C. H. WADDINGTON (University of Edimburg) dice: "El tipo de pensamiento analógico que con­duce a teorías en que el desarrollo está basa­lto sobre la recapitulación de etapas ances­trales o algo parecido, ya no parece convin­cente ni siquiera muy interesante a los biólo­gos" (Principies of Embriology, London: George Allen and Unwin, 1956, pág. 10).
Los resultados de exámenes sanguíneos con­ducidos por GEORGE NUTTALL de Cam­bridge en 1904, son tan inconclusivos que pueden ser considerados como que no prueban nada. Por cierto probaron que las hienas están relacionadas y más cerca a los gatos de lo que los gatos son entre ellos mismos; y que los cerdos están más cerca de los gatos que lo que están los perros!?
Hablando en forma general, la herenciabilidad de características adquiridas, conocidas como Lamarkismo, aunque aceptadas por Darwin, y usadas por él siempre cuando la selec­ción natural le fracasaba, no es considerada una buena explicación de la evolución por la mayoría de los biólogos. Aparece en presen­taciones populares de la evolución, tales co­mo las que uno ve con regularidad en el Reader's Digest, pero tiene contra ello la difi­cultad obvia de sugerir un medio concebible por el cual, por ejemplo, los bíceps del hom­bre pueden llegar a estar tan desarrollados que modifican los genes del cuerpo y transmiten músculos más grandes a sus hijos.

La necesidad del tiempo.

Cuando los evolucionistas son confrontados con estas faltas bá­sicas en la evidencia de su teoría, se retiran dentro de la explicación que todo esto suce­dió a través de largos períodos de tiempo y que, aunque no podemos observar estas tras­mutaciones hoy día, cualquier cosa podía ha­ber sucedido dando suficiente tiempo. HUXLEY, por ejemplo, explica: "Todas las cosas vivientes son igualmente viejas. Todas pueden trazar sus ancestros (ascendientes) por unos dos mil millones de años. Con ese tiempo tan largo al alcance, muy pocos ajustes pueden ser hechos fácilmente para sumar adaptacio­nes milagrosas; y los pequeños cambios de la frecuencia entre los genes entre una y otra generación, puede ser multiplicada para pro­ducir mejoramientos radicales y totalmente nuevas clases de criaturas". (Huxley, Evolution in Action, pg. 41). La persona promedio muy listamente aceptará una declaración co­mo esa porque sospecha que dos mil millones de años es período de tiempo suficiente para cubrir la posibilidad que algo suceda por ca­sualidad.
Esta idea puede ser puesta a la prueba ma­temática. ¿Se podría esperar que procesos na­turales operando de acuerdo a las leyes de la casualidad (¡y sin supernaturalismo!, no hay otra alternativa), produjeran lo que la evolución requiere dentro de dos o más billo­nes de años? BOLTON DAVID HEISER, cu­yo doctorado en Biología es de John Hopkins University, ha sacado una analogía muy da­ñosa en cuanto a este asunto de que la casua­lidad opera a través de largos períodos de tiempo y que muestra claramente la incredi­bilidad de lo que sustentan los evolucionistas (usado por permiso del autor, que es profesor en Biola College. La fórmula matemática bá­sica se halla en WILLIAM FELLER, "An Introduction to Probability Theory and its Implications, N. York: Wiley, 1950, I, 226). Lo basa en la declaración bien conocida y común­mente atribuida a THOMAS HUXLEY, de que: si a un millón de monos se les permitiera golpear las teclas de un millón de máquinas de escribir durante un millón de años, podrían por casualidad hacer una copia de una obra de Shakespeare. Luego, establece el experimento con ciertos controles para poder tratar los he­chos matemáticamente.
Por ejemplo: a los monos se les da máqui­nas de escribir con mayúsculas solamente, con siete marcas de puntuación y un espaciador. Escriben 24 horas por día a razón de doce letras y media por segundo. En lugar de una obra de Shakespeare, el experimento refiere de ellos que: ¡sólo escriban el primer versícu­lo del Génesis en Inglés! ¿Cuánto tiempo se espera que les llevaría a los monos hacer esto de acuerdo a las leyes de probabilidad operando dentro de estos pocos controles? El Dr. DAVID HEISER contesta en la siguiente for­ma:
"El tiempo que llevaría está muy allá de nuestra comprensión pero quizá una ilustra­ción puede ayudar. Piensen en una gran mon­taña de roca sólida. Una vez por año, un pá­jaro viene y frota el pico en la montaña, gas­tando una cantidad equivalente al grano más fino de arena (alrededor de 0025 de pulgada en diámetro). A este promedio de erosión, la montaña desaparecería muy lentamente, pero, cuando desaparezca del todo, los monos re­cién estarían entrando en calor y preparándose para trabajar”.
"Piense en una roca no del tamaño de una montaña sino más grande que toda la tierra; más grande que todo el sistema solar. Traten de pensar en una roca tan grande que si la tierra estuviese en el centro, su superficie tocaría a la estrella más cercana. Esta estrella está tan lejos que la luz que viene de ella lleva más de 4 años para llegar aquí viajando a 186.000 millas por segundo. Si un pájaro vi­niera una vez cada mil años y quitara una cantidad equivalente al grano más pequeño de arena, más de 400 de tales rocas de ese tamaño estarían gastadas antes que pudiera esperarse que nuestros “supercampeones” simios, estuvieran prontos para escribir a máquina. Si escribiendo a un espacio de un lado de una hoja, el papel usado para ese escrito haría una masa tan grande que sería como algo mo­viéndose a la velocidad de la luz llevaría igual tiempo para penetrarlo como todo el tiempo que los libros de Geología permiten desde que empezó el registro de los fósiles. Por su­puesto esto es completamente fantástico, pero es evidente que un millón de monos no escri­birían una obra de Shakespeare en un millón de años. De la misma manera creemos que la idea de la materia sin vida podría evolucionar por casualidad en la vida que conocemos so­bre la tierra en un billón o dos billones de años, lo cual es igualmente fantástico".

En resumen: parece claro que a la evolu­ción le faltan las mutaciones, nuevos genes, clase de selección, formas transicionales fosi­lizadas y tiempo requerido, para apoyar su teoría.

III. DATOS TOMADOS DE LA BIBLIA

Aunque no es el propósito de esta discusión investigar todas las posibilidades en la inter­pretación del relato de la Creación en el Gé­nesis, está en relación señalar algunas de sus características salientes.

El Dios de la Creación.

Por lo menos 17 ve­ces en el primer capítulo del Génesis, Dios es mencionado como el Creador. Aunque de­bería ser obvio es aún necesario señalar que esto no es alguna fuerza impersonal, sino el mismo Dios que el escritor de esa porción co­nocía. En otras palabras, se dice que el Creador es el Dios de Moisés, a quien Moisés ya conoció como un Dios Personal, Viviente y obrador de milagros. Aún, si uno mantiene la hipótesis documentaria, el Dios de esta Sección debe ser entendido como el mismo Dios que era conocido al supuesto escritor y editor de estos capítulos, y esto también excluye la idea de que Él sea un algo impersonal. Moi­sés no tendría ningún problema creyendo en una creación especial, conociendo por expe­riencia lo que sabía acerca de Dios.

El Proceso de la Creación.

Es popular decir hoy día, que la verdad importante en Génesis es QUIEN creó y no COMO creó. Pero, aun un vistazo precipitado a esta Sección, revelará rápidamente cuan suelta de lengua es esta declaración. Dios 'creó', 'hizo', 'dijo', 'llamó', 'puso', 'formó', 'tomó', 'plantó' y 'bendijo'. Su actividad creativa está descrita por esos ver­bos. Más aún, la sección da el orden de crea­ción "día" por "día". También registra la obra de Creación de Dios desde el comienzo (1:1) hasta el fin (2:1). En otras palabras, el rela­to del Génesis nos dice del COMO, del OR­DEN, y lo COMPLETO del proceso de Crea­ción.

El Tiempo de la Creación.

Hay ciertos he­chos relevantes en relación a esta cuestión del tiempo de la creación.

(1) El Plan de fijar fechas de Usher (1581 a 1656) que ob­viamente no es parte del texto Inspirado de la Escritura.

(2) La demarcación de la se­cuencia del tiempo en términos de "días", no comienza hasta capítulo 1 verso 3. Esto significa que versos 1 y 2, pueden cubrir un período interminablemente largo de tiempo.

Sea que uno considere el relato del v. 1 co­mo una creación original o una frase de sen­tencia de tópicos para el capítulo o lo que sea, no afecta este punto. Parecería también que la traducción del primer verbo en el v. 2 no afecta materialmente el punto tampoco.
Si uno traduce "estaba" y lo entiende como alguna clase de catástrofe entre vers. 1 y 2, ob­viamente hay un tiempo indeterminado entre los dos versículos. Si uno traduce el verbo "fue", esto simplemente declararía una condición de la tierra en aquel entonces, haya habido o no un cambio de condición entre el v. 1 y 2. Esto todavía incluiría un largo pe­ríodo de tiempo entre ambos. (Cualquiera de estas interpretaciones puede o no estar conec­tada con la expulsión de Satanás del cielo).

(3) Siete días son marcados en el relato, todos ellos por un número, y todos menos el séptimo, por la frase adicional: "tarde y ma­ñana". No obstante el tiempo que uno consi­dera que hayan durado estos días, es impor­tante notar que el hombre fue creado en el sexto día, y es por lo tanto de origen reciente en comparación con otros aspectos de la creación, incluyendo los animales.

(4) Los resultados del Diluvio y su efecto sobre el mundo como lo vemos hoy día, deben ser parte del cuadro total de la Creación para cualquiera.

(5) El acto de creación, casi se­guro incluiría la aparición de edad en el objeto creado. Los diamantes hechos en el laboratorio parecen tan viejos como los diaman­tes hallados en la tierra, pero en realidad son de origen reciente. El vino que Cristo creó en Cana (Juan 2) parecía que hubiera pasado por el largo proceso involucrado en la fabri­cación del vino, cuando en realidad tenía solo minutos de edad cuando se comenzó a usar.

El relato de la creación de Adam y Eva indica personas maduras que aparentemente ha­bían pasado los procesos normales de tiempo requeridos por crecimiento. Cuánto de cosas similares hizo Dios en otras áreas de su crea­ción, pero que lo hizo, en varias instancian, está claro.
Estos son algunos de los hechos más rele­vantes revelados en la Biblia acerca de la Creación. Y ya que la veracidad del relato es atestiguada en otras partes de la Biblia y por Cristo mismo, ya que la Biblia misma ha sido mostrada ser veraz en otras áreas (particular­mente en el asunto de las profecías cumpli­das), y ya que los datos de la teoría de la evolución son edificados sobre argumentos circulares, y están llenos de lapsos y requieren algo en la naturaleza de fe ciega para creer, la elección en cuanto a “¿qué aceptar acerca de la Creación?”, realmente no debería ser difícil decidir. Es por eso que nosotros creemos en la Creación.

“Oh Timoteo, guarda lo que se te ha enco­mendado, evitando las profanas pláticas de va­nas cosas, y los argumentos de la falsamente llamada ciencia; la cual profesando algunos, fueron descaminados acerca de la fe” (1° Tim. 6:20,21)

“Si fueren destruidos los fundamentos, ¿Qué ha de hacer el justo?” (Sal. 11:3)

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