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2do artículo: LA "EVOLUCIÓN": ¿CIENCIA O "CIENCIA - FICCIÓN"?

Por John D. Jess, Mensajes Radiales Trasmitidos por "LA CAPILLA DEL AIRE", de Wheaton, Illinois, U.S.A.
Traducidos con la especial autorización de su Director Ejecutivo. R. F. Wollenweber, para los lectores de "Adelphos".

 

Por definición, la evolución es "el fortuito proceso de la mutación casual y selección natural que hizo que la primera célula tuviera divergencia con todas las plantas y animales, incluso el hombre".

No es necesario recordar a mis oyentes que al presente hay una discusión en progreso entre los que creen en los primeros capítulos del Génesis y los que les descartan totalmente a favor de la teoría de la evolución. A mi entender, la Academia Natural de Ciencias, establecida hace más de 100 años atrás con el propósito de promover la ciencia y su uso para el bienestar ge­neral, ha informado oficialmente al sistema de escuelas públicas de California que es necio conceder que la teoría de la creación debe ser presentada junto con la de la evolución, "la evolución ya no es una teoría", asevera la Academia Nacional, "sino que es un hecho científicamente establecido".

Para nosotros que estamos familiarizados con ambas facetas del asunto, tragamos con dificultad al oír semejante declaración. La primera razón es porque creemos que hay un Dios, y que no hay nada que esté fuera de los límites de Su poder. La segunda razón es que la creencia en la evolución involucra a aquello que al presente no se está realizando, y para lo cual no hay evidencia positiva. Razón número tres, es que la evolución hace del hom­bre un mero animal avanzado, lo cual, llevado a su conclusión lógica, hace que la vida sea sin propósito, pues la evolución significa "accidente" y ¿dónde, en un suceso de la casualidad podrá encontrarse un propósito?

En una serie de artículos sobre La Tierra publicados en la revista Life, se declaró que "la evolución no garantiza nada. Es un proceso accidental y totalmente casual. El hecho que una ameba se desarrolla no garantiza el des­arrollo eventual del hombre. Bajo las condiciones cambiantes sobre la tierra, condiciones que fueron formadas por el proceso evolucionario, sucedió que sí, el hombre emergió".
Así que llegamos a la conclusión inescapable del evolucionista, que toda vida, de planta y animal, no fue más que accidente elemental. Esta noción destruye de un solo golpe toda idea de propósito, fuese Divino o no, en que podamos contar para nuestra existencia. Como consecuencia -si esto fuese verdad- cualquier pensamiento acerca de Dios, de Cristo o de Creación Divina, no tiene sentido alguno.

Sir Julián Huxley, de Inglaterra, uno de los proponentes más renombra­dos de la teoría darwiniana de la evolución, admite en su libro. "Evolution in Action", que la producción de un caballo de un antepasado microscópico sim­ple es un suceso no muy probable. Con todo, ha sucedido. "Sólo la casualidad, declara solemnemente, implementada por la selección natural y provisto de mucho tiempo, "puede fácilmente sumar hasta adaptaciones milagrosas... y clases de criaturas totalmente nuevas".

Pero Huxley está lejos de estar solo en su fe incrédula. Virtualmente todo científico y educador considera el relato de Moisés sobre la creación como ficticio, así es que se juntan con Darwin en sus improbabilidades. En la mayoría de los libros de texto de las escuelas públicas, se asevera dogmáticamente que la separación entre la materia mineral y la materiaviviente fue unida por una fortuita multitud de átomos "en la cálida exudación de un lago sombreado en la costa de un mar primordial”. Allí una sola célula viviente se formó. ¿Cómo llegó eventualmente a ser centenares de especies de cosas vivientes es "explicado", ingeniosamente, por la división de la célula. Los medios de locomoción en el mar y sobre la tierra desarrollaron automáticamente por "reacción nerviosa".

La evolución dice que la vida comenzó en el agua. (Así también lo dice la Biblia, decimos de paso). Pero la evolución hace que la vida marina co­mience y desarrolle accidentalmente desde animales como lagartos a pájaros, de mamíferos hasta el hombre. ¿Qué se necesita para realizar estas mutacio­nes drásticas? Bien, primero requiere una imaginación muy fértil, luego mi­llones o billones de años. Sin uno o el otro o ambos de estos puntos, el evo­lucionista está lisio, pues necesita especialmente del tiempo, y una abundan­cia de tiempo, sin el cual no tiene su creador personal.

Para demostrar lo que quiero decir por una imaginación fértil, veamos lo que un expresidente de la Sociedad Geológica de Londres. H. H. Swinnerton, dice en su libro, "The Earth Beneath us" ("La tierra debajo de nosotros"):
"Allá lejos en el tiempo de la arenisca roja, un evento portentoso sucedió sin ruido ni alboroto. Algunos vertebrados acuáticos descubrieron que se po­dían mover sobre la tierra y no sólo vivir, sino hacerse de un modo de vivir. Los primeros pioneros, peces de cuerpos redondos y torpes con pulmones, se deslizaron con movimientos de natación a través del barro entre charco y charco, impulsándose principalmente por sus colas como si aún estuvieran en el agua; y para no volver a caer en el agua metían sus gruesas aletas en el barro. El eje carnoso de sus aletas, usando a su esqueleto de apoyo, proveyó lo que necesitaba. Los músculos y el esqueleto de apoyo tomaron fuerza, la punta se ensanchó, dando cada vez mejor base sobre el suelo y se volvió pie".

¡Así es como llegamos a tener un pez caminante! ¡Todo en el nombre de la respetable ciencia!
¿Dónde están todos los eslabones fósiles entre estas especies imaginarias?
¡No existen!

En verdad, cuando se le exige a uno que postula por la evolución, que dé una explicación, admitirá que la idea de una transmutación entre las aletas y las patas es puramente teórica. Pero para mantenerse férreamente a su sueño evolucionario dice que las criaturas marinas se volvieron terrestres...

De igual interés en la teoría evolucionaría es saber cómo los insectos, luego los dinosauros, aprendieron a volar. En la misma publicación: "The Earth Beneath us" el autor Swinnerton hace un lindo paquete de ese pro­blema, en la siguiente manera:
"Los fósiles de insectos más primitivos son aliados cercanos de la cuca­racha, la mosca de mayo y el caballito del diablo. Algunos de estos después aprendieron a volar, trepando unas plantas como árboles en miniatura. De allí se lanzaron al aire y planearon por medio de alas fijas que proyectaban de los costados de sus cuerpos. Al principio, las alas eran fijas y fun­cionaban sólo como planeadores; más tarde llegaron a moverse y se hicieron verdaderas alas

Swinnerton sigue "explicando" cómo los reptiles se convirtieron en aves. Dice que ellos, como los insectos, "resolvieron el problema adoptando el prin­cipio del paracaífas”. Con todo, tiene que admitir que no se han hallado fósiles para apoyar esta teoría.

En el libro "Guide to Earth History", Richard Carrington se ocupa de la fantasía de cómo los miembros de la familia del lagarto, inclusive el dinosaurio, aprendieron a volar y se convirtieron en aves:
"La membrana del ala puede haber desarrollado en esta criatura como una ayuda primitiva para saltar o planear de rama a rama, o como paracaídas desde los árboles altos hasta las plantas abajo". Explica esto, porque los rep­tiles son tanto más pesados que los insectos, "que tenían que hacer sus ensayos de saltos dentro de la maleza para frenar su caída". Se presume que después de millones y millones de intentos, aprendieron a sobrevivir estas caídas, al desarrollar alas que los llevarían en vuelo de árbol en árbol. (!)

Una cosa es segura. ¡Tendrá que acreditar a estas criaturas que desarro­llaron alas, una persistencia admirable! Se estima que les llevó 20 millones de años para hacer la transición. "Nadie sabe cuándo, cómo o por qué los reptiles desarrollaron alas", escribe A. H. Verrill en "Strange Story of the Earth" (un título apropiado). "Hay una vasta brecha, -una brecha de millones de años- en la historia de la tierra de aquel entonces, y faltan mu­chas páginas de su historia".

Ahora, la pregunta que quiero hacer en este punto, y que dejaré que ustedes contesten, es:

¿Estamos hablando de la Ciencia cuando nos referimos a estas cosas que han sido impresas en el nombre de la Ciencia, o estamos hablando de la ciencia-ficción?
¿No es extraño que los biólogos, antropólogos y los geólogos, -hombres supuestamente educados e informados- promulguen en el nombre de la ciencia (que por definición, es el conocimiento de los hechos, fenómenos y leyes, obtenidos yverificados por la observación exacta, experimento organizado y pensamiento ordenado) tales teorías fantásticas?
¿Cómo pueden los hombres brillantes aceptar y perpetuar en el nombre de la Ciencia, la idea que en un  tiempo los reptiles ponían huevos de aves?
¡Esto es una vergüenza para la ciencia y una reversión de todo  lo que la ciencia ha luchado para establecer durarle muchos años!

El aspecto más incongruente del asunto, es que los mismos científicos confiesan que especulan. Sólo puede haber una explicación, -una aversión terca e irracional del concepto de un Dios que creó por orden "fiat". En su resistencia a tal idea, presentan puntos de vista que resultan ser mucho más difíciles creer que el mismo Génesis. Bien fue declarado por el Dr. Loren Eisley, antropólogo de la Universidad de Pennsylvania, quien escribió lo si­guiente, en junio de 1956, en el "Scientific American": "Hasta que se acumulen más estudios, cada estudiante quizá pondrá un poco de su propio tempera­mento en el registro". ¡Esa fue la declaración más evasiva del siglo!

A menudo se pregunta ¿por qué no podemos creer en la evolución y en la Biblia a la vez? ¿No podría Dios haber usado el proceso evolucionario para hacer existir el universo y la vida? NO. La "evolución Teísta" culpa, a nuestro Dios de amor, misericordia, orden, sabiduría y propósito, de ser directamente responsable, durante billones de años de historia accidental y sin propósito, de períodos incalculables de tiempo de fortuitas callejuelas sin salidas, de numerosos desajustes y extinciones, de una lucha cruel por la exis­tencia, con la preservación de los fuertes y la extinción de los débiles. ¡No podemos aceptar tal cosa y a la vez Dios de la Biblia! La Biblia dice que la muerte no vino hasta después del pecado de Adán. La “evolución Teísta" dice que billones de criaturas murieron antes de Adán.

Jesús sanó a los enfermos, enseñó que se debe compartir sin egoísmos, dar la otra mejilla, etc. Todo ello se opone diametralmente a la teoría de la evolución que dice que por millones ymillones de años los menos capaces fueron destruidos, la agresividad fue premiada y sólo los fuertes fueron preservados.

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