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4to artículo: EL REGISTRO DE LOS FÓSILES NIEGA A LA EVOLUCIÓN

Por John D. Jess, Mensaje Radial Trasmitido por "LA CAPILLA DEL AIRE", de Wheaton, Illinois, U.S.A.
Traducido con la especial autorización de su Director Ejecutivo. R. F. Wollenweber, para los lectores de "Adelphos".

 

Los evolucionistas dependen mucho de la ciencia de la Paleontología (el estudio de organismos fósiles) para apoyar su teoría. A menudo se dice: “como al descuido y sin ninguna base” que el registro de la evolución puede ser leído en los estratos sedimentarios, que, dicen los geólogos, fueron extendidos durante un período de centenares de millones de años.
Hoy les mostraré, sin embargo, que tal afirmación no es verdad. Si como insisten los evolucionistas, la vida comenzó en un período incalculable de tiempo con un organismo de una sola célula que se dividió y lentamente, durante las edades, evolucionó hasta alcanzar formas de vida más elevada y compleja, de­bería haber entonces un registro de fósiles de esos millones de trasmutaciones. Pero el hecho simple e innegable es que toda la evidencia señala que la vida en este planeta comenzó repentinamente. No hay eslabones entre especies, como tendría que haber si la teoría de la evolución fuese considerada científicamente válida.
Los evolucionistas nos dicen que un período de unos 60 a 80 millones de años pasaron antes que los mamíferos cuadrúpedos se transformaran en hominoides (animales parecidos al hombre) y luego en hombres. Sin embargo la inves­tigación prolongada y exhaustiva para tal evidencia ha producido un cero bien grande. El antropólogo Loren E. Eisely, de la Universidad de Pennsylvania, es­cribe: "Hay grandes brechas, de millones de años de los cuales no poseemos un solo esqueleto completo de mono ni mucho menos de un precursor humano". Su observación es correcta. Lo único que hasta la fecha ha sido descubierto es un montón de huesos rotos y muelas con una total falta de pruebas de que tales restos hayan pertenecido todos al mismo esqueleto.
En "The Strange Story of our Earth" (La Extraña historia de nuestra Tie­rra), A. H. Verril, escribe: "Si hay fósiles de reptiles en sus etapas transicionales de animales terrenos a animales voladores, están enterrados bajo miles de metros de roca árida. Nadie encontró jamás fósiles de reptiles que mostrasen características o peculiaridades anatómicas que indicasen desarrollo de alas".
Pero: ¿Se les dicen tales cosas a sus hijos en el aula o en libros de texto? ¡NO! En cambio, se les dice que la ciencia ha "comprobado" que los repti­les desarrollaron plumas en lugar de escamas y aprendieron a volar después de intentos repetidos a través de millones de años (!)
Pero los paleontólogos evolucionistas son una cría intrépida. Se sabe que cambian sus teorías para encuadrarlas con lo que quieren creer. Cuando les falta evidencia de cambio gradual entre las especies, sallan a una teoría más conveniente conocida como macro-evolución, afirmando que la evolución o tras­mutación se realizó a grandes saltos. La macro-evolución capacita a los evolucio­nistas a pasar por alto las brechas molestas, los eslabones inexistentes de las pretendidas formas transicionales. Dicen que los rayos cósmicos operaron sobre los genes y cromosomas produciendo macro mutaciones. De esta manera, la trompa del elefante, por ejemplo, podía surgir en una sola generación como un órgano completamente desarrollado.
Sir Julián Huxley, un ardiente evolucionista, descendiente de una larga línea de evolucionistas, se dio cuenta que se identificaba con una causa perdida cuando se hizo eco de la teoría de Darwin que sostenía los pasos transicionales graduales. Así es que entonces cambió afirmando la macro evolución. En su trabajo sobre "Evolución en Acción'', dice: "La evolución se realiza en una serie de pasos", con lo cual quiso decir que una especie se volvía repentinamente en otra especie totalmente diferente no por una serie de pequeños pasos sino por medio de un solo gran salto. Por supuesto que esto, como también la micro evolución, pueden ser demostrados y probados como inciertos. Pero los evolucionistas cuando se ven desesperados llegan a un arreglo con cualquier cosa, al encontrarse en un calle­jón sin salida.
La falta de un registro de fósiles para apoyar la evolución molestó mucho a Darwin, como lo admite en su libro "El Origen de las Especies"'. Estaba preo­cupado porque “especies pertenecientes a varias de las divisiones principales del reino animal aparecían repentinamente en las rocas más profundas que se co­nocían. La dificultad de asignar una buena razón por la falta de vastas pilas de estratos llenos de fósiles por debajo del sistema Cambriano es muy grande". Eso lo escribió Darwin hace más de cien años atrás. Sus discípulos, pues, dispu­sieron de más de un siglo para implementar y afirmar su teoría evolucionista, pero hasta el día de hoy no han podido aclarar el problema que molestó a Dar­win. Hace unos 10 años atrás, el "New York Times" en un artículo aparecido en Octubre de 1964 y que apoyaba la evolución, confesó: “El principal rompecabezas en el registro de la historia de la vida sobre la tierra, es la repentina desaparición, hace unos 600 millones de años atrás, de la división más básica de los reinos vegetal y animal. Virtualmente no hay registro de cómo se realizaron esas divisiones. De esta manera la primera parte de la historia falta en su tota­lidad”. PUES CLARO QUE FALTA. Y LA RAZÓN ES MUY SIMPLE: ¡FALTA PORQUE NUNA ACAECIÓ!
El mismo reconocimiento se hizo en la revista "Life" bajo el título "The World we live in" ( El mundo en que vivimos); también en el "Scientific Ame­rican" (El Americano Científico) de Agosto de 1964 y en la revista "Natural History" (Historia Natural) en su número de Octubre, 1959. La razón es obvia: los estratos más antiguos de rocas carecen sencillamente de evidencia alguna de la clase de vida primitiva que el evolucionista necesita para apoyar su teoría.
Pero la falta de tales fósiles, cuadra perfectamente con el relato Bíblico de la Creación. Moisés nos dice que Dios creó la vegetación, la vida marina, la vida animal y finalmente al hombre; todo ello dentro de un período de una semana. En cuanto a los así llamados períodos geológicos o columnas, pueden haber sido extendidos por el cataclismo del diluvio en tiempos de Noé hace solamente po­cos miles de años.
Por mi parte no retengo animosidad contra aquellos que desean rechazar el relato de Génesis sobre la Creación, si les molesta intelectualmente; pero objeto y esto en forma terminante, que alguien diga que los hallazgos fósiles o lo que sea, "prueban" la evolución. Decir que existe "evidencia científica" para la evo­lución por medio del registro de los fósiles, no es otra cosa que un engaño. Lo que tales alegaciones realmente demuestran es que hay ciertas cosas que la gente no quiere creer y que están preparadas para estirar sus imaginaciones a extremos increíbles, en sus intentos de pretender probar que la Biblia es falsa.
Si la evolución fuese una realidad, tendría que aparecer la evidencia de los fósiles pertenecientes a las etapas "intermediarias". Deberían existir restos fósiles de lagartos en proceso de trocarse en aves y de aves en proceso de cambiarse en mamíferos y de monos en proceso de convertirse en hombres. Pero los regis­tros de los fósiles no apoyan en absoluto tales pretensiones. Falta toda la cadena evolucionaria. Y los restos fósiles de hojas, caracoles, peces y mamíferos existen­tes SON IDÉNTICOS A LOS QUE AHORA EXISTEN.
El biólogo Sir William Bateson, hablando ante la "Asociación Americana para el Avance de la Ciencia", en Toronto, el 28 de Diciembre de 1921, dijo: "Es imposible que los científicos ya estén de acuerdo con la teoría de Darwin sobre el origen de las especies. Ninguna explicación en absoluto, ninguna evi­dencia ha sido descubierta, después de cuarenta años, y que verifique su génesis de las especies.
Richard Goldsmidt escribió en su "Material Basis of Evolution" (Base Ma­terial de la Evolución): La teoría de Darwin acerca de la selección natural, nun­ca ha sido probada".
El profesor Fleischmann, zoólogo, de Erlangen, Alemania Occidental, escri­bió lo siguiente: "La teoría Darwiniana del descenso no tiene un solo hecho que la confirme en el reino de la naturaleza. No ha sido el resultado de investigación científica, sino puramente un producto de la imaginación".
Pero, se dirá: “debe haber algo de cierto en la evolución pues si no, ¿por qué tantas personas altamente educadas creen en ella?”
En respuesta, quisiera señalar que los principios científicos no son estable­cidos por votos de mayoría. Recuérdese también que existen miles de científicos hoy día que, o rechazan por completo la teoría de la evolución o la consideran un asunto no decidido.
Otra razón para la amplia aceptación de la teoría de la evolución, es que muchos científicos sólo están superficialmente versados con la evidencia cientí­fica actual en cuanto al asunto y, como muchos laicos, se hallan intimidados por el mito de que "todos los científicos aceptan la evolución". La verdad sin barniz es que ninguna teoría de orígenes por mucho que pueda involucrar, es "científica". Toda la ciencia se basa en conocimiento verificado por observación o experimento organizado. Y es obvio entonces que solo Dios "observó" lo que El obró y, como ello no puede ser reproducido, no puede entonces considerarse teoría alguna dentro del método estrictamente científico. Por eso nosotros los creacionistas creemos que la evidencia está de nuestra parte, pero ni aun así nin­gún creacionista ha alegado jamás que su creencia es de carácter científico. Lo que sí afirmamos es que la ciencia prueba que la evolución no está basada en evidencia científica.
La evolución presupone desarrollo, pero lo que observamos hoy día es de­cadencia. Ninguna persona erudita negará que la ley básica del universo hoy día no es el desarrollo de la evolución "hacia arriba", sino que es una de-volución "hacia abajo".
En años recientes la prensa ha impreso numerosos artículos acerca de los esfuerzos del ya fallecido Dr. L. S. B. Leakey para encontrar el "eslabón" ine­xistente, entre el hombre y sus "antepasados animales". El Dr. Leakey creyó haberlo logrado con su celebrado hallazgo del hombre "Zinjanthropo", fijándole 1.750.000 años de edad a un manojo de huesos. A nuestro juicio, el Dr. Leakey y su esposa fueron por demás presumidos al denominar su hallazgo como "Zin-janthropus" pues tal palabra asume que se trataba de restos de un hombre primitivo, ya que "anthropus" es el término Griego para "hombre'. Pero la eviden­cia se inclina a creer que la parte de la calavera y los huesos son de un mono, pues tenía una protuberancia orbital por encima de los ojos, una frente típica de mono, un pequeño cerebro del tamaño de mono y grandes muelas, demasiado grandes para pertenecer a una calavera humana. Aún el Almanaque del "Reader's Digest" (1972) que es fuertemente evolucionista, dice del supuesto eslabón evolucionista de Leakey: "Se cree que el hallazgo del Dr. Leakey puede ser trazado al de un mono, porque le faltan los rastros del mecanismo dental que sabemos caracteriza a los animales relacionados con el linaje de los hombres”.
Así es claramente evidente que el registro de los fósiles no apoya en absoluto la teoría de la evolución. Recomendamos al amable lector que se acuerde de esto, cuando vea todas esas maquetas del “hombre primitivo en sus libros de ciencia, o en museos”. Se trata simplemente de productos de la imaginación humana. Todo lo que al presente es conocido acerca de los orígenes, complementan el relato de comienzos tal como lo hallamos en el Génesis escrito por Moisés. Y todo cuanto afirman los evolucionistas acerca de "orígenes" es pura­mente teórico y carece de evidencia científica.


¿Has tú entrado en los tesoros de la nieve, o has visto los tesoros del granizo, lo cual tengo yo reservado para el tiempo de angustia, para el día de la guerra y de la batalla?                             (Job 38:22,23)

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