CORRIENTES TEOLOGICAS QUE NIEGAN LA INSPIRACION VERBAL Y PLENARIA DE LAS ESCRITURAS

 

por Armando Di Pardo

Publicado originalmente en: "Tratado de Introducción Bíblica. La Santa Biblia: Palabra inspirada de Dios". © Copyright Escuela Bíblica de Teología ALERTA. Buenos Aires, 1977.

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CONTENIDO

La hipótesis de inspiración "parcial" y/o "relativa". Definición

Sus orígenes.

Sus fundamentos.

Sus errores.

          1) Abuso de la crítica textual o baja y de la crítica literaria o alta

          2) Abuso de la crítica moral

Variantes de la hipótesis de inspiración parcial-relativa

          A. Variante "ético-sentimental"

          B. Variante "dialéctico-existencial"

              1) La corriente "Cristocéntrica"

              2) La corriente de la "demitologización"

 

Corrientes teológicas que se basan en la falsa hipótesis de inspiración parcial-relativa

Neoortodoxia

Demitologización

Mandato cultural

Positivismo

Ateísmo cristiano o muerte de Dios

Nueva moralidad o ética de la situación

Teología de la secularización

Teología de la esperanza

Teología de la liberación

Teología de "proceso"

 

 

 

    1. La hipótesis de inspiración "parcial" y/o "relativa". Definición
    2. La hipótesis de inspiración "parcial" y/o "relativa" es la suposición de que la Biblia, considerada como un todo, NO ES la Palabra totalmente Inspirada de Dios, sino que ES palabra humana. No obstante, CONTIENE palabra de Dios en distintas maneras: sea que la contenga solamente "en algunas" partes (de allí lo de inspiración parcial), sea que la verdad de esa palabra de Dios esté contenida sólo "en parte" (de allí lo de inspiración relativa).

      Puesto en otras palabras: en la Biblia existen textos que pueden ser tenidos como inspirados, pero también existen otros que no lo son (inspiración parcial y no total); y hay pasajes inspirados que contienen alguna verdad, pero no la dan en forma total o absoluta sino relativamente o solamente en parte (inspiración relativa).

      Lógicamente, tal hipótesis exige que se someta a la Biblia a un riguroso y minucioso examen crítico que permita establecer o más bien "seleccionar" cuántos y cuáles sean sus textos "inspirados" y cuántos no y, además, cuál sea la "proporción" en que la verdad está contenida en las partes "seleccionadas". Y va sin decir que allí están los "teólogos" y "críticos" modernistas, repartiendo tarjetas de "eruditos" y abriendo consultas esperando que les preguntemos cuáles son esas partes y cuándo podemos creer de lo que esas partes dicen. Y va también sin decir la mar de abusos o excesos o extremos a que llegan tales togados; las mutilaciones de porciones, pasajes, páginas enteras y hasta libros de la Biblia; las tergiversaciones y negaciones de la veracidad histórica, revelacional y doctrinal, de la Santa Palabra de Dios.

      Conocida es la anécdota que trata de un ministro modernista que fue a visitar a uno de sus feligreses, enfermo ya por un tiempo. Al llegar a la casa, vio la Biblia sobre la mesa de noche y la tomó para leerle al enfermo algún pasaje consolador. Pero grande fue su sorpresa al constatar estaba llena de tachas y cortes, faltándole páginas enteras y hasta algunos libros proféticos. "¿Qué ha hecho usted con su Biblia?", preguntó algo alarmado pensando que quizás el pobre enfermo estaría a punto de perder su lucidez mental. Pero el mismo, mirándole fijamente a los ojos, le respondió: "Esa no es mi Biblia: esa es la verdad" replicó el enfermo, que agregó inmediatamente: "Cada vez que usted predicaba diciéndonos que tal o cual pasaje bíblico no era inspirado por Dios y que estaba lleno de mitos, o que tal o cual libro profético no era otra cosa que pura ficción literaria, pues yo cortaba el trozo de página o tachaba o arrancaba lo que usted calificaba como cuento o pura leyenda o folklore de pueblos primitivos e incultos. Y creo que de haber continuado asistiendo a sus reuniones, a esta altura no me hubieran quedado sino las tapas". Y aunque todo esto parezca pura exageración, quizá no lo sea tanto; y hasta debiéramos acotar que aquel buen hermano tenía razón y que aun en las tapas se hubiera visto precisado a usar la tijera para cortar de ellas el calificativo de "Santa" que acompaña al sustantivo Biblia, dejando así "Biblia", a secas, tan a secas como seca la erudición modernista que a tal secamiento conduce.

       

    3. Sus orígenes.
    4. La hipótesis de inspiración "parcial" y/o "relativa" (que para mayor brevedad llamaremos "parcial-relativa"), es de origen y sustentación complejos. Primariamente, fue incubada por el racionalismo propio de la así llamada "edad de la crítica" y del cual se nutrió la teología liberal que le dio a luz. En segundo lugar, tomó consistencia por las dudas que la teoría de la evolución sembró sobre los relatos bíblicos del Génesis y otras escrituras. Y en tercer término, se completó con algunos postulados de la filosofía "dialéctica", del "existencialismo" y del "relativismo".

      Antes de entrar de lleno en la consideración de tal proceso, conviene decir que los teólogos y críticos radicales, liberales o modernistas, siempre se han caracterizado por su actitud de rompimiento con las verdades de las "sendas antiguas" (comparar la cita en Jer. 6: 16) y, a semejanza de los atenienses de tiempos de Pablo, sólo desean ocuparse "o en decir o en oír alguna cosa nueva" (Hch. 17: 21). Encaminados por inclinación vocacional en tales direcciones, los modernistas han negado prácticamente cada una de las doctrinas fundamentales de la fe bíblica e histórica, pues incorporaron a la reflexión teológica y a la crítica escritural, los principios del ya citado "racionalismo", que, como es sabido, enfatiza la autosuficiencia de la "razón" humana en su estado meramente natural y se opone a toda realidad o a toda acción o revelación "sobrenatural".

      Encarnando tales premisas racionalistas, los modernistas comenzaron negando los milagros registrados en las Sagradas Escrituras y siguieron negando la preexistencia y deidad personal de Jesucristo, el nacimiento virginal, la expiación de los pecados en el sacrificio de la cruz y en la preciosa sangre del Cordero de Dios, su resurrección corporal, su segunda venida corporal, etc. No son, pues, cristianos. Pero pasan como si lo fueran y aun ejercen influencia en círculos realmente cristianos y participan en campañas masivas de evangelización y llevan las almas a sus templos para alimentarlas luego con sus errores. ¿Por qué así? Por muchísimas razones, sin duda. Y entre tantas, las sutiles maneras que tienen de presentar sus ideas usando terminología fundamental y reservándose su explicación racionalista. Y engañan a hermanos sinceros y de buena fe, pero desprevenidos, o que ignoran los hechos.

      La hipótesis "parcial-relativa" ha servido de mucho a los modernistas para ayudarles a pasar por aceptables en algunos círculos de creyentes. Porque ellos pueden usar fraseología como la siguiente: "Nosotros creemos en la Inspiración de la Biblia" y, con tal declaración, pueden dejar satisfechos a muchos. Pero si se tuviera la prudencia de ahondar un poco en lo que ellos quieren decir por tal "inspiración", pronto se descubriría que sólo la aceptan parcial y relativamente, con la real significación de que en la Biblia hay partes inspiradas y partes no inspiradas y que por lo tanto está viciada por muchos errores. ¿Engaño? Por supuesto que sí. Pero hay que tomarse la molestia de indagar y de discernir el engaño. Y estar apercibidos o al tanto de lo que realmente creen, enseñan y escriben los tales, único modo de conocerles. Si tal hacemos, pronto descubriremos que también hablan así:

      "El ministro bien equilibrado no se encontrará perturbado indebidamente por las contradicciones e inconsistencias de las Sagradas Escrituras..." (Comentario Bíblico de Abingdon, p. 40).

      La cita hecha es un ejemplo típico de lo que está involucrado en la hipótesis de inspiración "parcial-relativa", pues como en tal hipótesis la Biblia no es totalmente inspirada, luego tiene "contradicciones e inconsistencias", como dicen sus propugnadores. Por supuesto que tales "contradicciones e inconsistencias" en el único lugar donde deben buscarse es en la cabeza de los modernistas, desequilibrada por el trauma racionalista. Sin embargo, el tal modernista se cree con una mente tan balanceada que se atreve a decirnos que si nosotros estamos "bien equilibrados" no nos vamos a perturbar por los fallos de la Biblia (!). Esto y decir que los que creemos que la Biblia es inerrable somos unos desequilibrados es la misma cosa.

      Además del racionalismo, los modernistas asimilaron los postulados de la teoría de la "evolución", cuyo impacto en sus mentes tuvo también parte importante en el origen de la hipótesis de inspiración "parcial-relativa", pues allí vieron que como la Biblia no concordaba con la evolución, entonces había que corregir a la Biblia. Y la emprendieron contra el Génesis con saña feroz. Mito, leyenda, folklore, cuento religioso, saga, cualquier cosa menos registro histórico veraz revelado por Dios. Se planteó una de las tan famosas "contradicciones" entre la Biblia y la Ciencia. Y los modernistas creyeron hacerle un gran favor a la Biblia soslayando el conflicto con eso de que la inspiración y no inspiración, o sea la hipótesis funcionaba para dejar tranquilos a los combatientes. Y en cuanto a las partes bíblicas en entredicho, pues están equivocadas y se acabó la discusión. Oigamos a uno de estos modernistas expresarlo claramente:

      "Por cierto ocurre que en la Biblia, en tal o cual de sus páginas antiguas o en las doctrinas de ciertos autores de sus libros, se encuentra en conflicto con las informaciones que nos dan, sobre el hombre, nuestras ciencias modernas. No lo discutiremos y, por otra parte, ese hecho no nos incomoda en absoluto. Reconocemos de buen grado que los enunciados de la ciencia no deben ser descuidados por la teología para corregir sus errores. No pensamos reprochar a los autores bíblicos, que escribieron sus libros en época pre-científica, el que hayan ignorado lo que nosotros sabemos hoy día... el ensayo de explicación que daban del origen del mal en la humanidad como resultado de la desobediencia de una primera pareja, son ejemplos de creencias que no pueden ya reclamar nuestra sumisión intelectual." (P. Vergara, en "La Biblia, libro del hombre" en "Qué es la Biblia", p. 95).

      Ciertamente que al tal erudito, para taparle la boca (compárese respecto a esta expresión un tanto pesada, la escritura de Tito 1: 9-11), le salen al paso nada menos que el Señor Jesucristo y el apóstol Pablo:

      "¿No habéis leído que el que los hizo al principio, macho y hembra los hizo y dijo: Por tanto el hombre dejará padre y madre y se unirá a su mujer y serán dos en una carne?" (Mt. 19: 4, 5).

      Estas palabras del Señor que refieren con aprobación a lo que está escrito en el libro de Génesis cp. 2 v. 21 a 24, confirman entonces cuanto está relacionado con el hombre y la mujer, según las Escrituras que cuentan su creación directamente por Dios, su sexo y su constitución como matrimonio. Que el señor Vergara se las arregle ahora con el Señor Jesús (que también vivió en una época pre-científica) y al que ahora el señor Vergara tendría que decirle que corrija su doctrina porque la evolución enseña otra cosa... Veamos ahora lo que el apóstol Pablo tiene que decir sobre estos asuntos:

      "Mas temo que como la serpiente engañó a Eva con su astucia..." (2ª Cor. 11: 3).

      "Porque Adam fue formado el primero, después Eva; y Adam no fue engañado, sino la mujer, siendo seducida, vino a ser envuelta en transgresión" (1 Ti. 2: 13, 14)

      "De consiguiente vino la reconciliación por uno, así como el pecado entró en el mundo por un hombre y por el pecado la muerte y la muerte pasó así a todos los hombres, pues que todos pecaron." (Ro. 5: 12).

      Ya lo veo al señor Vergara asiéndose desesperadamente de la hipótesis de inspiración "parcial-relativa", para decirnos: "Ah, esos pasajes de los escritos de Pablo, pues como no concuerdan con los datos que nos suministran las ciencias... pertenecen a los lugares "no inspirados" de las Escrituras o, en el mejor de los casos, representan las ideas erróneas de tiempos precientíficos registradas para nuestra mera información dentro de un concepto de inspiración parcial-relativa".

      Hermano lector: ¿Se da usted cuenta ahora que cualquier cosa que les moleste a esos modernistas, pues le aplican su "inspiración parcial" y todos en paz? ¿Y se da cuenta también de la anécdota que relatamos acerca del ministro modernista y la Biblia del feligrés enfermo no era tan disparatada después de todo? Pues si tiene razón el señor Vergara entonces nuestras Biblias necesitan una poda tremenda.

      Y no sólo necesitan la poda en cuanto atañe a la doctrina de la creación y de la caída de Adam y Eva y la entrada del pecado en el mundo. También la necesitan en cuanto a la salvación, pues da la terrible coincidencia, que todo el hecho redentor se basa en la obra de Cristo para solucionar en primer término lo ocurrido en el Edén, cosa que no ocurrió para nada si el Génesis es puro cuento. Pues Pablo insiste:

      "De consiguiente, vino la reconciliación por uno, así como el pecado entró en el mundo por un hombre y por el pecado la muerte y la muerte así pasó a todos los hombres, pues que todos pecaron." (Ro. 5: 12).

      "...reinó la muerte desde Adam hasta Moisés aun en los que no pecaron a la manera de la rebelión de Adam; el cual es figura del que había de venir. Mas no como el delito tal fue el don: porque si por el delito de aquel uno murieron los muchos, mucho más abundó la gracia de Dios a los muchos y el don por la gracia de un hombre, Jesucristo." (Ro. 5: 14, 15).

      O son ciertas, o sea inspiradas, estas escrituras, o nos quedamos no sólo sin Adam caído, sino también sin el Cristo redentor, pues las Escrituras nos hacen representados "federalmente" para muerte en Adam y para vida en Cristo. Grave, pues, de toda gravedad la hipótesis de inspiración "parcial" y no total, "relativa" y no absoluta.

      El lector atento ya se habrá apercibido por qué el modernismo niega tan insensiblemente tantas doctrinas fundamentales. La razón es que aplica a los pasajes bíblicos que las definen, su concepto de inspiración parcial-relativa y entonces: o descarta totalmente esos pasajes como no inspirados y en consecuencia rechaza totalmente la doctrina que ellos declaran, o, si les concede el beneficio de una relativa parte de inspiración, con ello reduce al mínimo la importancia del pasaje y de la doctrina, que se diluye en su concepto como si fuera una mera sugerencia que sirve como materia de reflexión para extraer alguna posible enseñanza que no exige para nada ser aceptada como artículo de fe.

      El racionalismo-religioso se sintió reforzado con la teoría de la evolución. Y "razonó" así: si la ciencia muestra tales errores en la Biblia que de creerlos seríamos tomados por incultos, es necesario que de una vez por todas nos liberemos del yugo de sumisión total que ha mantenido a los teólogos del pasado atados a la letra de los escritos bíblicos. Ahora tenemos "libertad" no sólo espiritual sino también intelectual. Por eso, el señor Vergara termina su frase calificando al contenido del Génesis, etc., como de: "...creencias que no pueden ya reclamar nuestra sumisión intelectual." R. Niebuhr, teólogo neomodernista, lo expresó tan claramente como esto:

      "La historia de la caída del hombre en el jardín del Edén, es un mito primitivo que la teología moderna ha desaprobado con satisfacción por temor a que la cultura moderna pudiera considerar la creencia en ella como una prueba del oscurantismo de la religión." (Citado en "El predicador Evangélico", octubre-diciembre 1950, p. 181)

      Allí sale a la luz el neto racionalismo aplicado a la religión por modernistas de antes y de ahora. La autoridad ya no es más la Escritura, es la "razón" humana que se inclina y somete no a la Biblia sino a las seudo-ciencias de moda en un momento que informan a la "cultura moderna" que parece atraer a la así llamada "teología moderna", como la luz artificial atrae a los insectos. En cuanto a nosotros concierne, nos sometemos conscientemente a la Palabra de Dios, honrando la clarinada de alerta que Pablo dio a Timoteo precisamente sobre cuestiones relacionadas con la ciencia y la fe, cuando le escribió diciéndole:

      "Oh Timoteo, guarda lo que se te ha encomendado, evitando las profanas pláticas de vanas cosas y los argumentos de la falsamente llamada ciencia; la cual profesando algunos fueron descaminados acerca de la fe." (1 Tim. 6: 20, 21).

      Conviene aquí remarcar enfáticamente la declaración del apóstol, de que únicamente la "falsamente llamada ciencia" puede argumentar contra la Palabra de Dios y contra la fe. Y si es de fe lo registra la Palabra de Dios en cuanto a Adam, Eva, la caída, la redención, entonces es falsa la ciencia que se basa en la evolución de las especies para contradecir los hechos del Génesis. La verdadera ciencia no puede ser "evolucionista" sino Creacionista. Y digamos que muchos verdaderos científicos cristianos se han levantado ya contra la falsa enseñanza de la pseudo teoría evolutiva y en pro de la verdad creacionista tal como la enseña la Palabra Inspirada de Dios el Creador. El número de estos hermanos que están librándole batalla al error evolucionista se cuenta ya por miles. Y todos ellos también con títulos académicos, aunque han debido tener el valor de apartarse de los cauces intelectuales de la sabiduría de este siglo que se deshace.

      "Pero —alguien dirá— ¿cómo es que existen creyentes que creen en la evolución teísta?" La respuesta es que esos hermanos han cedido terreno precisamente en la doctrina de la Inspiración Plenaria y Verbal de las Escrituras y, lo sepan o no, han ido detrás de la falsa hipótesis de inspiración "parcial-relativa". Y esto les ha conducido a una falsa dicotomía: la de separar el concepto de Inerrabilidad, para concluir diciendo que la Biblia es inspirada y aun infalible en cuestiones de fe respecto de la salvación, santificación, etc., pero no es inerrable en otros asuntos como por ejemplo los relacionados con las ciencias. Arguyen que la Biblia es un libro religioso pero no un tratado científico y, por lo tanto, las cuestiones científicas pueden estar en la Biblia por haber sido inspirado el escritor a ponerlas, pero sólo como constancia de lo que en esos tiempos se creía, así que, aunque inspiradas no son autoritativas, ya que en esos casos la autoridad está en las ciencias. Palabras más, palabras menos, de eso se trata. Otros tratan de armonizar la Biblia y la teoría de la evolución, hablando de edades geológicas mediante la interpretación del término "día" usado en el Génesis, como si se tratara de un largo período de tiempo y no un día común de 24 horas. Que todo esto es caer de lleno en el "relativismo" de los modernistas, que hablan que debe separarse la parte de verdad que los escritos tratan de sugerir, es más que obvio.

      No es este el lugar para debatir la cuestión de la teoría de "evolución teísta", pero sí es el lugar para mostrar que tal teoría falsa ha venido a caballo de la hipótesis falsa de inspiración "parcial-relativa". Para eso, debemos referirnos a los otros elementos que han dado origen a esta última, ya citados al principio de esta sección y que son: la filosofía "dialéctica", el "existencialismo" y el "relativismo".

      De la filosofía "dialéctica" vino el aporte del concepto de diálogo entre opuestos: "tesis-antítesis" y su resultado "síntesis". Así, por ejemplo, por una parte tenemos la Inspiración Verbal y Plenaria y, por la otra parte, su opuesto, o sea la negación de toda inspiración que hace el racionalismo ateo. Entonces el "dialéctico" toma un poco de los dos opuestos y saca su hipótesis media o "síntesis" o un poco de cada cosa y dice: parte inspirada y parte no, y con ello tenemos la inspiración parcial-relativa, con lo cual el racionalismo-religioso puede escapar de la acusación de incredulidad total y pasar por aceptable en ciertos círculos cristianos. Llevado el asunto a la teoría de la evolución, pues por un lado estaría el Génesis con su doctrina creacionista y por el otro lado ciencia con la evolución de las especies, o sea, los dos extremos: tesis y antítesis. Pues al unirlos en una "síntesis" o campo unificado tendremos: Dios creó, como se lee en el Génesis, pero lo hizo por medio de la evolución, como lo dice la ciencia. Y así nació la teoría de la "evolución-teísta". Es por esto que hemos dicho que tal teoría vino cabalgando sobre la hipótesis de inspiración parcial-relativa, nacida del racionalismo, de la evolución y de la dialéctica combinadas.

      Del "existencialismo" provino la idea de selección, de entre el material de la Biblia, de aquellos pasajes con posibilidad de ser experimentados existencialmente en un momento siempre actual y presente. O bien, de interpretar de tal manera las Escrituras que sólo tenga validez en el sentido de lo experimentable aquí y ahora, quedando todo lo demás relegado a segundo término con poca o ninguna importancia. Un típico caso de minimizar por medio de enfatizar, una paradoja. O sea, que mientras se enfatiza algo en particular, como lo de real valor, implícitamente se descarta o minimiza lo que no condiga con ello. Luego, muchas partes de las Escrituras resultan valiosas, pero muchas otras partes no. De allí a lo de inspiración parcial-relativa no hay distancia alguna.

      Finalmente, del "relativismo" provino la negación del carácter de absoluto de la total revelación bíblica y su reemplazo por lo relativo: lo que puede ser y lo que no puede ser y ambos, al mismo tiempo. Como se ve, este concepto se halla muy emparentado con el anterior. Así, se dice, un texto puede enseñar algo positivo dentro de algo abstracto o irreal. Y ello no por contraste, como quizá sería lógico, sino en su misma esencia, lo cual resulta absurdo. Por ejemplo: los relatos del Génesis son una mera ficción pero, sin embargo, nos enseñan alguna real verdad. Un pasaje bíblico puede entonces, dicen, ser "históricamente falso pero religiosamente verdadero". Como lo expresara Niebuhr (teólogo neo-ortodoxo de esta escuela del relativismo) tomando ocasión de las palabras de Pablo: "Como engañadores mas hombres de verdad", dándole la vuelta para que concordara con la idea de que aunque enseñamos una mentira al hablar de Adam y Eva y su caída por causa de la tentación por medio de una serpiente, sin embargo, decimos una verdad religiosa y es que la posibilidad del mal es un elemento común en la especie humana. Verdad y mentira se conjugan armoniosamente dentro de tal "relativismo" y se requieren la una a la otra para cumplir un magisterio. La cuestión es saber extraer del mito o de la fábula o de la ficción, o sea de la mentira, la verdad vestida en tal ropaje. Así la hipótesis parcial-relativa es un producto maestro de tal relativismo.

      Para concluir, sumarizamos: la hipótesis de inspiración parcial-relativa se originó en la corriente modernista nutrida de racionalismo-religioso, de la teoría de la evolución, de la filosofía dialéctica, del existencialismo y del relativismo. Toda clase de modernismo, antiguo o contemporáneo, se nutre en alguna manera de tal hipótesis falsa, que resulta así su denominador común. Haremos bien en estar alertas ante tan sutiles engaños. Bien lo expresa la Santa Palabra de Dios:

      "Mirad que ninguno os engañe por filosofías y vanas sutilezas, según las tradiciones de los hombres, conforme los elementos del mundo y no según Cristo." (Col. 2: 8).

    5. Sus fundamentos.
    6. La hipótesis de inspiración parcial-relativa se fundamenta en las siguientes proposiciones:

      1) El acercamiento al estudio de lo que —en lugar de inspiración— debe entenderse como el "elemento divino en la Biblia" debe iniciarse, dicen, NO desde una perspectiva o apreciación "sobrenatural" de la Biblia como de origen divino, y SI desde un punto de partida "natural", que toma a la Biblia tal como la ve, o sea, un libro escrito por hombres y, por lo mismo, como un libro humano.

      2) Por ser un libro humano, debe ser abordado como tal y examinado por métodos críticos exactamente como se hace con cualquier otro libro humano y antiguo.

      3) El examen crítico de la Biblia, dicen, muestra errores o fallos de carácter científico, histórico, geográfico y hasta teológico. No obstante, existe aún en la Biblia mucho material que puede ser estimado como contenido "elemento divino" o como revelación divina en palabra humana. Luego, la Biblia no ES totalmente inspirada sino "parcial y relativamente" inspirada. Corresponde a la tarea de la crítica determinar cuál sea el real contenido inspirado o elemento divino inspirado e inspirador a la vez, que la Biblia contiene.

    7. Sus errores.
    8. Se equivoca cuando aborda a las Escrituras como un mero "libro humano". Porque un libro humano llega a existir cuando la mente de uno o más hombres se conciertan para concebir y escribir sobre un tema o asunto y su voluntad decide realizarlo. No es ese el caso de los escritores humanos de la Biblia. Ellos mismos testifican que no fue así, como lo leemos en 2 P. 1: 20, 21: "Entendiendo primero esto, que ninguna profecía de la Escritura es de particular interpretación, porque la profecía NO FUE en los tiempos pasados traída por voluntad humana, sino los santos hombres de Dios hablaron siendo inspirados del Espíritu Santo".

      Se equivoca cuando dice que el examen crítico de la Biblia muestra sus errores. Lo que debiera decir es que los "críticos modernistas" dicen eso. No es una cuestión de "crítica" sino de "críticos".

      La crítica, en las ciencias teológicas, pertenece al campo de la Teología Exegética. El término deriva del griego "krino" que significa "juzgar", implicando la idea de discernir y luego decidir. Las ramas de la Crítica, en síntesis, son:

      1) "Crítica textual o baja", llamada así no por inferior, sino porque se ocupa de lo primario, o sea, de verificar la fidelidad del texto bíblico hasta donde tal cosa sea posible en base a las copias de los manuscritos disponibles atentos al hecho de que los originales no se poseen. 2) "Crítica literaria o alta crítica", que, partiendo del texto verificado por la anterior, trata de inquirir sobre su fecha, escritor o escritores, lugares y posibles fuentes. 3) "Crítica histórica", que indaga sobre ambientes, circunstancias, fondo y veracidad histórica de los hechos registrados y cotejo con otras fuentes. 4) "Crítica moral", que dictamina sobre el carácter de la enseñanza de los escritos bíblicos, sus valores éticos o morales y su vigencia, aplicabilidad o adaptación a los tiempos, etc.

      Todos esos elementos de la Crítica, cuando tratados por manos reverentes, han honrado siempre a las Sagradas Escrituras. Pero digitados por críticos modernistas las han vituperado. ¿Por qué? La razón está en el hecho de que los críticos modernistas, para suplir la información requerida por los esquemas críticos, no beben de las fuentes límpidas y fieles sino de las cisternas rotas que son propias de los infieles: no siguen las huellas marcadas por críticos fundamentales que investigaron y confirmaron siempre la Palabra, sino que comulgan con quienes están en las arenas movedizas de las opiniones de hombres incrédulos y lo que extraen de esas playas de sabiduría del siglo, polutas y engañosas, les sirve de materia de reflexión no en sentido indagativo sino formativo, con el consiguiente lógico resultado: dudas e incertidumbres, en el mejor de los supuestos; falsías y negaciones, en la mayoría de los casos. Por demás decir que cuantos "errores" bíblicos han acusado tales "críticos" han sido vez tras vez deshechos hasta atomizarlos, por los críticos fundamentalistas en la fe. Libros, comentarios bíblicos, artículos especializados, cuentan la historia; y las verdaderas ciencias también, especialmente en el área de los descubrimientos arqueológicos.

      Los "críticos" modernistas abusan de la crítica. Y por sus métodos, procedimientos y conclusiones, no se califican como críticos bíblicos en el sentido técnico correcto de la expresión, sino que se califican como "criticastros", es decir, como censores sin fundamento, de la Palabra de Dios. Sin embargo, para vergüenza de muchos, las conclusiones de tales criticastros han sido y siguen siendo publicitadas y circuladas como si se tratara de la quinta esencia de la erudición. Trágico para cuantos carecen de discernimiento.

      1. Abuso de la crítica textual o baja y de la crítica literaria o alta.
      2. Veamos el criterio que suelen seguir los criticastros. Al menor indicio de alguna aparente diferencia en el estilo del escrito o a la menor distinción entre nombres o títulos de Dios o de personas, en lugar de buscar su armonización, tratan de desmantelar o desmembrar la escritura. Así nos dicen que en el libro de Génesis, cuando se lee Dios como traduciendo al término hebreo "ELOHIM", tenemos una fuente literaria; cuando se lee Jehová traduciendo al tetragrama sagrado "YHWH" también traducido Yahvé, tenemos otra fuente literaria; cuando se habla de "sacerdotes" en el Pentateuco, tenemos una fuente y cuando tratamos con la Ley, pues tenemos otra fuente; conclusión: Moisés no es el escritor de los primeros cinco libros de la Biblia y nadie puede precisar cuántos fueron los actuantes para producirlos. Pero tal vez alguien pueda pensar que después de todo no es cuestión tan grave, ya que lo que importa es que tenemos el Pentateuco en forma acabada. Sin embargo, además del método abusivo y pleno de apreciaciones subjetivas, está otro hecho grave: el que tiene que ver con el mentís que tales ideas arrojan sobre la declaración del Señor Jesucristo, quien afirmó que Moisés había escrito esos libros (Jn. 5: 46, 47.) ¿Se equivocó el Señor y tuvieron que aparecer los criticastros para corregirlo a El y enseñarnos a nosotros cuál era la verdad? ABSURDO, para decirlo caritativamente.

        El colmo de ese tipo de método abusivo se dio cuando llegaron a afirmar que en el capítulo 37 de Génesis puede hallarse una subdivisión de 26 fragmentos (!), 3 de los cuales en un solo versículo (citado del libro "The Inspiration and Authority of Scripture", de René Pache, trad. del francés, 1969, Moody Press, Chicago, p. 252).

        Veamos otro caso: "Relatos que originalmente no eran israelitas sino cananeos y babilonios, se habían transformado en israelitas. Así, cuentos religiosos que en su origen tenían relación con el dios cananeo Baal o el babilónico Marduc o con alguna otra deidad, ahora se relacionan con Jehová." (Así se expresa el modernista Julio Bewer en su libro "Literatura del Antiguo Testamento", p. 61.) Aquí se ve el torcido procedimiento del criticastro modernista. Toma de fuentes mundanas para traer dudas sobre la Palabra de Dios, en vez de proceder en manera opuesta, o sea, tomar la Santa Escritura para redargüir el error de los mundanos. Y si torcido el procedimiento, ¿qué diremos de lo que allí se dice explícita e implícitamente considerado? Una declaración más que absurda, rayana en blasfemia, que pretende mostrarnos que las fuentes literarias indignas de crédito son las posibles raíces de los registros puros de las Sagradas Escrituras.

        Nos oponemos, pues, con toda energía, como lo escribe Pablo apóstol, a "toda altura que se levanta contra la ciencia de Dios" (2 Co. 10: 5). Por tal razón, no comulgamos con ningún tipo de enseñanza, sea teológica o secular, que, con pretexto de "Libertad académica" pretendiere erigirse en "juez" de la Escritura Divina trayéndola a juicio ante el "tribunal" de la erudición mundana infiel bajo la acusación de pretender ser Inspirada por Dios, siendo su fiscal acusador la crítica modernista y el "Jurado" los criticastros que ya la condenaron de antemano como mera palabra humana falible y errónea, no permitiéndose testimonios favorables por habérselos también prejuzgado como inhábiles para ser tomados en consideración en tal recinto. Parodia de tribunal, de jueces y jurado, marionetas accionadas por "espíritus de error" a través de los hilos sutiles de las "doctrinas de demonios" (véase 1 Ti. 4: 1, 2). Y no se tengan estas metáforas como inapropiadas o quizá destempladas o carentes de humildad y caridad cristianas. Por fuertes que parezcan, no son de comparar con la intensidad de expresión que la Palabra de Dios usa en las suyas propias, para calificar a sus enemigos disfrazados de enseñadores eruditos. Consulte el lector las siguientes escrituras y lo comprobará: Mt. 7: 15; 2 Ti. 2: 16-18; 2 P. 2: 1-3, 12-22 y compare Jud., v. 4-13.

      3. Abuso de la crítica moral.

      Aquí es donde los criticastros llegan a niveles insospechados en su atrevimiento irreverente. Toman el esquema de la crítica moral, que, como ya se ha dicho, trata de inquirir sobre el carácter de la enseñanza de los escritos, pero luego no aplican éticamente o correctamente, tal norma. Pues descolocan los pasajes de su contexto textual e histórico (violando de paso las otras ramas de la crítica) y buscan los contrastes aislados antes que la armonía bíblica. Y así desacreditan las sentencias de un pasaje con relación a las enseñanzas de otros pasajes. De ello, su hipótesis parcial-relativa extrae conclusiones: este texto o grupo de textos sí contiene elemento divino, pero tales otros no. Veamos un ejemplo, que trata de mostrar que, además de los "errores" antedichos, la Biblia también contiene "errores" de carácter teológico, o sea, respecto de la doctrina y de la Persona de Dios mismo. Según esto, como veremos, la Biblia presenta un Dios en ciertas partes y otro Dios en otras, con la forzosa conclusión de que se contradicen los pasajes y los dioses... Dice uno de esos intérpretes:

      "El Antiguo Testamento nos presenta en muchas de sus páginas un Dios antojadizo que tolera la mentira y la astucia, que ordena masacres, que es presa de celos que nos parecen odiosos y que encuentra una extraña satisfacción en los sacrificios rituales. ¿Cómo conciliar tales relatos o tales palabras con las declaraciones centrales del Nuevo Testamento?"

      (Del libro "¿Qué es la Biblia?", por varios autores, tomamos la citación del trabajo "La Biblia, libre de la revelación de Dios", por P. Lastringant, p. 121).

      Sea dicho aquí sin excusas: en ninguna página, ni párrafo, ni sentencia alguna del Antiguo Testamento, se presenta esa clase de "divinidad" a que alude el autor precitado. Sus palabras acusan un sentido de premeditada generalización y total errónea captación e interpretación bíblica, pues confunde benignidad con malicia, justos castigos y juicios con asesinatos en masa y ordenanzas tipológicas plenas de anticipaciones proféticas con cierta especie de sadismo. Pero todo ello recubierto con una máscara bonachona que aparenta ser vindicadora del Dios verdadero, mientras acusa a las páginas de la Biblia como cuerpo del delito de falsificación de Dios. Toda la declaración está cargada de intención subjetiva que busca predisponer sicológicamente al lector, con el fin de que su mente funcione en dirección a la única respuesta que parece exigir la pregunta final del párrafo y que se espera debiera ser algo así como la siguiente: "Esas páginas del Antiguo Testamento carecen de ética y no son compatibles con alta moralidad que hallamos en las páginas del Nuevo Testamento. El Dios de las unas no es el mismo Dios que el de las otras. La Biblia contiene pues graves errores en cuestiones teológicas. Luego, sólo puede ser considerada como inspirada sólo en algunas de sus partes o parcialmente", etc.

      La cita comentada, a pesar de su gravedad, sin embargo es de las más suaves, pues otros criticastros han usado un lenguaje tan irreverente y bajo, que al creyente le producen las náuseas que suelen sentirse cuando se es oyente involuntario de estos insultos que se llaman blasfemias. Como éste, por ejemplo: "En los libros que preceden a los profetas se nos muestra a un Dios tan repugnante que sólo puede ser comparado a Hitler y su camarilla". (El autor: W. O. Stephens, en "The Presbiterian Tribune", octubre de 1951). Y otros casos son aún peores.

      Tales son el verdadero y sucio rostro de la clase de "crítica" de los criticastros basados en la falsa hipótesis de la inspiración "parcial" de las Escrituras. Todos esos pretendidos "eruditos" harían bien en detenerse ante algunas "declaraciones centrales del Nuevo Testamento" (para usar su propia fraseología), como estas del Señor Jesucristo, por ejemplo:

      "¡Ay de vosotros, escribas y fariseos hipócritas!, porque sois semejantes a sepulcros blanqueados, que de fuera a la verdad se muestran hermosos, mas de dentro están llenos de huesos de muertos y de toda suciedad. Así también vosotros de fuera os mostráis justos a los hombres; mas de dentro llenos estáis de hipocresía e iniquidad." (Mt. 23: 27, 28).

      Que apliquen a estos textos cuantas divisiones de la crítica se les antoje y si les queda luego un átomo de luz, que se disciernan a sí mismos y procedan a urgente arrepentimiento mientras les quede tiempo, porque si no tendrán que habérselas luego con otra declaración del mismo Señor, que dice:

      "¡Serpientes, generación de víboras!, ¿cómo evitaréis el juicio del infierno?" (Mt. 23: 33).

      Y con estas otras declaraciones del apóstol Pablo:

      "Porque manifiesta es la ira del Dios del cielo contra toda impiedad e injusticia de los hombres, que detienen la verdad con injusticia." (Ro. 1: 18). "¿O menosprecias las riquezas de su benignidad y paciencia y longanimidad, ignorando que su benignidad te guía a arrepentimiento? Mas por tu dureza y tu corazón no arrepentido, atesoras para ti mismo ira para el día de la ira y de la manifestación del justo juicio de Dios;" (Ro. 2: 4, 5).

      Claro como la luz meridiana: no hay dos Dioses contradictorios, uno en las páginas del Antiguo Testamento y otro en las del Nuevo Testamento. Hay un solo Dios: que ama y juzga, salva al creyente y condena al incrédulo. En las Escrituras no hay "contradicciones e inconsistencias", como dicen esos criticastros. Dios es Santo: Su Palabra también lo es. Y Su Palabra la tenemos hoy en un solo lugar: LAS SAGRADAS ESCRITURAS.

      Una variante interesante que muestra la inconsecuencia del modernismo, se da en la corriente que aplica la "crítica moral" en manera totalmente opuesta y no por eso menos errónea que las antedichas. Y toma ocasión de pasajes del Antiguo Testamento que muestran juicios y castigos de Dios, para interpretarlos de modo socio-político-revolucionario y abogar por el empleo de la violencia. De esta corriente surgieron distintas "teologías" ultracontemporáneas, tales como la así llamada "teología de la liberación", de corte marxista, que podemos calificar como la expresión más radical entre otras, como por ejemplo la "teología de la secularización" y la "teología de la esperanza" y corrientes satélites (que se dan indistintamente entre católicorromanos como entre protestantes). De tales o similares "teologías" se nutren las ideas que provienen de los círculos ecuménicos que agitan cuestiones tales como cuál es la "misión" de la Iglesia actual y qué debe hacerse en cuanto a "misiones" (y misioneros), o respecto del cuál sea realmente el significado del "evangelio" y cuáles las nuevas tareas del "evangelismo", abogándose por el cese de envío de misioneros (la así llamada "moratoria") y por la promoción de tareas de redentorismo social como la expresión nueva de una Iglesia encarnada en el mundo para transformarlo... aunque sea con la violencia, etc., etc.

      Tales neomodernismos contemporáneos, con sus interpretaciones abusivas de la "crítica moral" han formulado realmente "otro evangelio" de pura dimensión horizontal, que se halla en absoluta contradicción con la genuina enseñanza del Nuevo Testamento. Bien lo expresó con visión divina, el apóstol de las gentes:

      "Estoy maravillado de que tan pronto os hayáis traspasado del que os llamó a la gracia de Cristo, a otro evangelio: no que hay otro, sino que hay algunos que os inquietan y quieren pervertir el evangelio de Cristo." "Mas aun si nosotros o un ángel del cielo os anunciare otro evangelio del que os hemos anunciado, sea anatema. Como antes hemos dicho, también ahora decimos otra vez: Si alguno os anunciare otro evangelio del que habéis recibido, sea anatema." (Gá. 1: 6 - 9).

      En conclusión: la relación de los criticastros con la crítica bíblica no es constructiva sino negativa, porque aunque se guía por sus esquemas, los datos para satisfacer sus demandas los toma de la sabiduría del mundo opositor. Y unido con ellos ataca a la Palabra de Verdad acusándola de error. Eso no es uso sino burdo abuso de la crítica.

    9. Variantes de la hipótesis de inspiración parcial-relativa
    10. Aunque las variantes de esta falsa hipótesis tienen ciertas distinciones que pueden servir para identificarlas, sin embargo se hallan esencialmente entramadas y relacionadas unas con otras. A pesar de ello, puede ser dicho que las principales corrientes de pensamiento que, en mayor o menor grado, las nutren a todas ellas, son solamente dos: 1) la corriente que calificaremos como "ético-sentimental" y 2) la corriente que denominaremos "dialéctico-existencial"

      1. A. Variante "ético-sentimental".
      2. La calificación nos pertenece y la hemos adoptado a fin de poder codificar en forma lógica a esta corriente, ya que sus sostenedores postulan que el "elemento divino" en la Biblia, sólo podrá ser hallado en aquellos pasajes que pueden ser considerados como éticos (o con cierto contenido moral) si concuerdan con otros que respondan al criterio céntrico del "ágape" o "amor". Cualquier texto que refiera entonces a juicios y castigos divinos, son así descartados como no éticos, pues, dicen, no se avienen a la revelación del Dios de Amor de los pasajes centrales del Nuevo Testamento.

        A esta variante pertenecen los casos tratados anteriormente bajo el subtítulo "Abuso de la crítica moral". Y también pertenecen a ella los casos propios de la así llamada "Ética de la situación" o "Nueva moralidad", corriente que toma en ocasión de pasajes bíblicos como los que cuentan de David comiendo los panes de la proposición 1 S. 21: 1-6) y de los discípulos del Señor cogiendo espigas para comerlas en día sábado (Mt. 12: 1-8), para deducir erróneamente que no estamos bajo obligación impuesta por códigos preestablecidos, sino que la norma nueva ha de caracterizarse por la facultad de tomar nuestra propia personal decisión según cada "situación" que enfrentemos. Tal "situación" comprende a las "circunstancias" del momento y de lo que en medio de ellas sintamos como deber de "amor", aunque lo que hagamos como resultado de tal decisión, involucre acciones que códigos preestablecidos tuvieran por condenables.

        Sin duda que hay un elemento de verdad en que no debemos ser legalistas ni tampoco antinomianos (o sin ley alguna) y que el amor es norma válida. Pero esto no puede serlo a expensas de lo que sea lícito según la verdad y lo justo según la Palabra de Dios. Por eso leemos: "El amor no se huelga de la justicia mas se huelga de la verdad" (1 Co. 13: 6). Pero, al prescindir de estos valores constantes, la "ética de la situación" pone totalmente a un lado y rechaza definitivamente a cuanto mandato moral de valor permanente que tiene la Escritura. Se podrá entonces —según ellos— robar, matar, adulterar, mentir, prostituirse, etc., etc., pues todo dependerá de las "circunstancias del momento" y de los "sentimientos" que nos mueven en la decisión existencial (!). Como ilustración de tal criterio, traemos a colación el sonado escándalo como el caso "Watergate" (nombre de un edificio en la ciudad de Washington, Estados Unidos), en el cual caso, como se recordará, las más altas autoridades estaban comprometidas: sea por haber ordenado, o consentido, o encubierto, una irrupción ilegítima en las oficinas del Partido Demócrata hecha con el confesado propósito de localizar supuestos elementos y documentos probatorios de supuestos delitos. Cuantos actuaron en tal "operación" fueron declarados culpables y castigados por la Justicia. Pero lo que nos atañe como ejemplo práctico del objeto de este estudio, es lo que uno de los inculpados declaró ante el Comité Investigador del Senado de los EE.UU. (lo cual fue oído y visto por todos cuantos siguieron el proceso que fue transmitido por radio y televisión), diciendo que él había actuado sin molestias de conciencia, pues entendió que lo que se hacía concordaba con lo que había aprendido como "ética de la situación" y así pensó que violación de propiedad, escalo con robo, etc., podían hacerse, pues servían a lo que entendió era exigido por amor a su partido y a su país.

        Aunque es obvio que los hechos y las ideas de la "Ética de la situación" o "Nueva moralidad" no pueden inspirarse ni justificarse en los pasajes bíblicos que tratan de la citada experiencia de David, ni en los que tratan de la citada experiencia de los discípulos del Señor, ni en ningún pasaje de la Biblia entera, con todo, examinaremos los antedichos:

        1) La responsabilidad, en el caso de David, recae en primer término sobre el sacerdote que dio a éste los panes de la proposición (1 S. 21: 1–6) y que, según los preceptos de la Ley, debían ser comidos por el sacerdote mismo (Lv. 24: 5–9). ¿Pecó con ello el sacerdote? ¿Desconoció con ello la Ley? ¿Se dejó llevar por las circunstancias con prescindencia total del código preestablecido? ¡EN NINGUNA MANERA!: (a) porque al momento de dar los panes, éstos ya le pertenecían por derecho sacerdotal exclusivo y entonces, como dueño actual de los panes, aunque debía comerlos como era su deber, según el precepto de la ley, (b) debía y podía compartirlos misericordiosamente, como también era su deber según otros preceptos de la ley que: (i) ordenaban a quien tuviera algún bien "abrir la mano" para socorrer con él al hermano en necesidad (Dt. 15: 11) y (ii) ordenaban amar al prójimo como así mismo (Lv. 19: 18). ¿Contradicción en la ley? ¡NO!, pues Dios, dador de la ley, al establecer los dos preceptos o cuerpos de preceptos, otorgó implícitamente con ello al súbdito de la ley el derecho de la opción y la responsabilidad de elección, sin pecar. La real cuestión es la de establecer cuál sea la PRIORIDAD ENTRE PRECEPTOS, no de acusar irreflexivamente "contradicción" de preceptos entre sí. Y la "prioridad" será determinada por discernir "el mandamiento más grande" (comp. Mt. 22: 35–40) que gobernará legalmente y por ello éticamente, la situación presentada. De modo que no será la "situación" la que se inventará su propia ley desconociendo todo código preexistente (como sostiene la "Ética de la situación") pues en tal caso esa "situación" sería realmente una "situación sin ética", sino que será la ley preestablecida, codificada y vigente, la que gobernará a la "situación", como lo sostiene la Biblia, lo cual hará del entero caso una real "situación ética". Por ello, al dar los panes, el sacerdote estableció la prioridad de los preceptos que obligaban amar al prójimo y socorrerlo en su necesidad. Esos preceptos le concedían el derecho —no previsto en el precepto relacionado con el sacerdocio y los panes sagrados— de poder dar los panes en socorro y, por tal razón, no pecó cuando los compartió. Y en lo que respecta a David y los que con él estaban, pudieron comer también sin pecar, ya que esos mismos preceptos que autorizaron al sacerdote a darles los panes, les concedían a ellos, el beneficio del derecho de ser socorridos en su necesidad. Ni el sacerdote, ni David y sus compañeros, desconocieron pues la Ley ni pecaron contra ella, sino que se beneficiaron con los preceptos que, por ser mayores, tenían prioridad. Que esto es así, se prueba finalmente por el hecho de que el Señor Jesucristo, al aludir al caso en foco, no reprobó ni al sacerdote que dio los panes, ni a David y los que con él estaban que comieron de ellos como hubiera debido reprobarlos si es que con sus acciones hubieran violado la Ley, o la hubieran desconocido. Queda, pues, claro: la ley preexistente gobernó la situación presente. Todo ello queda confirmado, además, por el texto en Is. 22: 9, 10: el sacerdote consultó a Jehová (v. 10) y obró, entonces, bajo su dirección. Se equivocan, pues, los de la "Nueva moralidad".

        2) En cuanto al pasaje que trata de los discípulos del Señor que recogían espigas para comerlas, en el día sábado (Mt. 12: 1–8) es obvio que no incurrieron en violación de la Ley, no obstante que ésta, como precepto general, ordenaba no trabajar en sábado (Ex. 20: 8–11). Los fariseos legalistas buscaban enredar al Señor como habiendo consentido el desconocimiento o la transgresión de la Ley (Mt. 12: 2). Pero en la respuesta que el Señor les da, la acción de los discípulos es colocada dentro del precepto de la ley que autorizaba hacer lo que fuere imprescindible en ese día, como era el caso con los sacerdotes que oficiaban —y así trabajaban ofreciendo sacrificios— en el templo en el día del sábado (Mt. 12: 5 comp. Nm. 28: 9, 10). Y refuerza su dictamen, con la lección dada en la profecía, que también legislaba al decir: "misericordia quise y no sacrificio" (Os. 6: 6). De modo que, en la definición inapelable de la autoridad máxima, del Señor" aun del sábado" (Mt. 12: 8), la acción de los discípulos estaba amparada por igual tanto por la norma de la ley de la prioridad de lo imprescindible, como por la norma de la ley del mensaje profético, AMBAS PREEXISTENTES Y GOBERNANDO A LA SITUACION ACTUAL.

        Viene a confirmar lo antedicho, la experiencia que el mismo Evangelio de Mateo relata seguidamente, en la que el Señor sanó a un hombre que tenía una mano seca, haciéndolo también en sábado (Mt. 12: 9-13). También allí procuraban acusarle, pero el Señor trae a colación otro precepto de la Ley que ordenaba actuar en beneficio de una bestia que fuera hallada en dificultades (Ex. 23: 4, 5) y lo hace aplicable para gobernar la situación actual de curar a un enfermo, haciendo del precepto existente la norma rectora. Y por eso reafirma el gran principio declarándolo explícitamente: "LICITO ES EN LOS SABADOS HACER BIEN" (Mt. 12: 12). Otra clara situación ética, o sea, un hecho regido por un precepto normativo preexistente. Yerra, pues, la "Nueva moralidad".

        Finalmente, es de rigor aquí citar la frase paulina:

        "Y por qué no decir (como somos blasfemados y como algunos dicen que nosotros decimos): Hagamos males para que vengan bienes, la condenación de los cuales es justa." (Ro. 3: 8 comp., Ro. 6: 1, 2)

        Hacer, pues, males para que vengan bienes (como es el caso con los de la "Nueva moralidad"), está claramente condenado por las Sagradas Escrituras.

        Por cuanto antecede y mucho más que la obligada restricción del espacio nos impide considerar, queda manifiesto que la así llamada "Ética de la situación" o "Nueva moralidad", resulta ser una "situación sin ética" o, si se quiere, una "nueva moralidad", basada en la idea errónea de que "el fin justifica los medios". Nos hemos extendido un poco en su consideración, dado el hecho de que en los tiempos peligrosos que vivimos estas cuestiones han llegado a tener una relevancia que no puede desconocerse y que es un deber refutar bíblicamente, pues resulta de negar la inspiración verbal y plenaria de las Escrituras y, consecuentemente, negar la vigencia de sus normas autoritativas de carácter permanente.

      3. B. Variante "dialéctico-existencial"
      4. Filosofías muy en boga, dialéctica y existencialismo, son aunadas por quienes dicen: el "elemento divino" en la Biblia no se debe identificar con su letra; se halla en su "tema central" (Cristo) y en la experiencia existencial actual (o crisis) que se da entre el lector y el mensaje, por medio de algún pasaje de las Sagradas Escrituras. Esta variante se subdivide a su vez en otras dos: la variante "Cristocéntrica" y la variante o corriente de la así llamada "demitologización". Pasamos a considerarlas en los aspectos directamente relacionados con nuestro tema.

      5. 1B) La corriente "Cristocéntrica"
      6. Noble término que ha sido desvirtuado por esta variante, que presenta dos faces: (a) dice que la Biblia puede ser llamada "Palabra de Dios", solamente por causa de y por el testimonio que ella da acerca de —lo que llama— la "única" Palabra de Dios que es Jesucristo; y (b) los pasajes de la Biblia que dan ese testimonio "devienen" (o llegan a ser hechos) "palabra de Dios al hombre" cuando al ser leídos por éste, Dios los usa para tocar con ellos o "inspirar" con ellos la mente y corazón del lector. A ese momento existencial, a esa acción de Dios en el hombre por medio del texto, se le llama momento de crisis o trascendental y, por esos elementos, se llama a esta corriente: "teología de la Palabra". Veamos ahora sus errores:

        a) En el mismo énfasis que da a la afirmación de una verdad, cual es la verdad de que la Biblia testifica del Señor Jesucristo, se halla implícita la negación de que la Biblia sea Palabra de Dios en todos sus otros testimonios, dados en su total contenido. Porque la Biblia ES Palabra de Dios EN TODOS SUS REGISTROS, sea que hablen del Señor Jesús, como cuando también hablan de la creación, de los ángeles, del hombre, de la caída, de las dispensaciones, de la redención, de la Iglesia, de la vida espiritual, de las profecías, de la escatología, etc., etc., etc., o sea: es Palabra de Dios EN TODO SU CONTENIDO y no solamente cuando refiere específicamente al Señor.

        b) Se equivoca cuando afirma que ciertos pasajes de la Biblia "devienen" (o vienen a ser hechos) "palabra de Dios" al hombre en un momento trascendental o de crisis en el cual Dios "los hace devenir" Su Palabra, como si no lo fueran antes de ese momento. Tal concepto es erróneo porque desconoce el hecho de que la Biblia ES EN SI MISMA, como libro inspirado de Dios, LA PALABRA DE DIOS. Es un absurdo conceptual decir que "deviene" o "llega a ser" lo que realmente YA ES. Dos elementos equivocados subyacen en tal absurdidad: (a) el que la Biblia resulta mera palabra humana que, no obstante, en un momento dado y por una especie de transmutación obrada por Dios, se transforma repentinamente en Su Palabra; (b) confunde lo que podría ser entendido como "iluminación" del Espíritu Santo al lector reverente, para decir que ello resulta ser la única "inspiración" divina de las Escrituras.

        El texto que acaba de una vez con todos esos errores de esta variante indebidamente tenida por "Cristocéntrica", es el texto clásico por excelencia sobre la inspiración, tantas veces repetido y que dice: "TODA ESCRITURA" (como libro, como escrito, en todas y en cada una de sus partes, no sólo en algunas), "ES INSPIRADA DIVINAMENTE" (luego es Palabra de Dios objetiva e intrínsecamente —en sí misma) y, por lo tanto, en virtud de lo que es, también ES "útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instituir en justicia, para que el hombre de Dios sea perfecto, enteramente instruido para toda buena obra" (2 Ti. 3: 15-17). Frase lapidaria, sin duda alguna, para esta variante en foco: no hay allí lugar alguno para "relativismos" ni "trasmutaciones". Las Sagradas Escrituras y su inspiración pertenecen, por su propia naturaleza, a lo que tiene carácter de ABSOLUTO.

      7. 2B) La corriente de la "demitologización".

      Yerra en su punto esencial, que es el de considerar a la Biblia como una antología del "mito", pues desconoce con ello la realidad literal de los hechos y registros bíblicos. No se olvide que el "mito", cualquiera fuese el sentido o interpretación que se le dé, jamás dejará de ser un lenguaje ficticio. Y no es ese el lenguaje de la Santa Palabra de Dios. Bien lo expresa el apóstol Pedro, dando con ello un profundo mentís a estas corrientes del lenguaje ficticio: "Porque no os hemos dado a conocer la potencia y la venida de nuestro Señor Jesucristo, siguiendo fábulas por arte compuestas, sino habiendo con nuestros propios ojos visto su majestad" (2 P. 1: 16). Y aunque hay diferencias entre "mitos" y "fábulas", el hecho de fondo permanece: en la Biblia no hay irrealidades fantasiosas, sino hechos reales, literales en sus registros y doctrinas inherentes, veraces, de fe. Como también lo expresa el apóstol Juan: "Lo que era desde el principio, lo que hemos oído, lo que hemos visto con nuestros ojos, lo que hemos mirado y palparon nuestras manos tocante al Verbo de vida... eso os anunciamos... y estas cosas os escribimos para que vuestro gozo sea cumplido" (1 Jn. 1: 14). No puede existir lenguaje más claro para afirmar que la Escritura registra hechos, no mitos. (Compárese también: 2 Ti. 4: 1-5.)

      Yerra asimismo esta variante, al decir que los tales "mitos" —que según ellos no son sólo los relatos de la creación, caída y expulsión de la primera pareja humana del Edén, sino también los relatos que tratan de la concepción virginal del Señor Jesucristo, su vida sin pecado, la expiación de nuestros pecados en su preciosa sangre, su resurrección corporal, su segunda venida, etc.—, la "demitologización" extrae la "verdad" que yace dentro de ese "ropaje mitológico" que es el relato bíblico y que la tal "verdad" será entonces el "mensaje existencial", o sea "la palabra de Dios para el hombre actual". Y yerra en esto muy gravemente, porque llamar "mitos" o "ropaje mitológico" a los registros bíblicos que revelan hechos y verdades fundamentales de la fe cristiana, sin los cuales no existe cristianismo real alguno, es más que mero error conceptual, es crasa apostasía y grave blasfemia, es total negación de la verdad bíblica. Pretender "demitologizar" lo que tiene que ver con la Persona y la obra del Redentor para extraer el "mensaje existencialmente histórico", es negar a la Persona existencialmente histórica, o sea a Su presencia con los suyos todos los días hasta el fin del mundo, como El mismo lo declaró (Mt. 28: 20), para poner en su lugar lo que al "demitologizador" le parezca ser el "mensaje" existencial que pueda desprenderse del "ropaje mitológico" que habla de Cristo en las Escrituras. Esto es prácticamente fabricar otro "Cristo" y otro "evangelio" que a nadie pueden salvar (véase Ga. 1: 6-12); y es sacar la autoridad de la verdad, del lugar donde Dios la colocó: en las Escrituras, para adjudicársela gratuitamente al criterio meramente humano, subjetivo, falible, del "demitologizador", lo cual es vana presunción y puro autoengaño. El propio pontífice de esta corriente, Rudolf Bultmann, dijo: "Yo expongo la teología como antropología, es decir, como doctrina del hombre." (Citado así en el libro "Teología actual" por varios autores, p. 78). Veamos: puro antropocentrismo producto del propio espíritu humano. ¡Ay!, de tales "demitologizadores". Harían bien en tratar de "demitologizar" (para usar sus palabras) lo que les manda Dios por medio de Ezequiel profeta que escribió así:

      "Y fue a mí palabra de Jehová, diciendo: Hijo del hombre, profetiza contra los profetas de Israel que profetizan y dí a los que profetizan de su corazón: Oid la palabra de Jehová. Así ha dicho el Señor Jehová: Ay de los profetas insensatos, que andan en pos de su propio espíritu y nada vieron!" (Ez. 14: 1-3)

    11. Corrientes teológicas que se basan en la falsa hipótesis de inspiración parcial-relativa
    12.  

      A fin de completar el examen de la hipótesis de inspiración parcial-relativa, nos es necesario mencionar al menos en forma brevísima las distintas corrientes teológicas circulantes hoy día y que, en una u otra manera, rechazan la tesis de la inspiración total de las Escrituras y tienen a éstas como un libro "humano" que, sin embargo, "contiene" palabra de Dios o que puede "devenir" palabra de Dios o del cual se puede "extraer" un mensaje que puede ser estimado como palabra de Dios, etc., etc.

      Cuando el lector oiga o lea de tendencias teológicas o éticas que respondan a las corrientes que mencionaremos en esta lección, puede estar seguro que no hallará allí a hermanos fundamentales en la fe sino que hallará a modernistas o neomodernistas o filomodernistas, o sea: diversos grados de heterodoxias y de heterodoxos, que suelen usar terminología bíblica, pero interpretándola de tal manera que resultan enseñando doctrinas ajenas a la Palabra de Dios. Todo siervo del Señor debe tomar plena conciencia de estos hechos y capacitarse para poder discernir tanta heterodoxia (o doctrina extraña a la Palabra) que circula como sí fuera "sana doctrina". Jamás se olvide que la heterodoxia no lo es solamente por las verdades que niega, sino que lo es igualmente por los errores que afirma como verdad. Es por eso que la Palabra de Dios nos previene:

      "Amados, no creáis a todo espíritu, sino probad los espíritus si son de Dios; porque muchos falsos profetas son salidos en el mundo" (1 Jn. 4: 1, léase hasta v. 6).

      Si tal prevención vale para las personas, también vale para escritos o publicaciones que difunden doctrinas extrañas a las Escrituras. Es a tales escritos que debemos medirlos con la misma vara con la cual sus autores se atreven a medir a la Palabra de Dios. Para usar un término de ellos mismos, debemos "desmitologizarles" sus libros y artículos, para discernir cuál sea el error que se nos quiere entregar revestido de ropaje de aparente erudición teológica, que, al penetrarla en su mismo meollo, resulta vana sutileza originada en el espíritu del hombre, cuando no inspirada por espíritus de error (comp. 1 Ti. 4: 1, 2). ¡Alerta!, pues. Y ahora, al detalle:

      1. Neoortodoxia
      2. Llamada también teología dialéctica, o de la paradoja, o trascendental, o de crisis, o de la Palabra; todas diversas facetas de una misma corriente de pensamiento que tomando la dialéctica de Hegel y la paradoja de Kierkegaard, los condensó en teología llamada neoortodoxa, significando con ello una pretendida nueva concepción de la ortodoxia o sana doctrina que no fuera sin embargo atada al fundamentalismo, ni tampoco al modernismo de antiguo cuño que mutilaba totalmente a las Escrituras. Ahora no se las mutila, se las "reinterpreta", una vez que le han aplicado la crítica negativa que la califica conteniendo mitos o leyendas o zaga. De modo que se le mutilan textos, sin embargo se les mutila su valor histórico y doctrinal. El juego dialéctico termina en una síntesis que en lugar de neoortodoxia resulta realmente neoheterodoxia o neomodernismo. Tesis-antítesis-síntesis; paradoja del sí y del no simultáneos para un mismo asunto; "modalismo" que no hace clara distinción de personas en la Santa Trinidad; negación de la realidad personal de Satanás y de los demonios; existencialismo; neouniversalismo o salvación final de todos, etc., etc., están dentro del concepto de tal teología, configurando una especie de neopanteísmo idealista. Repase el lector lo que hemos examinado al tratar la variante "dialéctico-existencial" (K. Barth, E. Brunner, R. Niebuhr, etc.).

      3. Demitologización
      4. De R. Butmann y seguidores, también mencionada anteriormente. Reiteremos aquí que se trata de una aberrante obsesión de considerar a la Biblia de Dios como mitológica en sus registros y que para eso aparecieron los demitologizadores... para ayudamos a los pobrecitos "literalistas" a salir de nuestra alienación y aprender a tomar las cosas como son —según ellos— y ver cómo nos es posible "extraer" del "ropaje" mitológico de siglos, el "mensaje" existencial para el hombre actual. Como es obvio, esta escuela es existencialista, pero en ninguna manera bíblica.

         

      5. Mandato cultural
      6. De H. Dooyeweerd, H. Wiersinga. La idea "luminosa" de esta corriente es que el texto: "Henchid la tierra y sojuzgadla" (Gn. 1: 28), resulta ser lo que debe entenderse como "mandato cultural", ya que la ciencia y la técnica como parte de la cultura de los pueblos es imprescindible para el tal dominio del hombre. Luego, dado el cuadro general de "creación-caída-redención" que da la Escritura, entonces es necesario redimir la cultura, la educación, la economía, las ciencias, las artes, la sociedad toda penetrando sus estructuras para "cristianizarlo" todo. El mandato cultural se equipara aquí y hasta sirve de intérprete real, al mandato de predicar el Evangelio a toda criatura. Vemos aquí ya un atisbo de una "secularización" del sentido espiritual de la Gran Comisión dada por el Señor a los discípulos. Toda la visión es horizontal, terrena, lo cual es erróneo.

      7. Positivismo
      8. Sustentada por P. T. Forsyth, P. Tillich. Como lo hiciera K. Barth, también estos "positivistas" parecían atacar al fundamentalismo y al modernismo a la vez, para formar un nuevo concreto o terreno medio positivo, con ideas aceptables al hombre moderno de modo que pudieran servir como puente entre la teología y la cultura del mundo. El pensamiento de Tillich, más cercano en el tiempo a nosotros, también suele ser referido como "teología de la correlación" que formula el diálogo Biblia-hombre, de tal modo que: toda respuesta bíblica debe ser siempre referida a una pregunta humana y esta pregunta humana es entonces la que determinará la respuesta. O sea que la Biblia no puede ofrecer respuesta que esté fuera de la cuestión real planteada por el interrogador y su interrogante, porque si así no fuera la respuesta bíblica no puede ser adecuada. En suma: lo concreto y positivo resulta ser el hombre como centro de todo y al cual la misma Biblia debe ser tributaria. Un antropocentrismo humanista.

      9. Ateísmo cristiano o muerte de Dios
      10. De J. Altizer, W. Hamilton, van Buren. Para los tales, el "Dios" de la teología fundamental ha muerto, ya no existe más. Según unos, murió Dios cuando encarnó en Cristo y volvió a morir cuando Cristo murió para resucitar luego para ser existencialmente actual en todo y en todos (eso es la resurrección). Según otros, ni aun eso: ahora viven el tormento de creer que no se puede ya creer en lo que se creyó; por eso se es ahora "ateo" al "Dios en que se creyó" o en quien nos enseñaron a creer. Pero se retiene a Cristo como Maestro, de modo que por eso se puede aún ser llamado "cristiano". Así que: "ateos" por no creer ya en el "Dios" del pasado, pero "cristianos" por seguir a Cristo como Maestro y por eso, uniendo términos, tenemos lo de "ateos-cristianos". Para toda mente en su sano juicio, todo esto es pura contradicción de términos, pero para tales "ateos cristianos", todo ello es "teología". Sin duda que los tales son honestos en confesar que no creen en lo que creyeron que debían creer en el pasado, lo cual es una real tragedia, pero de allí a que procuren hacer de "eso" una "teología" o una real reflexión teológica, media un abismo conceptual. Pues una "teología" (tratado o ciencia de Dios) que parte del principio de que "Dios ha muerto" no es ni ciencia teológica ni es de Dios. "Rara avis", los tales teólogos... en las huellas del filósofo Nietzsche y su "muerte de los dioses".

      11. Nueva moralidad o ética de la situación
      12. De Fletcher, Robinson, corriente ya tratada (ver variante "ético-sentimental"). Repitamos aquí su idea básica: ni ley ni tampoco sin ley; la "situación" tiene ahora la palabra y el camino a seguir en tal situación será el que más concuerde con el "amor", aunque no pueda preverse cuál puede ser ese camino. Su fundamento es, pues, arena movediza, ya que dependerá de cuáles sean y hacia qué lado se inclinan los sedimentos en cada ocasión. Puro subjetivismo existencial de reacción imprevisible, sin real norma ética válida para ser considerada como tal. Esto no va de la mano con la Biblia, sino con aquel filósofo Nietzsche y su concepto de "más allá del bien y del mal", a lo cual sólo cabe responder: ¡lo peor!

      13. Teología de la secularización
      14. Según H. Cox. Vivimos, se dice, en una era "post-cristiana" y en medio de una humanidad secularizada con sus grandes centros urbanos y emporios industriales. Debemos pues actuar con y en ese mundo para forjar una nueva sociedad. La teología, se dice, no tiene futuro si no es el de la secularización. "Positivismo", "mandato cultural", "muerte de Dios", van de la mano con esto, que, a la vez, se abraza con las "teologías" subsiguientes".

      15. Teología de la esperanza
      16. La esperanza (J. Moltmann, R. Alves) consiste en los cambios que deben operarse aquí abajo, en la praxis de la historia en la cual para eso irrumpió Cristo. Para tal esperanza de redentorismo social, debe concientizarse a los alienados, a los explotados, pues de su acción depende la posibilidad del cumplimiento de la esperanza. Esto obliga al diálogo "cristianismo-ideologías" lo que, de seguirse tal directiva horizontal, es hacer marxismo bajo ropaje eclesiástico, y llamar a eso una "teología".

      17. Teología de la liberación
      18. Según G. Gutiérrez, C. Torres, P. Freire, etc., o Teología de la revolución, o Teología joven o Teología radical (R. Shaull, E. Castro, J. M. Bonino y otros ecuménicos del Concilio Mundial de Iglesias). So pretexto de reflexión teológica, romanistas y protestantes resultan promoviendo activismos "rojizos", emparentados con las teologías de la "secularización" y de la "esperanza", a las que llevan a sus últimas consecuencias dentro de los desenlaces lógicos de sus postulados. "Iglesia y Sociedad", del CMI citado, "Evangelismo y Misión", del mismo, y desarrollos que arrancan de la Asamblea Ecuménica de Upsala (Suecia) hasta Nairobi (Kenya) con sus resoluciones de dimensión horizontal y sus subsidios a movimientos que más que de protesta son de subversión marxista-leninista, deben prevenirnos. Es la "teología" que lleva la voz cantante en el actual momento "ecuménico" que da preeminencia por lo tanto al así llamado "Tercer Mundo". Se habla de teología de compromiso en acción horizontal en la cual "Dios está comprometido", la Iglesia debe estar comprometida y, consecuentemente, los cristianos y la Palabra de Dios. Envuelve a muchos jóvenes idealistas que, ante tanta injusticia en el mundo, se vuelcan a estos extremismos que se jactan de haber dado con el meollo de la verdadera teología. Se promueve el diálogo "cristiano-marxista" en el cual se busca desesperadamente alguna especie de fórmula sincretista que permita trabajar unidos a los materialistas dialécticos y a los "teólogos" dialécticos, etc., con el común objetivo utópico de la redención de la humanidad toda y así —según algunos dicen— traer a la luz a la "ecumene" de Hebreos 2: 5 ("el mundo venidero").

        Que tal sueño no tiene base alguna ni en Hebreos 2: 5 ni en ningún otro texto de las Escrituras, se prueba por el hecho de que "el mundo venidero" no será traído por esfuerzo humano alguno. La cuestión social no será resuelta ni por los políticos ni por los revolucionarios ni por los "teólogos". El cuadro bíblico es bien claro para quien tenga ojos para ver y oídos para oír. El mundo marcha irremisiblemente al día del Anticristo. La Gran Tribulación sobrevendrá sobre toda la faz de la actual "ecumene" para probar a todos los que moran en la tierra, pero los renacidos serán arrebatados antes de eso (Ap. 3: 10). Y luego de la Tribulación, el Señor vendrá en poder y gloria para destrozar al Anticristo y establecer Su reino milenial (2 Ts. 2: 1- 12; Ap. 19: 11 a 20: 6). Entonces sí, la cuestión social será resuelta: no por esfuerzo humano, sino por el reinado de Cristo que se sentará en el trono de David conforme la profecía aún no cumplida (Lc. 1: 32, 33). Pero no es la solución de la cuestión social la panacea final, pues aun después de mil años de perfecta justicia en todos los órdenes, el hombre volverá a rebelarse contra Dios y el Señor Jesucristo (Ap. 20: 7-10) y entonces descenderá fuego del cielo sobre los rebeldes. Satanás que los engañaba, será lanzado al lago de fuego y azufre para siempre jamás. Y luego, todo vendrá a juicio final (Ap. 20: 11–15) y la actual "ecumene" pasará por fuego (2 P. 3: 10–12) y recién DESPUES DE TODO ESO aparecerá "EL MUNDO VENIDERO", o sea la "tierra nueva y los cielos nuevos en los cuales mora la justicia" (2 P. 3: 13; Ap. 21: 1). Este es el cuadro bíblico de la escatología.

        Creemos que la mejor refutación de las teologías de la secularización, de la esperanza y de la liberación, etc., es la presentación lisa y llana de la escatología según la Biblia. Claramente se ve que no hay "síntesis" posible entre la enseñanza de la Palabra de Dios y las pretensiones de las "reflexiones teológicas" sobre la praxis, la historia, el redentorismo horizontal, etc., etc. Para todos los cristianos, es palabra final: el dictamen de la Palabra de Dios.

        Estas "teologías" izquierdistas padecen de astigmatismo espiritual acompañado de miopía extrema: carecen de clara visión del punto remoto, se apegan a lo que se apega a lo terreno; la curvatura de su córnea es desigual. La visión es, pues, defectuosa. Creyéndose ser fanales de luz no se aperciben que "la luz que en ellos hay es tinieblas" (comp. Mt. 5: 22-23). Y al repudiar a tales "reflexiones teológicas izquierdistas", quede claro que no estamos por eso "vendidos al statu quo" ni que formamos parte del "opio de los pueblos". En cuanto nos atañe testificaremos contra "toda impiedad e injusticia de los hombres", sea en lo que respecta a "los que detienen la verdad con injusticia" (Ro. 1: 18), sea en lo que respecta a la explotación del hombre por el hombre (Stg. 5: 1-6), pero no nos dejaremos envolver en quiméricos proyectos de redentorismo social, por los tataranietos de nuestro viejo conocido, el así llamado "evangelio social". Nada de compromisos socio-políticos para la Iglesia ni para los cristianos: todo ello es ajeno totalmente a la naturaleza y a la misión de la Iglesia de Cristo y a la tarea cristiana, de predicar (Mr. 16: 15, 16; Mt. 28: 18 - 20 comp. 1 Co. 9: 16 - 23), defender y confirmar el Evangelio (Fil. 1: 7, 17). Y en ello ocupados, se nos manda "tener paciencia hasta la venida del Señor" y prepararnos para ella (Stg. 5: 8; 1 Jn. 3: 1-3). Si alguno, individualmente, se siente con vocación especial para actuar en planos sindicales, sociales y políticos, que lo haga cuidando de que ello no signifique menoscabo alguno de su fe y testimonio cristiano fiel. Pero que nadie pretenda hacer "teología" para justificar, ni para arrastrar a hermanos e iglesias a utopías irrealizables, contrarias a la Palabra de Dios, de tinte rojizo subido, ni de cualquier otro tinte. El único "rojo" deseable es el de la "preciosa sangre" de Cristo Jesús que "nos limpia de todo pecado" (1 Jn. 1: 7). Todo otro "rojo" (religioso-político) pertenece a "Babilonia" la Grande (Ap. 17). Salir de todo ello es mandato del Señor (Ap. 18: 4).

      19. Teología de "proceso"

    Sus seguidores son A. N. Whitehead, Ford, Cobb, etc.. Se trata de una forma combinada de evolucionismo, relativismo y existencialismo. Su idea básica es que el "ser" debe considerarse constituido como por el "llegar a ser" en un proceso incesante y siempre actual, de todo cuanto es. Lo dañoso y a la vez absurdo de tal concepto se pone de relieve si consideramos que dentro de ese "todo" ser, puede entonces ser incluido el mismo Ser de Dios que, dado tal supuesto "proceso", debe aún "llegar a ser" como si no fuera aún lo que debe ser o no fuera ya perfecto para siempre. En las palabras de Dios: "YO SOY EL QUE SOY" (Ex. 3: 14) y en las palabras del Señor: "...vuestro Padre que está en los cielos ES PERFECTO" (Mt. 5: 48b), el absurdo de tal "teología de proceso" queda deshecho.

     

    Con cuanto antecede, es suficiente para tener al menos una íntima idea de cuáles son las principales corrientes de pensamiento, así llamado "teológico", que han hecho o siguen haciendo ruido en estos últimos tiempos. Repitamos solamente aquí que muchos de sus actuales propulsores hallan el caldo de cultivo para sus ideas dentro de las ollas "made in Geneva", o sea, dentro de los cauces del "ecumenismo" del "Concilio Mundial de Iglesias" con sede central en Ginebra, Suiza.

    Todas esas corrientes neomodernistas, no creen en la inspiración verbal y plenaria de las Sagradas Escrituras, sino en la falsa hipótesis parcial-relativa. Y tanto por lo que niegan como por lo que afirman en tal materia, prueban que la "sabiduría" que las informa no es la que "desciende de lo alto", sino la que, con toda claridad y sin eufemismos, Santiago declara como "terrena, animal y diabólica" (Stg. 3: 14–18).