LA INFALIBILIDAD, INERRABILIDAD Y AUTORIDAD DE LAS SANTAS ESCRITURAS

 

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por Armando Di Pardo 

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1. El debate de los siglos

2. Definición de infalibilidad, inerrabilidad y autoridad bíblicas

3. Objetores y objeciones

1. El reinado de Peka (2 R. 15: 27)

2. El reinado de Ezequías (2 R. 18: 1)

3. Los "lugares altos" en Judá.

4. La cita de Jeremías en Mateo 27: 9.

5. El llamamiento de Abraham en el discurso de Esteban.

6. El lugar de la sepultura de Jacob en el discurso de Esteban.

7. El canto del gallo y la negación de Pedro.

8. La duración de la esclavitud en Egipto de acuerdo con Pablo.

4. "Sola scriptura"

1) "Las palabras de Jehová, palabras limpias."

2) "Palabra refinada en horno de tierra."

3) "Purificada siete veces."

 

 

1. El debate de los siglos

Ha sido dicho que la materia en foco es el sujeto y el objeto de la discusión teológica contemporánea, dado el hecho de que los teólogos, sociedades teológicas, consultas y congresos nacionales e internacionales, debaten y publican sobre el tema.

Pero ¿cuando comenzó realmente el debate de esta materia? La real verdad es que tuvo inicio cuando "aquella serpiente antigua que se llama Diablo y Satanás" (Ap. 12: 9), se metió a "teologizar" con Eva sobre la cuestión principista de la "infalibilidad, inerrabilidad y autoridad de la palabra de Dios", pues tal era el asunto de fondo involucrado en la tentación que comenzó diciendo: "¿Conque Dios os ha dicho...?" (Gn. 3: 1).

Tal fue el "pequeño fuego" que encendió tan "grande bosque" (comp. Stg. 3: 5), a través de los siglos. Es triste la comprobación de que ahora, en las postrimerías de la Edad de la Iglesia, la vieja cuestión ha resurgido agitada por neomodernistas y también por algunos hermanos neoevangélicos o filoneoevangélicos.

2. Definición de infalibilidad, inerrabilidad y autoridad bíblicas

La Santa Biblia es infalible en todas sus enseñanzas, inerrable en todo cuanto registra y, por lo tanto, autoritativa en todo su contenido, porque sólo ella, como libro, es la "TODA ESCRITURA INSPIRADA DIVINAMENTE" (2 Tim. 3: 16), o sea, "LA PALABRA DE DIOS" (Ef. 6: 17).

Infalibilidad, inerrabilidad y autoridad bíblicas, no son pues, materias independientes o separadas, ni separables de la inspiración, sino indisolublemente unidas a esta última de la cual emanan como su fruto natural. La inspiración divina verbal y plenaria de las Sagradas Escrituras, es, pues, el fundamento inamovible e inconmovible sobre el cual descansan su infalibilidad, inerrabilidad y autoridad. El orden es el siguiente:

1. Las Sagradas Escrituras, por ser inspiradas por Dios,

2. son infalibles e inerrables y, por lo tanto,

3. son autoritativas.

Dios es "Dios de verdad" (Dt. 32: 4). El Padre es Verdadero (Jn. 3: 33; 8: 26), el Hijo es la Verdad (Jn. 14: 6), el Espíritu Santo es Verdad (Jn. 14: 17; 15: 26; 16: 13). Puestos a la tarea de revelación y de inspiración, sólo podían producir una cosa: "LA PALABRA DE VERDAD" (2 Co. 6: 7ª; Ef. 1: 13ª), pues "es imposible que Dios mienta" (He. 6: 18). La inspiración compromete el carácter mismo de Dios y por ella el mismo carácter de Dios avala entonces el registro escrito de lo inspirado, o sea, a las Escrituras. Estas, consecuentemente, son tan veraces como veraz es Su inspirador. Por tal razón son infalibles y sin error y de autoridad absoluta en todo su contenido. "Escrito está" (Mt. 4: 4, 7, 10) es la declaración autoritativa de la autoridad máxima, el Señor Jesucristo, referente a la autoridad de la palabra escrita. "Erráis ignorando las "Escrituras" (Mt. 22: 29) establece que los yerros no están en la Biblia, sino en los que, ignorando lo que ella dice, la acusan de error. "...que en nosotros aprendáis a no saber más de lo que está escrito" (1 Co. 4: 6) es terminante en cuanto a la autoridad de la Palabra de Dios para los cristianos.

3. Objetores y objeciones

a) Los neomodernistas, como lo vemos por el ataque de los neoortodoxos. Escuchemos a Karl Barth, por ejemplo:

"Los profetas y apóstoles, aun en su oficio, aun en su función como testigos, aun en el acto de escribir su testimonio, eran, como lo somos nosotros, capaces y hasta culpables de error en su palabra hablada y escrita.

Si Dios no tuvo vergüenza de la falibilidad de todas las palabras humanas de la Biblia, de sus inexactitudes históricas y científicas, de sus contradicciones teológicas, la incertidumbre de su tradición y, por encima de todo, de su judaísmo, sino que adoptó e hizo uso de sus expresiones en toda su falibilidad, no necesitamos tener vergüenza cuando El desea renovarlo a nosotros en toda su falibilidad como testigo; y es meramente ejercitar voluntad propia y desobediencia el tratar de encontrar algunos elementos infalibles en la Biblia." ("Church Dogmatics", I, trad. Thomson and Knight, pp. 528, 529, 531.)

b) Los hermanos que influenciados por tales ideas y por otros enunciados parecidos de la crítica de la Biblia, ceden terreno en el área vital de la inerrabilidad bíblica. Especialmente se da este caso entre los neoevangélicos, o entre los que sin reconocerse como tales, sin embargo comulgan con sus ideas. Tristemente, estos hermanos no se distinguen como defensores de la Palabra, sino más bien como cuestionadores. Aunque la creen infalible en cuestiones de fe respecto de la salvación, no la creen inerrable en todo lo demás y determinan la autoridad sólo en aquellas cuestiones relacionadas con la vida espiritual. Un ejemplo de ello se da con toda claridad en el tomo titulado "El debate contemporáneo sobre la Biblia", de "Ediciones Evangélicas Europeas", editor J. Grau, Barcelona, España, 1972, en el cual se publican las ponencias de la Conferencia Teológica de Cochabamba. En varias de ellas se trata despectivamente al fundamentalismo y a fundamentalistas, aunque no se apercibe real comprensión de lo que es uno y lo que son los otros y las versiones que de los mismos se ofrecen son, más que erróneas, pueriles. Pero, aparte de ello, concuerdan en sostener que la Biblia es confiable sólo en asuntos de fe y conducta y que fuera de eso no debe pretenderse infalibilidad. Citamos: "¿Pero hasta dónde se extiende esta infalibilidad? Es un hecho comprobado que en el área de la historia, la literatura, las ciencias naturales y la arqueología existen en la Biblia algunos problemas difíciles de solucionar. Pero esto nada tiene que ver con su infalibilidad. Tenemos que recordar que la Biblia no es un libro de texto de historia, botánica, ciencia o lingüística. Su propósito es enseñarnos acerca de Dios y del camino de la salvación del hombre. Es verdad que la Biblia contiene mucho sobre estos temas, pero ésta no es información del tipo de un libro de texto, sino más bien incidental. Emil Brunner tiene razón cuando dice: "En tanto la Biblia habla sobre asuntos de conocimiento secular, no tiene autoridad docente. Tampoco su cuadro astronómico y cosmológico del mundo, ni su punto de vista geográfico, ni sus declaraciones geológicas, etnológicas e históricas nos amarran, sean que estén en el Antiguo Testamento o en el Nuevo." (Del mensaje del Sr. I. E. Amaya, p. 102.)

Como se ve, hay cierta identidad entre las objeciones de Karl Barth y las que se aprueban por I. E. Amaya citando precisamente a otro neoortodoxo como E. Brunnes. En otro de los mensajes de la misma Conferencia, se repite el caso. C. R. Padilla insiste en el concepto de infalibilidad en asuntos sobre la salvación, pero no inerrabilidad en registros.

¿Qué tenemos contra todas esas objeciones? Que el testimonio de los apóstoles y del Señor Jesucristo no apoya tales premisas. Citamos:

"...la profecía no fue en los tiempos pasados traída por voluntad humana, sino los santos hombres de Dios hablaron siendo inspirados del Espíritu Santo." (2 P. 1: 21)

"Tened por salud la paciencia de nuestro Señor; como también nuestro amado hermano Pablo, según la sabiduría que le ha sido dada, os ha escrito también; casi en todas sus epístolas, hablando en ellas de estas cosas; entre las cuales hay algunas difíciles de entender, las cuales los indoctos y los inconstantes tuercen, como también las otras Escrituras, para perdición de sí mismos" (2 P. 3: 15, 16).

"Por lo cual también nosotros damos gracias a Dios sin cesar, de que habiendo recibido la palabra de Dios que oísteis de nosotros, recibisteis no palabra de hombre, sino según es en verdad la palabra de Dios, el cual obra en vosotros los que creéis" (1 Ts. 2: 13).

Todo el contenido de la palabra profética y de la palabra apostólica se halla allí involucrado, en todo cuanto registran y no solamente en lo relacionado con la vida espiritual; por ejemplo:

Cosmología (Ro. 1: 19, 20; 1 Co. 15: 40, 41).

Cosmología (2 P. 3: 5, 6; Lc. 21: 26).

Antropología (1 Tim. 2: 13; Hch. 17: 26; 1 Co. 15: 47; Mt. 19: 4).

Angelología (Ef. 6: 11, 12; Jud. 9; Ap. 12: 7).

Sociología (Ro. 13: 1 - 6; Stgo. 5: 1 - 6).

Historia (Mt. 24; Lc. 21: 9 - 35; 2 Tim. 3: 1 - 9).

Etc., etc., etc., etc.

Apenas citamos unos pocos textos para certificar nuestra aseveración y ello del Nuevo Testamento solamente, aunque hay innúmeros asuntos que la totalidad de las Escrituras tratan, todos igualmente inspirados y por lo mismo absolutamente autoritativos, aun cuando se trate de menciones incidentales y de estilo popular. Nadie ha supuesto jamás que tales menciones tengan el carácter propio de "libros de texto" sobre cada materia, frase ésta que se nos repite vez tras vez al punto de caer ya en lo ridículo.

Algunos críticos se caracterizan como "buscadores" de supuestos "errores y contradicciones" en las Escrituras y son capaces de asirse desesperadamente de la más ínfima cosa para acusar inmediatamente a las Escrituras como falibles. Lo triste es que existan creyentes que se dejan influenciar por tales críticos y se inclinan peligrosamente en la misma equivocada dirección. Harían bien en recordar cuántas acusaciones de tales "críticos" han ido siendo deshechas por fieles eruditos fundamentales mediante investigaciones serias y descubrimientos científicos y arqueológicos -a veces insospechados- que Dios produjo en el momento oportuno a través de los tiempos. Pero aún se constatan ciertas cuestiones que son agitadas, no como motivo de oración y de mejor estudio y más constante ocupación en las tareas de dilucidarlas conforme la Palabra de Dios, sino más bien como elementos "de prueba" que no tenemos una Biblia inerrable. A veces, son presentadas por ciertos creyentes que no se atreven a acusarlas totalmente como errores y entonces aventuran palabras que "parecen y no parecen" acusaciones, pero que a un observador competente pronto se descubren como insinuaciones aún tanto o más peligrosas que una declaración terminante.

En la obra antes mencionada, se concretan ocho casos como ejemplos de "Pasajes problemáticos" como se los llama. Los damos acompañándolos de muy breves comentarios:

 

1. El reinado de Peka (2 R. 15: 27)

Que algunos dicen que comenzó en 739 a. de C., y que, según cómputos partiendo de esa fecha, no pueden ser los veinte años, como lo dice el texto.

2. El reinado de Ezequías (2 R. 18: 1),

Que ciertos "eruditos" dicen que tuvo lugar entre los años 715 - 686 a. de C., lo que no concordaría en tal caso con el texto que, se dice, "parece colocar el comienzo del reinado en 728 a. de C.

Comentamos: Ambos casos, como es evidente, son vistos por el crítico a través de cómputos de años que no son dados en la Biblia, sino que provienen de los intérpretes. De modo que todo dependerá entonces de cuál sea el método o sistema de computar que el intérprete emplee. El primitivo Diccionario Bíblico por W. W. Rand, contiene una tabla de los reyes de Israel y Judá, que concuerda con los datos de los textos. De modo que todo depende del sistema que se emplee. Es una cuestión que no tiene que ver con la Biblia, que no da las fechas, sino que tiene que ver con cómputos de hombres que bien pueden tener sus fallos. No hay problemas entonces, sino en los intérpretes.

3. Los "lugares altos" en Judá.

En 1 Reyes 15: 14 se afirma que "los lugares altos no se quitaron. En II Crón. 14: 5 se afirma que sí se quitaron. "Aquí hay, al parecer, una clara contradicción", concluye el relator.

Comentamos: no hay tal contradicción. Con sólo leer detenidamente los pasajes, se aclara satisfactoriamente el caso. En I Reyes 15: 14 se refiere a los "altos" que estaban en los bosques, fuera de las ciudades, como se lee en el v. 13; pero en II Crón. 14: 5 se refiere a los "altos" que estaban, no en los bosques, sino en las "ciudades" y de allí sí fueron quitados.

4. La cita de Jeremías en Mateo 27:9.

Es la profecía sobre las 30 piezas de plata, que el apóstol Mateo da como de Jeremías, siendo que, se dice, "en realidad parece haberse tomado de Zacarías 11: 13."

Comentamos: El apóstol Mateo basa su cita de Jeremías en la parte que corresponde "campo del alfarero" (Jeremías, cps. 18 y 19). Por eso dice Mateo: "Y tomaron las treinta piezas de plata, precio del apreciado, que fue apreciado por los hijos de Israel y las dieron para el campo del alfarero, como me ordenó el Señor." De modo que, aunque la profecía referente a las piezas de plata no está en Jeremías, sino parece ser la de Zacarías -aunque algunos intérpretes dicen que los detalles de Zacarías no concuerdan en todo sino sólo en la cantidad de las piezas de plata-, en cambio los datos sobre el "campo del alfarero" los provee Jeremías. Y el apóstol, por inspiración, tomó e interpretó Jeremías 18 y 19 sintetizando enseñanzas y aplicándolas al caso en foco. No hay, pues, problema.

5. El llamamiento de Abraham en el discurso de Esteban.

Hechos 7: 4, dice que Abraham "salió de la tierra de los caldeos y habitó en Harán; y de allí, muerto su padre, Dios le traspasó a esta tierra...". Al estudiar el relato de Génesis, dice el relator, "se deduce que Taré debió haber vivido en Harán por lo menos cincuenta años." Génesis 11: 26 nos dice que Abraham nació cuando Taré tenía setenta años de edad. De acuerdo con Génesis 12: 4, Abraham partió de Harán a los setenta y cinco años de edad. Por lo tanto, cuando Abraham salió de Harán, Taré habrá tenido como ciento cuarenta y cinco años de edad. Sin embargo, Génesis 11: 32 nos dice que Taré vivió en total doscientos cinco años. Por lo tanto, cuando Abraham salió de Harán, Taré debió haber vivido sesenta años más antes de morir. Esteban dice que Abraham salió de Harán después de la muerte de Taré; de acuerdo con el relato de Génesis, Taré vivió sesenta años más después de la partida de Abraham de Harán. Beegle dice que "ni el hebreo ni la Septuaginta apoyan la afirmación de Esteban". Hemos transcrito la entera cita para mostrar lo minuciosos que suelen ser algunos cuestionadores.

Comentario: Hay dos posibilidades para aclarar el caso. Que Abraham saliera y volviera luego para volver a salir una vez muerto su padre, lo cual cubriría el período que se presenta como diferencia. O bien, que Esteban no entró en el detalle preciso, sino que dio en su mensaje delante del Sanedrín, una declaración amplia y sólo descriptiva, en términos resaltantes, mostrando sólo puntos de relieve. Es correcto que la muerte de Taré ocurriera antes del traspaso desde el v. 1: "El Dios de la gloria apareció... y le traspasó" (v. 4). De modo que Esteban no hace referencia directa a lo que hiciera Abraham, sino a lo que hiciera Dios con Abraham. No hay real problema.

6. El lugar de la sepultura de Jacob en el discurso de Esteban.

En Hechos 7: 15, 16 se dice: "Así descendió Jacob a Egipto donde murió él y también nuestros padres, los cuales fueron trasladados a Sichêm y puestos en el sepulcro que compró Abraham a precio de dinero de los hijos de Hemor de Sichêm." Dice el relator: "Según Génesis 50: 13, Jacob fue sepultado en Hebrón (Mamre) en el campo de Macpela, el cual Abraham había comprado de Efrón el heteo (Gen. 23: 16 - 18). Por otro lado, José fue sepultado en Siquem en el campo que Jacob había comprado de los hijos de Hamor (Josué 24: 32). Beegle dice que, de acuerdo con Josefo (Antiquities II, 8, 2), todos los hijos de Jacob, excepto José, fueron sepultados en Hebrón. La evidencia del Antiguo Testamento y de la tradición sostienen esta afirmación. ¿Cómo se explica entonces la declaración de Esteban?"

Comentamos: Algunos aventuraron que se trata de errores de copistas. No lo creemos. Recuérdese que Esteban estaba hablando delante de judíos que conocían las Escrituras, como lo eran los miembros del Sanedrín encabezados por el príncipe de los sacerdotes (Hch. 7: 1) y ninguno de ellos le reprueba errores en su discurso. Esto vale también para el caso anteriormente comentado. De modo que pasamos entonces a tratar los dos elementos del caso propuesto: (1) la compra del sepulcro que Esteban dice haber sido hecha por Abraham, siendo que por Josué 24: 32 sabemos que compró Jacob; y (2) la sepultura de los padres de las tribus, que según Josefo fue realizada en Hebrón y no en Sichêm como dice Esteban.

En cuanto al primer punto, quizás Esteban usó allí el modismo de Filiación, muy común entre los hebreos, por el cual se menciona a veces el nombre del antepasado para significar un descendiente o viceversa y, por eso, no fue reprochado por el Sanedrín. Al mencionar "Abraham" puede -según la costumbre hebrea- referirse a uno de sus hijos o a uno de sus descendientes más lejanos. Otra posibilidad sería que también Abraham hubiera comprado lugar allí donde luego compraría igualmente Jacob, información que pudo existir en alguna otra fuente conocida de todos en tiempos de Esteban, pero que no disponemos nosotros, sea que se haya perdido, sea que en un futuro pueda ser hallada por nuevas investigaciones.

En cuanto al segundo punto, cabe hacer presente que Josefo suele ser cuestionado por muchas fuentes judías que acusan sus escritos como fidedignos y poco objetivos, en sus datos históricos. No necesitamos atarnos a Josefo. Preferimos, atarnos a las Escrituras. Y si bien no podemos, por el Antiguo Testamento, aseverar dónde fueron sepultados los padres de las tribus, podemos entonces pensar que el Señor reveló a Esteban esa información y nos llega a nosotros por su discurso ante el Sanedrín. No sería el único caso que hallamos en el Nuevo Testamento de revelación de hechos correspondientes a la historia del Antiguo Testamento. Por ejemplo: en 2 Timoteo 3: 8, leemos: "Y de la manera que Jannes y Jambres resistieron a Moisés", lo cual nos da los nombres de dos de los magos de Egipto, nombres que no hallamos en el Antiguo Testamento; y en Judas, verso 9, leemos: "Pero cuando el arcángel Miguel contendía con el diablo disputando sobre el cuerpo de Moisés, no atrevió a usar de juicio de maldición contra él, sino que dijo: El Señor te reprenda", relato que no hallamos en ninguna parte del Antiguo Testamento.

Finalmente, si se resisten las posibilidades que sugerimos, todavía cabe dejar el caso como asunto pendiente de mayor estudio e investigación, pero no codificarlo para "probar", ni siquiera para "insinuar" que la Biblia no es inerrable.

7. El canto del gallo y la negación de Pedro.

Copiamos: "En Marcos 14: 30, Cristo le dice a Pedro: "De cierto te digo que tú, hoy, en esta noche, antes que el gallo haya cantado dos veces, me negarás tres veces"... Esta misma secuencia y el recuerdo de Pedro de la predicción se encuentra en Mateo 26: 34, 74, 75 y Lucas 22: 34, 60, 61. Sin embargo, tanto Mateo como Lucas omiten las palabras "dos veces" y "segunda vez". Es decir, que ambos citan las palabras de Cristo de la siguiente manera: "antes que el gallo cante, me negarás tres veces". ¿Cuál de los evangelistas cita el incidente correctamente?"

Comentamos: Los tres citan correctamente. Aunque Mateo y Lucas dan la idea general del caso, Marcos, en cambio, puntualiza. Recuérdese que precisamente Marcos estuvo muy en contacto con el apóstol Pedro (1 P. 5: 13) y seguramente este le informaría de muchos hechos y dichos del Señor y de las propias experiencias del apóstol, de modo que luego, al escribir Marcos su versión del Evangelio, puntualizara algunos detalles -como el que nos ocupa- que los otros evangelistas no enfatizarían. Recuérdese que los tres primeros Evangelios se denominan precisamente por eso, como "sinópticos" y es bueno entonces complementar los relatos para tener la versión completa.

8. La duración de la esclavitud en Egipto de acuerdo con Pablo.

Copiamos: "En la epístola de Pablo a los Gálatas, "a Abraham fueron hechas las promesas... Esto pues os digo: que el pacto previamente ratificado por Dios para con Cristo, la ley, que vino cuatrocientos treinta años después, no lo abroga, para invalidar la promesa" (3: 16, 17). ...Sin embargo esta cifra (430 años) presenta un problema. Según Génesis 12: 4, Abraham tenía 75 años de edad cuando fue a Canaán; según Génesis 21: 5, tenía cien años de edad cuando Isaac nació; según Génesis 25: 26, Isaac tenía setenta años de edad cuando Jacob nació y según Génesis 47: 9, Jacob tenía ciento treinta años de edad cuando fue a Egipto. Sumando las cifras 25, 60 y 130, el resultado es 215, que fueron los años en Canaán. Exodo 12: 40 dice que el tiempo que los hijos de Israel habitaron en Egipto fue 430 años. De modo que el tiempo transcurrido desde la promesa de Dios a Abraham hasta la dádiva de la Ley en el Sinaí, fue de 215 años, más 430 años, lo que da un total de 645 años. El problema es evidente. ¿Sacó Pablo su información de otra fuente fuera del Antiguo Testamento o quiso decir otra cosa cuando dijo que eran 430 años? El problema se complica aún más cuando en Hch. 7: 6, Esteban dice que Dios había predicho a Abraham que su descendencia sería extranjera en tierra ajena y que los reducirían a servidumbre y los maltratarían por 400 años, cifra que es confirmada en Génesis 15: 13. A esto se añade la variante de la Septuaginta que traduce Exodo 12: 40 diciendo que el tiempo que los hijos de Israel habitaron en Egipto y en tierra de Canaán fue 430 años, asignando, así 215 años a Canaán y 215 a Egipto."

Comentamos: Quizá tenemos allí otro caso en que todo depende del punto de perspectiva que se tome y del método de computar. Hay diferencias entre distintos eruditos en cuanto a datar el tiempo de Abraham y la dádiva de la Ley. Unos datan a Abraham existiendo en 1996 a. de C., otros lo datan en 1700. La Ley es datada por unos en 1445, por otros en 1250/60.

Ateniéndonos a los datos estrictamente bíblicos y ello del original hebreo (descartando a la versión griega de la Septuaginta que no es autoridad en la materia), creemos que Pablo usó allí el modismo de filiación, poniendo a Abraham en lugar de alguno de sus descendientes, posiblemente Jacob, ya que también a éste Dios le hizo las promesas dadas a su abuelo Abraham y renovadas a su padre Isaac (Gén. 28: 14 y 46: 1 - 4), o sea, que bien pudo Pablo citar en modo general en cuanto a nombres aunque en modo literal en cuanto a los años ya que los 430 años por él citados concuerdan con la cifra que tenemos en el texto hebreo de Exodo 12: 40.

En cuanto a Esteban, no vemos el problema, pues la cifra que da de 400 años, según Hechos 7: 6, concuerda con la que tenemos en Génesis 15: 13, ambos versos dando el período en números redondos.

Creemos pues que debemos aceptar tal como Pablo lo expresa, y cualquier diferencia que pudiera establecerse con el nombre y la data de Abraham, absorberla por inexistente, aplicando el modismo de filiación: Abraham está puesto o mencionado en lugar de su descendiente, posiblemente Jacob.

Lo importante es mantener una actitud reverencial hacia las Sagradas Escrituras y no hacer tormentas en un vaso de agua, como suele decirse, ante la menor apariencia de diferencias de datas de fechas y de años, en los cuales la Escritura guarda silencio. Y cuando no lo guarda, y sin embargo, parecieran existir diferencias, buscar la armonización y no dar por sentado que allí se ha "descubierto" un error o contradicción en las Sagradas Escrituras. La experiencia de larga data ha demostrado en innumeras ocasiones que "la Biblia tenía razón".

Para cerrar estas consideraciones sobre objetores y objeciones, nada mejor que las palabras ya citadas, que son las expresadas por el Señor Jesús contestando precisamente a ciertos objetores (saduceos) que venían a presentar sus objeciones a las Escrituras. El Señor les dijo: "ERRAIS IGNORANDO LAS ESCRITURAS Y EL PODER DE DIOS " (Mt. 22: 29)

4. "Sola scriptura"

Sólo la Escritura: Inerrable, infalible, autoritativa, pues su total enunciado fue inspirado por el Espíritu Santo a sus escritores originales, a quienes el mismo Espíritu preservó de error en su cometido.

"Las palabras de Jehová, palabras limpias; plata refinada en horno de tierra, purificada siete veces" (Salmo 12: 6)

El contenido de ese texto bíblico es una verdadera mina de riqueza exegética, con cuya consideración cerraremos este tema. El mismo se divide, naturalmente, en tres partes: 1) "Las palabras de Jehová, palabras limpias"; 2) "plata refinada

en horno de tierra"; 3) "purificada siete veces". Examinémoslas en este mismo orden:

1) "Las palabras de Jehová, palabras limpias."

Esta es una declaración fundamental que, como es obvio, califica tanto genérica como particularmente a las palabras habladas personalmente por Dios mismo, como palabras limpias o sin mácula de ninguna especie. Pero: ¿cuáles son y dónde tenemos actualmente esas palabras? En el caso del Salmo 12 mismo, las hallamos expresamente citadas en el verso 5: "Por la opresión de los pobres, por el gemido de los menesterosos, ahora me levantaré, DICE JEHOVA: pondrélos en salvo del que contra ellos se engríe." Por lo tanto, es al verso 5, que el verso 6 alude y califica expresamente en este caso. ¿Qué deducidos de ello? Que la palabra hablada por Dios, palabras limpias, están registradas fielmente, de modo que palabra hablada y palabra escrita son, a una, palabras limpias. Y de ello da testimonio la misma escritura. No puede ser de otra manera, pues nos sería imposible llegar a conocer la palabra de Dios en forma escrita si los registros fuesen espurios.

Consecuentemente, la misma calificación cabe entonces a todos los registros escriturísticos, traten la materia que trataren, pues todos esos registros fueron, como ya ha sido demostrado en estudios anteriores, inspirados por Dios, lo cual garantiza su exactitud. Por eso afirmamos que toda la Biblia es la Palabra de Dios, sea que nos refiramos a las palabras directamente habladas por el Señor, sea que nos refiramos a palabras de ángeles y de hombres en ella registradas por escritores inspirados a así hacerlo. La Biblia, como documento, es por lo tanto inerrable en lo que registra, sea que registre lo bueno o lo malo, sea que documente palabras santas y acciones perfectas de Dios, sea que registre errores y pecados de ángeles caídos y hombres infieles. Esos son los únicos "errores" que tiene la Biblia: los errores, las mentiras y los pecados de los seres pecadores en cuanto los tales son los personajes propios de los registros exactos. Ningún ángel, ni arcángel, santos o rebeldes, ningún hombre, mencionados en las Escrituras, podrán argüir jamás que en éstas se ha documentado erróneamente sus palabras o sus hechos. Y en cuanto todo está allí por inspiración de Dios, luego, ese testimonio bíblico de palabras y hechos está avalado por el testimonio que Dios, como inspirador, tiene y da como testigo inapelable. Esto hace que la inerrabilidad de los escritos como testimonio de hechos históricos, se acompaña de la inerrabilidad de los escritos como testimonio que Dios da de esos mismos hechos. Dios no puede errar en ninguna manera, ni cuando habla ni cuando obra ni cuando inspira ni cuando controla ni cuando guía. La Biblia toda es, pues, la palabra limpia de Dios en todo cuanto registra.

Y Dios, que procuró inerrabilidad documentaria en cuanto atañe a ángeles y a hombres, ¿habría de incurrir en total descuido y permitir que se registraran erróneamente sus propias palabras y sus propios hechos? ¡JAMAS! Por lo tanto, cuando la Escritura dice: "En el principio crió Dios los cielos y la tierra", dice la exacta verdad. Y cuando cuenta cómo lo hizo, también. Allí no hay mitos, ni leyendas, ni fábulas, ni zaga, ni folklore, señores "críticos". Allí hay verdad histórica, testificada por Dios mismo. Allí y en toda la Biblia. "LAS PALABRAS DE JEHOVA, PALABRAS LIMPIAS."

2) "Palabra refinada en horno de tierra."

A la declaración fundamental ya considerada, acompaña ahora una figura comparativa, la de la palabra refinada en horno de tierra. Esto refiere y confirma que la aplicación de ese símil sólo puede aplicarse a la totalidad de las Escrituras como tales, como libro que, aunque inspirado por Dios, ha sido escrito por instrumentos humanos. Sólo al proceso por el cual la revelación e inspiración de Dios pasó a tomar forma escrita, cabe aplicar la figura. Sólo al método y manera en que Dios obró sobre, en y a través de los escritores escogidos para inspirarlos y guiarlos y controlarlos en su tarea, cabe la analogía. Son los hombres, los "vasos de barro" en los cuales el fuego del Espíritu Santo ardió para sacar, pura y limpia, la palabra de Dios. Sólo, pues, a instrumentos humanos puede referirse la figura. Dios no está sujeto a proceso alguno que admita ser ilustrado por tales metáforas. Pero sí los hombres por los cuales debió verterse, cual canales santificados, la preciosa Palabra de Dios. Esta, como la plata refinada, está libre de toda escoria o elemento ajeno a su propia naturaleza, lo cual declara libre de errores, contradicciones o inconsistencias, la pura Palabra, la limpia Palabra de Dios.

3) "Purificada siete veces."

Número que implica perfección espiritual (comparar Ap. 3: 1 con Is. 11: 2), nos habla de que esa "plata refinada", la Palabra de Dios, tiene también sonido distintivo y exclusivo que adquiere la plata como metal sujeto a tales procesos. Ese sonido es irreproducible e insuperable, no hay metal que lo imite ni domine, y en ello se nos dan unidos los conceptos de infalibilidad y de autoridad que son propios, únicos, exclusivos y excluyentes de las Sagradas Escrituras. No hay otro lugar donde podamos consultar hoy la Palabra de Dios en cuanto atañe a todos los asuntos de fe, doctrina y prácticas para los hijos de Dios. Las Sagradas Escrituras inerrables en sus registros, infalibles en sus enseñanzas, única autoridad para los Cristianos y para la Iglesia de Dios vivo, que es "COLUMNA Y APOYO DE LA VERDAD" (1 Tim. 3: 15).

Enseñadores de la Palabra tienen autoridad y aun un grupo de ellos, junto con otros hermanos exégetas y predicadores de la Palabra, tienen autoridad (Hch. 15: 1 - 32), siempre que, asistidos por el Espíritu Santo (Hch. 15: 28), estén sometidos a la Palabra de Dios inspirada por ese mismo Espíritu y así sus enseñanzas sean extraídas de o autorizadas por, las Escrituras; o las expresen e interpreten fielmente (Hch. 15: 15 - 17), sin quitarles ni agregarles, sin minimizarlas ni obviarlas, sin tergiversarlas ni contradecirlas, a fin de promulgar su Verdad, cualesquiera fuese el motivo o propósito de tal intelección o proclamación o magisterio (1. P. 4: 11).

"SOLA SCRIPTURA": "Toda palabra de Dios es limpia y escudo a los que en él esperan. No añadas a sus palabras, porque no te reprenda y seas hallado mentiroso" (Prov. 30: 6). "LAS PALABRAS DE JEHOVA, PALABRAS LIMPIAS." AMEN.

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