SÍNTESIS DOCTRINAL

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por Armando Di Pardo

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Lo que era desde el principio...Lo que hemos visto y oído, eso os anunciamos, para que también vosotros tengáis comunión con nosotros: y nuestra comunión verdaderamente es con el Padre, y con su Hijo Jesu-Cristo" (1ª Jn. 1:1,3).

"Amados, no creáis a todo Espíritu, sino probad los espíritus si son de Dios; porque muchos falsos profetas son salidos en el mundo. En esto conoced el Espíritu de Dios: todo Espíritu que confiesa que Jesu-Cristo es venido en carne es de Dios: Y todo Espíritu que no confiesa que Jesu-Cristo es venido en carne, no es de Dios; éste es el Espíritu del Anticristo, del cual vosotros habéis oído que ha de venir, y que ahora ya está en el mundo" (1ª Jn. 4:1-3)

"Cualquiera que se rebela, y no persevera en la doctrina de Cristo, no tiene a Dios: el que persevera en la doctrina de Cristo, el tal tiene al Padre y al Hijo. Si alguno viene a vosotros, y no trae esta doctrina, no le recibáis en casa, ni le digáis ¡bienvenido!" (2ª Jn. 9,10)

"Mas aún si nosotros o un ángel del cielo os anunciare otro evangelio del que hemos anunciado , sea anatema. Como antes hemos dicho, también ahora decimos otra vez: SI ALGUNO OS ANUNCIARE OTRO EVANGELIO DEL QUE HABÉIS RECIBIDO, SEA ANATEMA" (Ga. 1:8-9)

 

 

ÍNDICE

1. La Doctrina de Dios. Del Uno y Trino Dios.

1.1. La Persona y la Obra del Padre

1.2. La Persona y la Obra del Hijo.

a) Su Eterna Filiación.

b) Su Encarnación y Tentaciones.

c) Su Obra Expiatoria y Vicaria, sobre la Cruz del Calvario.

d) Su Obra Pos-Muerte

e) Resurrección Corporal del Señor.

f) Su Ascensión Corporal al Cielo; Su Ministerio Celestial y Su Futuro Retorno.

g) Más Excelencias del Señor Jesucristo.

1.3. La Persona y la Obra del Espíritu Santo.

a) Su Deidad.

b) Su Personalidad.

c) Su Obra.

d) El Espíritu Santo es Quién forma a la Iglesia del Señor y le da dones espirituales.

e) Semblanzas Bíblicas del Espíritu Santo.

2. La Santa Biblia.

a) Su Inspiración.

b) Su Canon.

c) Su Autoridad.

d) Su Interpretación.

e) Semblanzas Bíblicas de la Palabra de Dios.

3. De los Ángeles.

Ángeles santos.

Ángeles caídos.

4. De la Creación; del Pecado y su Condigno Castigo.

5. De la Salvación.

6. De la Justificación y Reconciliación.

7. De la Regeneración

8. De la Adopción.

9. De la Santificación.

10. De las Buenas Obras.

11. De la Vida Futura.

12. De la Muerte y del Estado Intermedio.

a) De la Muerte.

b) Del Estado Intermedio de las almas de los Salvados.

c) Del Estado Intermedio de las Almas de los Impíos.

13. De la Esperanza Bienaventurada del Creyente: El Advenimiento Corporal del Señor Jesucristo, o Segunda Venida del Señor.

A) Primera Etapa, antes de la Tribulación.

B) Acontecimientos en la Tierra, luego del Arrebatamiento.

C) Segunda Etapa de la Venida de Cristo. (Al final de la Tribulación)

D) El Reino Milenial.

14. De los Acontecimientos Posteriores al Milenario.

15. De la Segunda Resurrección y del Juicio Final.

16. De los Nuevos Cielos y la Nueva Tierra.

17. De la Iglesia.

18. Del Bautismo.

a) En cuanto a su importancia.

b) En cuanto a su significado.

19. De la Cena del Señor.

20. Del Día del Reposo.

 

La Doctrina Bíblica de la Separación

Aspectos personales en la vida del creyente

Aspectos de Separación Eclesial Bíblica o en orden a la Iglesia de Cristo.

Separación de costumbres casuísticas o pragmáticas (el fin justifica los medios).

La Doctrina Bíblica de la Unidad Cristiana

 

Síntesis Bíblica de Propósitos, Doctrina y Prácticas de la Iglesia Cristiana Evangélica

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1. La Doctrina de Dios. Del Uno y Trino Dios.

Reverentemente, afirmamos con las Sagradas Escrituras, que hay un solo Dios: el Único y Eterno Dios Vivo y Verdadero.

Is. 45:21,22; Gn. 21.33 y Dt. 33:27;1ª Ti 2:5; 1ª Ts.1:9; 1ª Ti.6:16

El Eterno Dios es Uno en Esencia, la cual es Espíritu (Jn. 4:24); y es Trino en Personas: El Padre, El Hijo, y El Espíritu Santo. La Sustancia, por ser Espíritu, es Indivisible y subsiste plenamente en las Divinas Personas, que son inconfundibles.

Dt. 6:4 comparar Jn. 10:30; Mt. 3:16, 17 y 28-20; 1ª Jn.5:7,8

Nm. 6:27 comparar con 2ª Co. 13:13 (Ver Sección 1.1. La Persona del Padre)

Por Su Unidad Sustancial, las Divinas Personas poseen los mismos Atributos y la misma Absoluta Perfección, por lo cual no están sujetas a desarrollo progresivo alguno. Dios es Perfecto y por ello, Ónticamente (o en Su Ser), es Inmutable.

Ex.3:14; Mt 5:48; Stg.1:17; Jn.5:18.21,26; He. 9:14; He. 13:8; Ap.1:8

Dios es el Único Creador, Sustentador, Soberano Señor y Regidor de todos los seres y las cosas, visibles e invisibles.

Gn. 1:1; Neh. 9:6; Jer. 31:35,36 y 33:25,26; Col.1:16,17; Ap. 4:11

Sólo a Dios adoramos "en Espíritu y en verdad" (Jn. 4:24).

Ex. 20:1- 7; Lc. 4:8; Jn 4:23 comparar 5:23 y 9:35-38; Ro. 1:18-25; Ap. 22 8,9.

1.1. La Persona y la Obra del Padre

Las Escrituras revelan que Dios es Eterna Fuente de Vida, cuyas aguas nos son dadas por El Padre a través del Hijo y del Espíritu Santo, Sus Eternas Corrientes.

Sal. 36:8,9; Is. 12:2-6; Jer. 2:13; Jn. 5:26 comparar Jn. 4:10 y Jn. 7:37-39.

Tal divina secuencia indica que existe en la Deidad un Orden de Prelación en el cual El Padre es siempre Primero, siguiéndole naturalmente El Hijo y El Espíritu Santo, sin que ello afecte a la Una Sustancia eterna ni a la Co-igualdad e Integridad de las Divinas Personas. La locución latina "Primus inter Pares" (Primero entre iguales), ilustra adecuadamente el caso. Ese Orden de Prelación es Eterno pues El Padre es Quién "genera" al Hijo y del Padre "procede" El espíritu Santo (Jn. 6:57 a.; Jn. 15:26)

El Primado Paterno y la reverencial y eterna subordinación del Hijo y del Espíritu Santo (no de esencia sino de Personalidad), se muestra en el hecho de que es El Padre Quién envía al Hijo y al Espíritu Santo y da la Palabra y obra, sin que nunca sea enviado de Ellos.

Jn.10:29,30 comparar Jn. 12:45,49 y 14:28. Jn. 14:24; Jn. 5:17-20; Jn. 14:26 y 16:33.

El Padre es revelado como Eterno (Dt. 33:27 a., comparar Sal. 135:13); Santo (Jn. 17.11); Justo (Jn.17:25); Perfecto (Mt. 5:48); Misericordioso, Consolador, Piadoso (Lc. 6.36; 2ªCo. 1:3 comparar Is.66:13 y Stg. 5:11); Soberano (Sal. 135:5,6; Stg. 1:18), Padre de Amor (Jn. 3:16; 1ªJn. 4:8-10 y v. 19; comparar Jn. 16:27) y de Gloria (Ef. 1:17)

Tanto el Plan de la Creación como el de la Redención, son del Padre, Quién, los preside y lleva a cabo con y/o por medio del Hijo y del Espíritu Santo.

Creación: Gn. 1:1,2,26; Jn.1:1-3; 1ª Co. 8:6 y Col. 1:15-17 comparar He. 1:2.

Redención: Jn.3:16 comparar con Ef. 1:3-11, 2ª Co. 5:18-21 y Col. 1:12-14; Jn. 6:37,44,65 comparar Jn. 10:27-29; Jn. 1:12,13 y 1ªJn. 3:1 junto con Ga. 4:4-7.

Por la Obra de la Creación original, las escrituras lo presentan como Padre de los ángeles y por implicación, del hombre.

Job 1:6 y 2:1; comparar Job 38:7; Lc. 3:38; Is. 57:16, comparar He. 12:2b.

Padre del pueblo de Israel.

Os. 11:1; Dt. 14:1; Sal. 89:26.

Por la Obra de Redención que es Cristo y por la engendración del Espíritu Santo, es Padre de todos los renacidos.

Ef. 1:7; Jn. 1:12, 13; 1ª Jn. 3:1.

La Eterna Elección de los salvados es del Padre. El Eterno Padre, antes de la fundación del mundo vio en Su Presciencia a todas las almas ante el Hecho de la Cruz y en Su Soberanía y Justicia, escogió "en Cristo" para ser Suyos para siempre a todos aquellos que convictos de pecado y viendo su perdición, clamarían por Misericordia. A éstos predestinó a ser salvos, santos y sin mancha delante de Él en amor, por el arrepentimiento y la fe en Cristo; y a ser engendrados Sus hijos por El Espíritu Santo.

Ez. 18:4; 1ªP. 1:1,2; Sal. 51:17; Hch. 2:37,38; Hch. 13:48; Ef. 1:1-14; Hch. 20:21; Ef. 2:8-10; Jn. 3:1- 16; Stg. 1:18; comparar Mt. 25:34, 46b.

Los impenitentes quedan condenados para siempre: Ro. 2:4-11; Jn. 3:14-21; 2ª Ts. 2:7-12; He. 10:26-31; Jud. v. 4-7; comparar Mt. 25:41,46.

El Padre puso al Hijo por Cabeza de la Iglesia: Ef. 1:22,23.

Al Padre elevamos nuestras oraciones en el Nombre del Hijo.

Mt. 7:11 comparar Jn. 14:14 y 16:23; comparar Stg. 1:17.

El Padre glorifica al Hijo y a la vez es glorificado en El Hijo y por El Hijo.

Jn. 8:54 y Jn. 14:13; Jn. 17:4.

Al final de los tiempos, vencido todo enemigo, El Hijo entregará el Reino al Padre y el Padre será todas las cosas en todos.

1ªCo. 15:23-28.

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1.2. La Persona y la Obra del Hijo.

Reverentemente, confesamos la Deidad Esencial y Propia del Señor Jesucristo, Hijo Eterno de Dios, Segunda Persona de la Santísima Trinidad. (Mt. 1:1; Tit.2:13,14 y 3:4; Jn. 10:30 y 14:28).

a) Su Eterna Filiación.

Creemos que El Señor es el Hijo Eterno de Dios.

Esto implica que "Unigénito" tiene una doble aplicación:

I. Al hecho histórico del nacimiento virginal de Cristo. (Ga. 4:4)

II. Al hecho eterno en el cual El Padre, en el santo seno de la Deidad Inmanente (o en Sí Misma), donde todo es Eterno y tiene dimensión de Eternidad, genera eternamente, de Su Misma Sustancia Una, Eterna e Indivisible, la Subsistencia Personal del Hijo. (Jn.10:30).

No es una "creación" ni un "principio" cronológico del Hijo.

Es la necesaria expresión personal del efluvio de una Filialidad eternamente inmersa en las profundidades espirituales de la Deidad; en cuyo santo seno se hallan las Bases Espirituales Eternas del Insondables Misterio del Dios Uno y Trino, a Quién postrado, adoramos.

Jn. 1:18 comparar Sal. 2:7,12 y He.1:1-10; Sal. 95:6.

El Hijo es pues Eterno: en Sustancia, la misma del Padre, con Sus Atributos y Perfecciones; y en Filialidad, eternamente engendrada del Padre en el Seno Divino.

1) Los Atributos de Eternidad, Perfección e Inmutabilidad Divinas, prueban la eterna Filiación del Señor.

"Yo Soy El Que Soy", dijo Dios (Ex. 3:14), con ello se define a Sí Mismo como Eterno, Perfecto y Ónticamente Inmutable. (Ver Dt. 32:4; Sal. 102:27; Mal. 3:6)

Luego, también lo son las Tres Personas de la Una Deidad; y Son Quiénes Son: Padre, Hijo y Espíritu Santo, desde siempre y para siempre. (Sal. 90:2; Mt. 5:46; Stg. 1.17; Jn. 15:26) el Hijo es, pues, el Eterno Hijo del Eterno Padre.

La Encarnación y resurrección del Señor, en las que fue llamado y declarado "Hijo de Dios" (Lc. 1:35; Ro. 1:4), no afectan Su Eterna Filiación. De hecho, la confirman, pues la incorporan, reciben de su plenitud y manifiestan, en y a través de Su Naturaleza Humana, por eso engendrada divinamente y vitalmente unida a la Divina en la Una Persona Teantrópica (Divino- Humana) la cual es Cristo. (Jn. 1:1, 14; Col. 1:17, 19 y 2:9).

2) Cristo mismo establece Su Eterna Filiación.

"Todas las cosas me son entregadas de mi Padre: y nadie conoció al Hijo, sino el Padre; ni al Padre conoció alguno, sino el Hijo, y aquél a quien el Hijo lo quisiere revelar". (Mt. 11:27)

El Señor define allí actos personales: el Padre entregando y el Hijo recibiendo; y alude a un conocimiento mutuo tan eminente y exclusivo, que sólo puede serles propio por Su Naturaleza y Personalidad Divinas.

Su Naturaleza Humana no lo poseía de por sí, pues de ella se nos dice que "crecía en sabiduría" (Lc. 2:52) y el mismo Señor dijo no saber el día y hora de Su próxima venida (Mr. 13:32 comparar Hch. 1:7).

En su Oración Pontifical Cristo dijo: "Padre, glorifícame Tú cerca de Ti mismo con aquella gloria que tuve cerca de Ti antes que el mundo fuese" (Jn. 17.5); y más adelante: "Las palabras que me diste les he dado; y ellos las recibieron y han conocido verdaderamente que salí de Ti y han creído que Tú me enviaste" (v. 8)

El Señor, sólo como Eterno Hijo de Dios podía rogar por la gloria que tenía cerca del Padre "antes que el mundo fuese"; y sólo como Hijo conciente de Su Eterna Filiación, podía decir: "Salí de Ti" y "Tú me enviaste"

Conclusión: la fraseología de "Padre" e "Hijo", refiere aquí a ambos como Personas Eternas, que por serlo se conocen en perfección (Jn. 8:54-58). Y esto define al Hijo, a través de Sus propias palabras, como El Eterno Hijo del Eterno Padre.

Véase también en este contexto, las siguientes Escrituras:

Gn. 32:29,30 y Jue. 13:18 comparar Pr. 30:4, comparar Dn. 3:25.

Sal. 2:7 comparar Jn. 1:18 y He. 1:2, 8. Jn. 10:36; Jn. 17:24; Col. 1:15-17.

3) Dos axiomas teológicos, confirman la Eterna Filiación de Cristo.

(i) Eterno Padre, requiere Eterno Hijo. (Los puntos anteriores lo prueban).

(ii) Solo Una persona Divina, puede ver, conocer y revelar a las Otras Personas Divinas.

                    Mt. 16:16,17; Ga. 1:15,16; Jn.1:18; Jn.8:38; Jn. 16:13-15; 1ª Co. 2:9-16.

b) Su Encarnación y Tentaciones.

El Señor Jesucristo es Dios eterno Humanado.

1ª Ti. 3:16; Jn.1:1-4 y 14,18; Mt. 11:27; Jn.14:6-11.

Jn. 8:23, 42 y 54-58; Jn. 17:1-5 y 24.

Su Encarnación, complementa en la Tierra, el "anonadamiento" del Hijo Eterno obrado en el Cielo, Quién se despojó de la Gloria de Su "Forma de Dios" para tomar "la forma de siervo" que es la forma humana. (Fil. 2:5-11 comparar He. 2:14-17)

Quien niegue la Encarnación del Señor, es falso profeta, gobernado por el espíritu del Anticristo. (1ª Jn. 4:1-3).

Su impecable humanidad, fue concebida divinamente por mediación del Espíritu Santo, en la bienaventurada virgen María.

Is. 7:14 y 9:6, Lc. 1:26-38; Mt. 1:18-25; Ga. 4:4, comparar Mr. 14:60-62.

Fue tentado en todo, según nuestra semejanza, pero sin pecar jamás. Sus tentaciones no fueron subjetivas u originadas en Sí mismo. Él era santo, sin mácula de pecado.

Las tentaciones le venían pues desde afuera, del Diablo, de los demonios y de los hombres. Su Victoria consistió en discernirlas, decidir ejercer su facultad de "puedo no pecar", (cosa que Adán no hizo en el Edén), y resistirlas o rechazarla. Así el Señor se mantuvo en estado de impecabilidad o en la condición de "no poder pecar". Triunfante, es poderoso para socorrer a los que son tentados.

Mt. 4:1-11 comparar Lc.4:13 y 22:28.

Ro. 8.3; He. 2:16-18 y cap. 4:15; Jn. 14.30; He. 7:24-28.

c) Su Obra Expiatoria y Vicaria, sobre la Cruz del Calvario.

El derramamiento de Su preciosa Sangre y Su muerte sobre la Cruz, dándose a Sí mismo en precio del rescate por todos, constituyen Su Obra Expiatoria para con Dios y Vicaria a favor nuestro (1ªTi. 2:6). Su Sangre y Su Muerte fueron necesarias.

(1) Su Sangre

Dios, por designio creativo, dio a la sangre un valor físico y metafísico.

Físico, o con relación al cuerpo, porque la sangre es la vida de la carne. (Gn. 9:4).

Metafísico, o con relación al espíritu y al alma (Gn. 2:7) porque la sangre por ser la vida de la carne, permite a nuestro ser racional morar en el cuerpo y usarlo para su plena realización. (Lv. 17:14; Gn. 1:26-28; Gn. 2:8-17). La sangre pues, el elemento medianero vital, en toda acción y actividad sicosomática (espiritual-corporal).

Por tal designio, la sangre tuvo parte en la caída del hombre, pues Satanás, por la tentación, logró que el alma transgrediera toda ley y designio, y usara el cuerpo para pecar contra Dios (Gn. 3:6). La sangre, allí, facultó vitalmente al cuerpo y a la vez, fue nexo medianero vital en esa acción sicosomática pecaminosa.

Dios, en Su Justicia, castigó con la muerte o separación; y en Su Sabiduría y Misericordia, estableció en la sangre el designio de expiar el pecado, con lo cual redimía al pecador, vindicaba el designio original de la sangre y derrotaba a Satanás.

"Porque la vida de la carne en la sangre está: y Yo os la he dado para expiar vuestra persona sobre el altar" (Lv. 17:11). La Justicia exige derramar la "Vida" o sea la sangre; la Misericordia, al decirse "sobre el altar", provee un "sustituto" para ello, ofrecido en sacrificio a Dios, en lugar y en favor del pecador.

Un sustituto es exigido porque el pecador no puede redimirse a sí mismo. Su sangre está bajo pecado; sólo produce muerte, pero no destruye al pecado que la produce; no sirve pues para expiación y sólo evidencia la victoria del Diablo. (Sal. 49:1-12)

La sangre de animales sustitutos, sacrificados según el Antiguo Testamento, era insuficiente: no tenía valor humano ni santidad moral. Dios mandó ofrecerla, sólo como tipo y figura de la sangre que Dios mismo, en Su Gracia, había ya predestinado para obrar una perfecta expiación: ¡La Sangre de Su Hijo! (He. 9:1-14; 10:5-10).

Cristo es el Cordero de Dios, "sin mancha y sin contaminación, ordenado desde antes de la fundación del mundo". (Jn. 1:29; 1ª P. 1:18-20).

Su sangre es "preciosa": no tenía herencia de pecado y siempre fue el nexo medianero vital del uso santo que Cristo hizo de Su cuerpo. (1ª P. 2:22). Por tal santidad y relación metafísica incontaminada, era la única con virtud intrínseca para ser derramada en propiciación y deshacer al mismo tiempo al pecado. (1ª Jn. 2:2; He. 9:26). Por eso: "Jehová cargó en El, el pecado de todos nosotros" (Is. 53:6). Esto no es simbólico sino un hecho literal.

Pero: ¿"Qué es" el pecado, esencialmente, para que pueda ser "cargado en Cristo"? Solo conocemos sus efectos y por eso sabemos que está allí, dentro nuestro (Mr. 7:20-23). Pablo lo llama "aguijón" mortífero (1ª Co. 15:56). Es pues como un "virus" moral letal y filtrable; un "imponderable" nocivo espiritual. Se originó en un querubín o ángel superior (Is. 14:12-14; Ez. 28:13-19), quién, a través de su palabra mentirosa, lo infiltró en el hombre (Jn. 8:44). Proviene pues de una "dimensión" angelical, que es mayor que la humana (Sal. 8:5), por lo cual no puede ser "aislado" ni destruido por el hombre. Solo Dios, a cuyos ojos "todas las cosas están abiertas y desnudas" (He. 4:13), puede "ver" la real esencia del pecado y "cargarlo" en Su Hijo, sobre la Cruz.

Por el designio de la relación metafísica de la sangre, esta fue elegida por Dios como el lugar de confrontación. El Señor, sobre la Cruz, con el Poder Inmune de Su Santidad, enfrentó al pecado que a Su sangre fue traído, ¡y lo deshizo! (Is. 44:22).

Esa obra por El Señor "en" y "con" Su sangre, no hubiera sido posible "sin" Su sangre. Por eso las Escrituras hablan indistintamente de la sangre como de la obra hecha "en" y "con ella"; y las identifica como siendo una misma cosa. Así leemos: fe "en" Su sangre (Ro. 3:25); santificados "en" Su sangre y "por" Su sangre (He. 10:29 y 13:12); nos lavó "con" Su sangre y nos hizo "reyes y sacerdotes" (Ap. 1:5,6); y "por" Su sangre tenemos redención (Ef. 1:7), paz con Dios (Col. 1:14, 19, 20), libre acceso al Santuario Celestial (He. 10:19-22), victoria sobre Satanás (Ap. 12:11); y "la" sangre nos limpia de todo pecado (1ªJn. 1:7). "Por" Su sangre, El Señor ganó a Su Iglesia; hizo cercanos a los gentiles y derribó la pared intermedia de separación judío-gentil, estableciendo el nuevo hombre o la nueva criatura. (Hch. 20:28; Ef. 2:11-22; Ga. 6:15). ¡Preciosa sangre del Señor! ¡Ay de quién la tenga por inmunda! (He. 10:29).

(2) Su Muerte

"La paga del pecado es muerte". (Ro. 6:23 a).

El pecado acarreó dos clases de muerte: espiritual y física. Muerte espiritual, o separación de Dios (Ro.3:23), es el castigo del delito de la rebelión y desobediencia al Señor (Gn. 2:16,17). Muerte física, o separación del espíritu/alma del cuerpo, es el castigo del delito de haber usado al cuerpo para pecar (Gn. 3:6 y vs. 17-19).

El Señor Jesucristo murió ambas muertes por nosotros:

1. La muerte espiritual, (o separación de Dios), sobre la Cruz misma, cuando fue hecho pecado y maldición por nosotros (2ªCo.5:21 y Ga. 3:13). Allí la espada de la Justicia de Dios, le hirió en el lugar Santísimo de la Unidad Esencial entre Su Naturaleza Divina y Su Naturaleza Humana; y El Padre escondió de Él Su rostro (Zac. 13:7, comparar He. 4:12; Is. 53:3-5). Su espíritu humano, en el paroxismo de ese dolor, clamó: "Dios mío, Dios mío ¿Por qué me has desamparado?" (Mt. 27:46 comparar Lm. 1:12).

La Persona Teantrópica (Divino-Humana) unida en la Encarnación, es separada sobre la Cruz. Separación real y de valor eterno aunque momentánea, pues luego, antes de expirar, llama "Padre" nuevamente a Dios, prueba de que la separación había cesado.

2. La muerte física que ocurrió cuando Jesús, "clamando a gran voz, dijo: Padre encomiendo mi espíritu. Y habiendo dicho esto, expiró" (Lc. 23:46)

(3) Unidad y Distinción, Sangre-Muerte, en el Un Sacrificio de Cristo.

Sobre la Cruz, la muerte no advino por el derramamiento de la sangre ni por rotura del corazón, sino cuando el propio Hijo de Dios, encomendó Su espíritu en las manos del Padre y luego en un acto definido de Su voluntad, -(así lo indica el sentido del original Griego)-, dio Su espíritu. (Mt. 27:50; Lc. 23:46 comparar Jn. 10:17,18)

Tal hecho, prueba que debe hacerse una distinción entre el derramamiento de Su sangre y Su muerte, aunque sin separarlos en el Un Sacrificio Expiatorio y Vicario.

He aquí la distinción: (i) Solo Su sangre trató al elemento "pecado" y lo deshizo y limpió, al tiempo que era derramada en propiciación. (He. 9:22b. y v. 26; He. 12:24; 1ª Jn. 2:2); (ii) Solo Su muerte -la espiritual y la física como un todo-, llevó la culpa y el fruto del pecado, pagó su castigo, y fue para Dios olor suave (Ef. 5:2).

Ambos hechos son exigidos a un solo efecto expiatorio y vicario; y solo Cristo los obró sobre la Cruz: allí "llevó nuestros pecados en su cuerpo sobre el madero" (1ª P. 2:24a), y los limpió con Su sangre (Is. 1:16, 18; 1ª Jn. 1:7); y allí pagó las consecuencias y el castigo del pecado, murió por nosotros y al hacerlo, destruyó al Diablo, que tenía el imperio de la muerte. (Ro. 5:6-8; He. 2:14-17).

Conclusión: Su sangre y Su muerte, son imprescindibles. Cada elemento se distingue del otro, pero sin separarse; cada uno tiene su función específica, pero no se disocian; y ambos concurren, -sin confundirse-, al mismo Un Acto Sacrificial y Expiatorio para con Dios, y Vicario a favor nuestro.

¡Ay de quien tenga en poco, una salvación tan grande! (He. 2:3).

d) Su Obra Pos-Muerte

Su Espíritu, en las manos del Padre, sube al Cielo. Allí, cumple todas las figuras que de Él fueron dadas en el Pontífice Levítico, el cual, una sola vez al año, en el Día de la Expiación, entraba al Lugar Santísimo del Templo terrenal para rociar la sangre del animal sustituto que acababa de sacrificar sobre el altar. (Lv. cap. 16).

Así El Señor, inmediatamente después de Su sacrificio vicario sobre la Cruz, entró al Santuario Celestial para esparcir Su propia sangre ante el Trono de la Gracia, una sola vez y para siempre, en Testimonio y Memorial Eterno. (He. 9:1-12 comparar v. 24; He. 12:22-24; comparar Ap. 5:6-14).

Luego fue al Paraíso, conforme la promesa dada al ladrón penitente (Lc. 23:43; comparar 2ª Co. 12:1-4).

De allí desciende al abismo, para reclamar la victoria de Su Cruz sobre todo poder del enemigo (Ef. 4:9 y 1ª P. 3:18-22). En Job 28:22, se nos da un cuadro profético de ello, pues hablando de la sabiduría Divina, que el Nuevo Testamento refiere a Cristo (1ª Co. 1:24; Col. 2:2,3), leemos:

"El infierno y la muerte dijeron: su fama hemos oído con nuestros oídos".

"Infierno", en el original hebreo, lee "Abbadon" (Destructor), nombre que en Apocalipsis 9:11, se da al rey de los demonios del pozo del abismo o sea, a Satanás. Todos ellos, sean los que están en prisiones de oscuridad u otros (Jud. vs. 6,7; Lc. 8:23-33), debieron postrarse ante El Señor (Ver Mt. 4:8-10 con Is. 45:23,24 y Fil. 2:9-11). Cristo despojó a los principados y potestades malignos de su señorío y dominio y los sacó a la vergüenza en público (Col. 2:15 comparar Dn. 10: 2-13 y vs. 20,21; Ef. 6:12 ).

Y tiene las llaves del infierno y de la muerte (Ap. 1:17,18).

Finalmente, al tercer día, va al sepulcro, en busca de su cuerpo yacente, que debía ser resucitado (Mt. 16:21).

e) Resurrección Corporal del Señor.

"El aguijón de las muerte es el pecado" (1ªCo. 15:56). Destruir al pecado es pues vencer a la muerte. La sangre de Cristo lo hizo (Ver Sección (c), parte (1) Su Sangre ). Esa victoria de Su sangre es pues el Fundamento Legal de Su resurrección corporal.

En efecto: Cristo no murió por causa de pecado propio, pues nunca pecó; y los pecados nuestros fueron puestos sobre Él, fueron deshechos por Su sangre; de modo que cuando Su cuerpo muere, lo es en estado de santidad. La muerte entonces, no tenía derecho legal alguno para retener el cuerpo santo del Señor, quien por la misma razón, tenía todos los derechos para levantarlo de la tumba. Por eso, Cristo mismo predijo que lo haría (Jn. 2:18-22; Jn. 10:17,18); cosa posible, en cuanto a derecho legal, por la obra de Su sangre; y en cuanto al Poder para hacerlo, por Su Unidad Esencial Trinitaria con El Padre y El Espíritu Santo, todos actuantes en la resurrección (Ef. 1:17-21; Ga. 1:1; Ro. 1:4 y 8:11). El Dios Trino, ejerce Su Atributo Natural de Omnipotencia, alabado en la armonía de la Deidad por el Atributo Moral de Su Justicia, y el cuerpo yacente de Cristo es levantado triunfante de la muerte, en Cuerpo de Gloria que no puede más morir (Hch. 2:22-32; Ro. 6:9; Fil. 3:20,21).

El Cristo que es Vida (Jn. 14:6), es ahora "muerte de la muerte" (Os. 13:14), y Su Victoria quedó por siempre sellada, en las cicatrices eternas. (Jn. 20:24-28).

Esas marcas eternizaron en ellas el hecho de la Cruz, e identificaron al cuerpo de la resurrección, como el mismo cuerpo que fue crucificado y sepultado. Esto prueba que la resurrección corporal del Señor, fue una experiencia sustantiva, de carácter físico absoluto, comprobable y comprobada. (Lc. 24:1-6 y vs. 36-46). (*)

El cuerpo resucitado de Cristo no está limitado a la dimensión espacio, tiempo, gravedad o materia, como nosotros lo estamos. Su cuerpo, siendo físico, es sin embargo "cuerpo espiritual" (1ªCo. 15:44), con una estructura corporal sublimada, engendrada de Dios (Ro. 1:4 comparar Ro. 8:11,23 y He. 7:26 última cláusula), cuya textura le permite traspasar los vendajes con que fue sepultado; entrar en aposentos con puertas cerradas; desaparecer instantáneamente de la vista humana y, a la vez ser compacto, palpable y apto aún para ingerir alimentos naturales. (Jn. 20:1-7 y vs. 19,20; Lc. 24:28-46; Jn. 21:1-14; comparar 1ª Jn. 1:1).

En el orden cósmico, la resurrección de Cristo es la respuesta de Dios a la necesidad de salvación de la materia, que, desde la caída, gime en las criaturas sub-humanas y en el universo material, mientras esperan la bendición en el Milenio (Is. 11:1-9), y la libertad gloriosa de los hijos de Dios (Ro. 8:19-25). En la universal, el fin de lo presente y el nuevo Cielo y la Nueva Tierra (2ª P. 3:12,13; Ap. 21:1).

En cuanto a la redención, la resurrección de Cristo es base Inconmovible de la Fe (1ª Co. 15:12-58 comparar Hch. 17:31); y es la garantía de la resurrección corporal de todos los salvados por la fe en Su sangre, que serán resucitados y/o transformados en cuerpos semejantes al Cuerpo de Su Gloria, en Su Venida (1ªCo. 15:20; Fil. 3:20,21). En anticipo, se nos dice que Dios "nos dio vida juntamente con Cristo y juntamente, nos resucitó y nos hizo sentar en los Cielos con Cristo Jesús". (Ef. 2:4-7).

f) Su Ascensión Corporal al Cielo; Su Ministerio Celestial y Su Futuro Retorno.

Creemos que El Señor Resucitado fue visto por mujeres piadosas a quiénes encomendó ir y dar las nuevas a los apóstoles. (Mt. 28:1-10; Lc. 24:10; Jn. 20:11-18).

Inmediatamente subió al Cielo para presentarse al Padre (Jn. 20:17), Quién le invistió de Todo Poder en el Cielo y en la Tierra, como primer gran galardón de Su Victoria (Mt. 28:18; Ef.1:19-23 comparar Fil. 2:9-11; y contrastar con Lc. 4:5-8).

Bajó luego al mundo y por cuarenta días apareció "con muchas pruebas indubitables" a los apóstoles y discípulos aparejados por Dios como testigos de ello (Hch. 1:3; Lc. 24:13-44; Jn. 20:19-29; Jn. 21:1-22; 1ª Co. 15:3-7).

Les dio sus últimas enseñanzas y el mandato de ir por todo el mundo y predicar el Evangelio a toda criatura, enseñándoles todo cuanto Él había mandado; y prometió estar con los suyos "todos los días" "hasta el fin del mundo". (Mt. 28:18-20; Mr. 16:15-18; Lc. 24:45-48).

Finalmente, les mandó asentar en la ciudad de Jerusalem hasta ser vestidos de potencia de lo Alto, con la virtud del Espíritu Santo Él les enviaría desde el Cielo. (Lc. 24:49; Hch.1:8).

1. Desde el Monte del Olivar, ascendió corporalmente al Cielo. Esto prueba que el Cielo es literalmente "un lugar" y no meramente un "estado" o "condición" metafísicos o de "elevación espiritual", etc. (Jn. 14:1, 2).

"Fue alzado" y "recibido arriba" (Hch. 1:2 y v. 9); y el Padre lo sienta a Su Diestra en Su Trono, como Pontífice Eterno según el Orden de Melchisedec. (Sal. 110).

"Melchisedec", Rey y Sacerdote del Dios Alto (Gn. 14:18-20), es figura de Cristo y no una "preencarnación" de Él. Se interpreta como "rey de Justicia" y "rey de Paz" (He. 7:1,2), lo cual refiere a la Obra de Cristo crucificado (2ª Co. 5:21; Ef. 2:14 a.; Col. 1:20; Ro.5:1). Su Sacerdocio (anterior en mucho al Levítico), representa un Orden Eterno (Sal. 110:4; He. 7:21), pues no caduca por la muerte física del Sacerdote. Por lo tanto el Único Pontífice es Cristo Resucitado, cuyo Pontificado no es transferible a persona alguna ni delegable en Su autoridad (He. 7:23,24). Melchisedec, ofreció "pan y vino" a Abraham, lo cual completa la figura, que apunta a Cristo instituyendo los símbolos de Su Cuerpo y Su Sangre ofrecidos en la Cruz. (1ª Co. 11:23-26).

El "Orden de Melchisedec", es pues el "Orden Vía Crucis" o por vía de la Cruz, que viene "de antes de la fundación del mundo" (1ªP. 1:18-20), y tiene a la Cruz por fundamento. Precisamente, las primeras palabras de la Cruz: "Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen" (Lc. 23:24), dichas con el primer brotar de la sangre del Crucificado, muestran que Su Sangre es el Fundamento de Su Ministerio Intercesor.

Quien fue Pontífice Sufriente sobre la cruz, es el único que tiene el derecho de ser Pontífice Intercesor Triunfante y Eterno, en el Trono Celestial.

2. Durante diez días, (contados terrenalmente ), mientras los apóstoles y discípulos oran y esperan en el aposento alto de Jerusalem (Hch. 2:12-14); El Señor, en el Gran Aposento Alto y Santísimo del Cielo (Is. 57:15 a.b.), recibe la Honra y la Gloria que por su Obra en la Cruz, se merece. Sentado a la Diestra del Padre, goza el sublime gozo que le fue propuesto, por el cual sufrió la Cruz y menospreció la vergüenza (He. 12:2). Cada desprecio, cada dolor, es ahora vuelto en Gloria y Gozo Inefable.

3. El Pontífice, Unigénito de Dios y Primogénito, de Sus hermanos, no olvida que estos oran expectantes en Jerusalem. Extiende Sus manos al Padre, Quien procede a darle la Promesa del Espíritu Santo. Es la Fiesta de Pentecostés; y el Cordero de Dios, bautiza a Sus ovejas con El Espíritu de Dios (Jn. 1:29 y v. 33; He. 2:32,23).

Lenguas de fuego se posan sobre sus cabezas; hablan de las maravillas de Dios; y una gran cosecha del trigo santo que surge del grano de trigo muerto y resucitado, (Jn. 12:24), es recogida en alfolíes eternos. (Hch. cap. 2). Ahora la Iglesia es Su Cuerpo y Él es Su Cabeza ; somos miembros de Él, de Su Cuerpo, de Su carne, de Sus huesos; Su Espíritu se bautiza "en" nosotros y nos bautiza "en" Cristo (Ef. 1:22,23; Ef. 5:22-32; 1ª Co. 12:13). Desde Su Trono, Él gobierna a Su Iglesia y Su Trono es Trono de Gracia para ella (He. 4:14-16).

4. Su Pontificado Intercesor continúa. Sobre la base de Su Victoria en la Cruz, Él es nuestro abogado cuando pecamos (Ro. 8:34; 1ª Jn. 2:1,2); y nuestro defensor contra las acusaciones de nuestro adversario el Diablo (1ª P. 5:8, comparar Job 1:6-12 y Ap. 12:9-11).

5. Su Intercesión tiene otras avenidas de Gracia: nuestras oraciones son allí avaladas por la Persona, la Obra y El Nombre de Cristo. Su sangre allí rociada, Su Persona, Sus cicatrices, Su Palabra de Amor, Su Nombre sobre todo nombre; todo y del todo a favor nuestro (Jn. 16:23-27; Ro. 8:31,32; Fil. 2:9-11). El Padre contesta y bendiciones fluyen de lo alto. (Stg. 1:17,18). ¡Tal nuestro Pontífice! (He. 7:21-26).

6. Hay más aún. Su Ministerio Celestial sobreabunda en Gracia y Él debe cumplir Su promesa a los suyos, debe prepararles lugar en la Casa de Su Padre. (Jn. 14:1,12). Cada uno de los suyos está presente allí. El Gran Pastor de las Ovejas prepara el Gran Redil en las moradas eternas.

7. Cuando todo esté pronto y todos los redimidos alistados, volverá conforme Su promesa (Jn. 14:3). Antes de la Tribulación, desde la esfera espacial, los llamará. Los cuerpos de los santos resucitarán y los que vivan juntamente con ellos serán transformados y arrebatados en cuerpos semejantes al Cuerpo de Su Gloria. Así estaremos siempre con El Señor. (1ª Co. 15:51-58; 1ª Ts. 4:13-18; Fil. 3:20,21).

8. En el Cielo, Cristo constituirá Su Tribunal Galardonador (2ª Co. 5:10; 1ª Co. 3:11-15), y luego El Padre presidirá las Bodas del Cordero y Su Esposa, la Iglesia. (Ap. 19:5-9).

9. Luego de la Tribulación, vendrá a la Tierra "con" los Suyos para establecer Su Reino Milenial y después, sentado en un Gran Trono Blanco hará Juicio Final.

Su resurrección validará Su dominio cósmico y el Nuevo Cielo y la Nueva Tierra, contarán por siempre la Victoria del Cordero de Dios. (Ap. cap. 19:6 a cap. 22:21).

10. Mientras llega el día de Su Venida, espera el Tiempo, en que todos sus enemigos sean puestos por estrado de Sus pies. (Sal. 110:1,2). Su Trono prevalecerá y nada ni nadie puede contra Su Todo Poder en el Cielo y en la Tierra. (Sal. 45:1-7).

11. Al final de la Historia de los Tiempos, los Juicios de Dios acabarán con todo enemigo, inclusive el Diablo, el Infierno y la muerte. (Ap. 20:10-15). Todo será sujeto a Cristo, Quién entregará El Reino al Padre y Dios será todas las cosas en todos. (1ª Co. 15:24-28).

g) Más Excelencias del Señor Jesucristo.

Por Él fueron criadas todas las cosas; por Él todas las cosas subsisten y todo fue criado por Él y para Él. (Jn. 1:1-4 y v. 9; Col. 1:16,17).

Él es el "Autor y Consumador en la Fe". (He. 12:2).

Él es el Fundador, Fundamento, Edificador, Cabeza, Señor, Esposo y Único Pontífice de la Iglesia. (Mt. 16:14-18; 1ª Co. 3:11; Ef. 1:17-23 y 5:23-32; Fil. 2:9-11; Jn. 3:29 y 2ª Co. 11:2; He. 7:17-28 y 8:1,2).

Rey de Reyes y Señor de Señores. (Ap. 19:11-16).

Para otras excelencias del Señor, véanse, entre una masa de evidencia bíblica, los siguientes textos: Jn. 1:1-5 y 9-13; Jn. 8:12; Jn. 10:7-16 y 27-29 comparar He. 13:20,21; Jn. 11:25: Jn. 14:6; Jn. 15:1-6; He. 1:1-3; 2ª P. 1:16-18; 1ª Jn. 3:5-8; Jud. vs. 24,25; Ap. 1:8 y 11-20; Ap. 2:1,12 y 18; Ap.3:1,7 y 14; Ap.4:1-3; Ap.5:5,6 y 12-14; etc., etc.

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1.3. La Persona y la Obra del Espíritu Santo.

a) Su Deidad.

El Espíritu Santo es Dios, juntamente con El Padre y con El Hijo; siendo la Tercera Persona en el Orden de Prelación de la Santísima Trinidad.

1Jn. 5:5-7; 2ª Co.13:13; 1ª P. 1:2

De toda eternidad, "procede" del Padre e Hijo juntamente.

Jn. 14:26; Jn. 15:26; Jn. 16:7.

"Procede" implica que el Padre, juntamente con El Hijo, de Su misma Sustancia Eterna, la cual es "Espíritu" (Jn. 4:24), suscita eternamente, en el santo seno de la Deidad Inmanente, la Subsistencia Personal del Espíritu Santo.

No es una "engendración" como El Hijo, pues ésta conlleva el designio de encarnar para obrar la salvación del hombre sobre la Cruz. No así El Espíritu Santo, que por eso no lleva el Nombre de "Hijo" sino el mismo Nombre de la Sustancia Divina, "Espíritu", pues en Ella se halla la Base Espiritual Eterna de Su "procedencia". Por eso también se le llama "Espíritu de Dios"(Mt. 3:16,17), o "Espíritu del Señor". (2ª Co. 3:17,18).

Posee todos los Atributos y Perfecciones de las otras Personas de la Trinidad; por ejemplo: Espiritualidad y Santidad, como Su propio Nombre lo indica: Eternidad (He. 9:14); Omnipresencia (Sal. 139:7), Omnisciencia y Omnipotencia. (1ª Co. 2:10,11; Is. 11:2 comparar Gn.1:2); etc.

b) Su Personalidad.

El Espíritu Santo no es una mera influencia o virtud Espiritual del Padre o del Hijo. Es una Persona, con todos los Atributos y Acciones propios de la Personalidad.

I. Argumento Óntico (o del Ser) Racional.

Posee facultad Cognoscitiva o de la Mente o Pensamiento Inteligente.

Is. 40:13,14; Ro.8:27; 1ªCo. 2:12.

Posee Facultad Volitiva o Voluntad Individual o Particular. (1ªCo. 12:11). Posee Facultad Sensitiva o Sensibilidad o Sentimientos Perfectos.

Ro.5:5; Ga. 5:22,23; Ef. 5:9,10.

II. Opera o Actúa como Una Persona. Habla (Hch. 10:19; Ap. 2:7 y 22:17); Redarguye (Jn. 16:8); Da órdenes (Hch. 13:2-4 y 16:6,7); Guia (Jn. 16:13); Enseña y Recuerda (Jn. 14:26); Hace obras portentosas (Hch. 8:29,39); Intercede (Ro. 8:26); Testifica (Jn. 15:26; Ro 8:16); Consuela (Jn. 14:16).

III. Se le Designa como una Persona. (Jn. 14:16). Aunque "Pneuma" (Espíritu) es neutro, se le aplican pronombres personales masculinos (Jn. 16:7,8,13,14), lo mismo que a Cristo (1ªJn. 2:6; 3:3,5,7,16).

IV. Se le puede tratar como a Una Persona.

Benévolamente: Hch. 15:28; Ef. 5:18,19.

Malévolamente: Is. 63:10; Hch. 5:3,4; Hch 7:51; Ef. 4:30; 1ª Ts. 5:19.

La blasfemia contra El Espíritu Santo no tiene perdón. Mt. 12:32; He. 10:29.

c) Su Obra.

Su Obra en la Creación.

Gn. 1:2; Job, 26:13; Sal. 33:6.

Habló a y por los profetas en el Antiguo Testamento.

Neh. 9:30; 1ª S. 16:13,14; 2ªS.. 23:2; Ez. 11:24,25; Mi. 3:8 comparar Zac. 7:12

Inspiró las Santas Escrituras y Él es Quién nos ilumina para conocerlas e interpretarlas correctamente.

1ª Ts. 2:13; 2ª Ti. 3:15-17; 2ª P. 1:21; 1ª Co. 2:7-16 comparar 2ª Ti. 2:15.

El Espíritu Santo es el Divino Agente que obró la engendración virginal de Cristo.

Lc. 1:31-35 comparar Mt.1:18-25, comparar Is. 7:14 y Ga. 4:4.

En forma corporal como paloma, descendió sobre Cristo en Su bautismo en el Jordán, con lo cual demostró Su dominio sobre "el príncipe de poder del aire", que es Satanás.

Mt. 3:16 comparar Ef. 2:2,3.

Llevó a Cristo al desierto para ser tentado del Diablo.

Mt. 4:1; Mr. 1:12,13; Lc. 4:1.

Dios ungió a Cristo de Espíritu Santo y Potencia.

Mt. 12:15-18; Lc. 4:16-21; Hch. 10:38.

El Espíritu Santo actuó en la Resurrección de Cristo (Ro. 1:4); y será el Agente Divino que en el día de la Venida del Señor, vivificará el cuerpo de los creyentes a la semejanza del Cuerpo de Cristo, en forma conjunta con El Señor.

Ro. 8:11; Fil. 3:20,21; Jud. vs. 24,25.

Es Espíritu de Gracia y de Oración (Zac. 12:10 a.) y nos ayuda y enseña a orar según la Voluntad de Dios. Debemos orar "en" y "por" o "por medio" del Espíritu Santo.

Ro. 8:26,27; Ef.6:18; Jud. v. 20; 1ª Co. 2:10

Es el Único Vicario del Señor Jesucristo en la Tierra, y a Él glorifica.

Jn. 14:16,17,26; Jn.15:26 y 16:7 y vs. 14 y 15

Enviado del Señor en el día de Pentecostés, estableció la Iglesia viniendo a morar en los creyentes y constituyéndolos como el Cuerpo de Cristo.

Jn. 14:16-18; Hch. 1:8; Hch. cap. 2; 1ª Co.12:13,27 comparar Ef. 1:22,23 y 4:4-6.

d) El Espíritu Santo es Quién forma a la Iglesia del Señor y le da dones espirituales.

Sus tareas para ello, son las siguientes:

a) Redarguye, convence de pecado e ilumina al pecador. (Jn. 16:8 comparar He. 6:4-9).

b) Guía a arrepentimiento. (Hch. 5:31 y 11:18; Ro. 2:14.).

c) Guía a la Verdad que es en Cristo Jesús. (Jn. 16:13,14).

d)Da el don precioso de la Fe al pecador arrepentido que habiendo oído el Evangelio, desea de corazón ser salvo. (Ro. 10:17; Ef. 2:8; Ga. 5:22).

e) Engendra y regenera al creyente y lo hace así hijo de Dios, viniendo a morar en su corazón y bautizándole en el Cuerpo de Cristo. Da testimonio a su espíritu, de que ahora es hijo de Dios. (Jn. 1:12,13 y 3:5,6; 2ª Co. 1:21,22 comparar Ga. 4:4-7, Ef. 1:13,14 y Tit. 3:4-7; Ro. 8:15,16; 1ª Co. 12:13).

f) Santifica al renacido (1ª P. 1:12 y vs. 13-16); y lo transforma a la imagen de Cristo (Ro. 8:29; 2ª Co. 3:17,18).

g) Produce en el renacido el "fruto del Espíritu" (Ga. 5:22,23; Ef. 5:9); y lo llena con Su plenitud, en la medida en que aquél se niega a sí mismo y se rinde al Señor. (Mt. 11:25-30 comparar Lc. 9:23; Ga. 2:20 y 5:16-26; Ef. 5:1-21; 1ª P. 5:1-11).

h) Da dones espirituales. Según Su voluntad, El Espíritu Santo reparte dones espirituales a los hijos de Dios, para la edificación del Cuerpo de Cristo y su perfecto funcionamiento y testimonio, tanto en y al mundo como a los ángeles en los Cielos. (1ª Co. 12:1-11; Ro. 12:1-13 ; Ef. 4:7-16; 1ª Ti. 3:1-13; Tit. 1:5-9; 1ª P. 4:10,11; Jn. 17:14-21con Ef. 3:10 y 1ª P. 1:10-12).

Dones manifiestos actualmente:

Predicación o profeta; enseñanza, junto con sabiduría y ciencia; pastores; diáconos o ayudas; evangelistas; dones de servir; repartir bienes; obras de misericordias; exhortación y consolación; dones de protección: discreción de Espíritu, discernir, redargüir errores y herejías; capacitación para obras de fe: presidir.

El don de apóstol fue dado solo a un pequeño grupo en el Siglo I y no ha sido transferido ni delegado a nadie. Su vigencia actual lo es solo en sentido de que la autoridad apostólica ha quedado perpetuada en sus enseñanzas, que se hallan únicamente en el Nuevo Testamento. Los apóstoles pusieron el Fundamento de la Fe, sana doctrina y prácticas.

"Profetas", con los apóstoles originalmente dieron la Revelación. Luego y hasta hoy, los profetas se definen como predicadores y exhortadores. (1ª Co. 14:3).

Dones manifestados especialmente en el Siglo I, por individuos particulares:

Son los dones llamados "de señales": operación de milagros, lenguas y sanidades. El Nuevo Testamento revela que esos dones portentosos sirvieron a determinados propósitos, especialmente en el tiempo histórico del inicio de la Era Cristiana:

I. Las maravillas obradas por El Señor en Su ministerio terrenal, confirmaban Su Autoridad Mesiánica, Sus enseñanzas y Misión Redentoras, como el mismo Señor lo declaró (Jn. 14:11; Mt. 11:20-24, comparar Jn. 3:1,2).

II. Los dones de señales manifestados por los discípulos y especialmente por los apóstoles, sirvieron al propósito de autenticar su testimonio como de Dios y no de los hombres. (Hch. caps. 3 y 4; 2ª Co. 12:12).

"Lenguas", (hablar idiomas no conocidos previamente), fueron "señal para los infieles", especialmente para los Judíos (Hch. 2:1-13; 1ªCo. 14:21-25). Pablo permitió su uso controlado y no enfático en Corinto, siempre que hubiese intérprete (1ª Co. 14:17,28). Cuando el Evangelio fue predicado a los gentiles, las "lenguas" confirman que la Voluntad de Dios era que también ellos fuesen salvos, lección que a los judíos les costó aprender. (Hch. 10:44-11:18; Hch. 15:8-12).

La razón principal de esas manifestaciones portentosas, fue que el Evangelio contenía misterios de la Gracia y de la Iglesia de Cristo no revelados antes, siendo necesario acreditar en forma sobrenatural al mensaje y a los mensajeros de la nueva revelación (Ef. 3:1-12; Mt. 11:24-29; He. 2:1-4). Pero una vez completada y registrada la misma en los escritos Inspirados del Nuevo Testamento, el hecho observable es que El Espíritu Santo cesó de manifestar esos dones por individuos particulares pues su designio era cumplido. (1ª Co. 13:8). En el Cielo sí, se manifiesta el don de lenguas, en manera solo allí conocida. (2ª Co. 12:1-4; comparar Ap. 6:9 y 7:9-12).

"Sanidades". Es digno de notarse que el don de "sanidad" no se manifestó en ciertos momentos en que la enfermedad de santos obreros parecía requerirlo (Fil. 2:26,27; 1ª Ti. 5:23; 2ª Ti. 4:20 comparar 2ª Co. 12:7-10). Además, en la Epístola de Santiago se dan nuevas instrucciones respecto a los enfermos: debía llamarse a los ancianos de la Iglesia para orar por ellos y El Señor los levantaría (expresión ésta que deja al Señor el hacerlo según Su Voluntad; no se mencionan individuos particulares que tuvieran o ejercieran el "don" de sanidad. (Stg. 5:13-16).

III. Dones de "operaciones de milagros" serán manifestados otra vez sobre la Tierra, pero durante "la Tribulación, la Grande", por los "dos testigos" aparejados por Dios para profetizar con "señales" al mundo impío (Ap. 11:3-12). Ello no tiene nada que ver con la Iglesia, que no estará entonces sobre la Tierra y cuya edificación se opera en el tiempo presente por medio de dones diferentes (Ef. 4:7-16).

Conclusión: dones de "señales" sirven a propósito predeterminados, a través de siervos escogidos en tiempo también determinado. (Jn. 9:1-7). Esto no significa que hayan sido "retirados" por completo, pues obras divinas y sanidades ocurren a diario, pero le son en respuesta a la oración y/o por acción directa del Espíritu, en Quién los dones están y se manifiestan cuando y en la manera que Él quiere.

¿Renovación "carismática"?

"Lenguas", en Pentecostés, fueron idiomas reales y corrientes hablados sin conocerlos previamente, y contaron las maravillas de Dios a extranjeros presentes (Hch. 2:1-11). En lugar de eso, y dicho esto con todo respeto por las personas, las así llamadas "lenguas" que se dan en predicadores "carismáticos", son por lo general meras interjecciones que nadie entiende, mechadas dentro o al final de una frase. Por lo tanto no pueden ser estimadas como "restauración del don de lenguas"

Tales experiencias suelen iniciarse por persistente presión sicológica de enseñanzas erróneas tales como: "si no hay lenguas no está el Espíritu", o "lenguas muestran el "bautismo del Espíritu". En otros casos, surgen del desmedido deseo de "nuevas experiencias" por "nuevos bautismos" espirituales. Otras veces, suelen ser el producto de la gran tensión que se experimenta en reuniones masivas donde las oraciones escasean pero las apelaciones emocionales sobreabundan. Si acaso "traduce" algún "intérprete" y éste ofrece alguna palabra correcta, lo que dice es tan elemental y fácil de hallar en la Biblia y decirlo en lenguaje corriente, que resulta pueril pensar que hagan falta dones milagrosos para saberlo. En cuanto a "revelaciones", quede claro que toda "revelación" más allá de lo que ya tenemos en las Escrituras o que las contradigan, es falsa. (1ª Co. 4:16).

"Sanidades": Véase la frase pertinente en "Dones manifestados especialmente en Siglo I". Aquí, la sana doctrina impone prevenir que: hacer ostentación de poder y autoridad y aún exaltarse al plano de pequeños "dioses" (como lo hacen ciertos "carismáticos") es totalmente antibíblico. Además, la publicidad que de sí mismo va exponiendo el "sanador" junto con el "crescendo sicoemocional" de cantos, salvas, aplausos, danzas y mensajes, que enfervoriza por igual al sanador y a los enfermos, hacen que si alguna sanidad se proclama, quede la pregunta:- ¿de qué fuente proviene el "poder"? Pues métodos antibíblicos no producen fruto Bíblico. (Is. 8:20; Sal. 138:6; 1ª P. 5:5,6). En casos extremos, puede tratarse de obreros de maldad, cuyo fin será perdición, mientras van obrando aparentes "milagros" en el Nombre de Cristo. (Mt. 7:21-23; 2ª Co. 11:13-15).

"Ecumenismo carismático". Finalmente, esos "movimientos" practican un activo "ecumenismo"- (pues tales "experiencias" se dan en muy contrarias agrupaciones religiosas: ciertos evangélicos, juntos con "modernistas" o liberales y romanistas, etc.)-, lo cual promueve el "yugo desigual" entre fieles e infieles, (aunque ellos se autogratifican intercalificándose como siendo "distintas denominaciones cristianas"); "yugo desigual", del cual la Palabra manda apartarnos (2ª Co. 6:14 a 7:1; Ef. 5:16,17). Tal "ecumenismo carismático", debiera bastar para alertar a sinceros hermanos que se hallan envueltos en tales cosas.

Errores Doctrinales. Afirmar que la enfermedad no debe estar en el cuerpo del creyente, sin ver que aquella, puede aún manifestarse en nosotros (2ªTi. 4:20 b.), hasta que tengamos el cuerpo nuevo en la resurrección. (Ro. 8:23-25; Fil. 3:20,21).

Creer que "bautismo del Espíritu" es experiencia en que se debe hablar en lenguas: sin entenderse que el bautismo ocurre al renacer y no tiene nada que ver con lenguas (1ª Co. 12:13). Hablar de "guía" y "revelaciones" del Espíritu, sin reparar si están o no en conformidad con las Escrituras (Ez. 13:1-3; 1ª Ts. 2:13). Autopublicarse egocéntricamente en contras de claras advertencias Bíblicas (2ª Co. 10:12,18; Lc. 9:23; Ga. 2:20). Utilizar métodos no Bíblicos en la obra del Señor, lo cual es pragmático inconsulto y ciego a lo Espiritual (1ª Co. 2:12,13). Y hay más, pero en otras connotaciones.

Conclusión: Las experiencias, métodos y creencias antedichos y afines, no se ajustan a las Escrituras. La entera cuestión es no Bíblica y no tiene nada que ver con una real "restauración de dones de señales".

e) Semblanzas Bíblicas del Espíritu Santo.

·"Viento y Fuego". Jn. 3:8; Hch. 2:2,3; comparar Ez. 37:9,10. (Virtud y Potencia Purificadora y Dinámica, Creativa y Activa)!

·"Sello, Prenda, Arras". 2ª Co. 1:22; Ef. 1:13,14. (Autenticidad y Autoridad; Garantía y Anticipo de Bienes Eternos).

·"Unción". 1ª Jn. 2.20. (Devoción, Sabiduría, Espiritualidad).

·"Agua Viva". Jn. 4:14 comparar Jn. 7:38,39. (Virtud Vivificante y Satisfaciente; Plenitud).

·"Paloma". Mt. 3:16; Jn. 1:32,33. (Libertad, Sencillez, Reverencia, Paz, Comunión).

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2. La Santa Biblia.

Es la Palabra Inspirada de Dios, Inerrable e Inefable.

a) Su Inspiración.

Creemos en Su Inspiración Verbal y Plenaria por El Espíritu Santo, a los santos profetas, evangelistas, y apóstoles que escribieron los sesenta y seis libros canónicos que lo integran, siendo preservados por el mismo Espíritu Santo de todo error o contradicción en su cometido.

"Verbal y Plenaria", significa que el total contenido Bíblico, sean los temas como las palabras, fueron Inspirados por Dios, Quién revelaba al escritor sagrado los asuntos a registrar y le daba, así como escogía del lenguaje propio del mismo, las palabras adecuadas, guiándole de modo tal, que el escritor registraba todas las cosas con exactitud. Tal obra del Espíritu Santo garantiza que toda la Biblia,- (y no solamente "algunas de sus partes")-, es la Palabra Inspirada de Dios.

Sal. 12:6; Sal.119:140; 2ª Ti. 3:15-17; 2ª P. 1:21; 1ª P. 1:9-12; 1ª Jn. 5:11-13; Lc. 24:27 y 44-48; Mt. 22:29; Jn. 5:39-47; Ro. 1:2.

b) Su Canon.

Confesamos que los libros canónicos total y universalmente reconocidos como Inspirados de Dios, son:

I. Los treinta y nueve libros del Antiguo Testamento (Génesis a Malaquías), que provienen del Cánon de Esdras (siglo quinto antes de Cristo) y del Texto Masorético Hebreo ("Masoretas" eran eruditos judíos tradicionalistas expertos en las Escrituras). Esto excluye a los libros apócrifos o espurios, (Tobías, Judit, Sabiduría, Eclesiástico, Baruc, Primero y Segundo de los Macabeos y las adiciones a los libros canónicos de Esther y Daniel), nunca citados por Cristo ni los apóstoles pues contienen errores y contradicciones que los inhabilitan como Palabra de Dios.

II. Los veintisiete libros del Nuevo Testamento (Mateo a Apocalipsis), enlistados en los Concilios de Laodicea y Cartago (363 y 397 AD); tal como contenidos en el Texto Griego conocido como "Textus Receptus" o "Texto Recibido", de los años 1546/ 1624.

De esos textos hebreo y griego, provienen las traducciones correctas de la Biblia desde los días de la Reforma (Siglo XVI). Textos posteriores (Westcot-Hort. por ej.), y los preparados por Sociedades Bíblicas ecuménicas, con sus numerosas e innecesarias "nuevas versiones", contienen cambios que afectan la "Sana doctrina", por lo cual solo utilizamos las Versiones antiguas (en castellano, la del año 1909).

Los sesenta y seis libros canónicos, son pues una "Biblioteca Divina" que editaba en un volúmen llamado "Santa Biblia" (Biblia significa "los Libros"). Algunos editores, infiltrados de "modernismo", han omitido de sus tapas la palabra "Santa", lo que trae dudas sobre la Inerrancia e Inspiración de las Sagradas Escrituras (2ª Ti. 3:15,16), dadas por "santos hombres de Dios que hablaron siendo Inspirados del Espíritu Santo"(2ª P. 1:21; 1ª Ts. 2:13).

c) Su Autoridad.

Por ser la Palabra Inspirada de Dios, la "Santa Biblia" es Inerrable e Inefable en todo cuanto registra, por lo cual es nuestra Única Autoridad en materia de fe, doctrina, prácticas, norma de conducta, forma de gobierno y disciplina eclesial.

Jn.20:30,31 y 21:24,25; 1ªTs 2:11-13; 2ªTs.2:15-17 y 3:6; Ga.1:8,9, comparar Dt. 4:2 y Ap.22:18-21.

d) Su Interpretación.

Su sana interpretación y correcto entendimiento, requiere iluminación del Espíritu Santo, Quién faculta al lector reverente y humilde a discernir la Palabra sin error.

Sal. 119:18; Sal. 36:7-9; Jer. 33:1-3; 1ªCo. cap.2; 1ªJn. 2:20,21

Como reconocido método hermenéutico, confesamos que "La Biblia es su propio intérprete" (1ªCo. 2:12,13). Esto implica cotejar Escritura con Escritura o el Texto con su contexto y las referencias relacionadas (comparar Jn. 5:46,47), respetando su significado gramatical, histórico y literal. Asimismo, una vista "Dispensacional" de las Escrituras, ayudará a aplicar sus Textos al período histórico correcto, sin perjuicio de la trascendencia y valor permanente de las enseñanzas de cada pasaje.

La vista "Dispensacional" no es un sistema de interpretación "superpuesto" a la Biblia (como algunos acusan), sino que es la lección que "emerge" de su reverente estudio. Las Escrituras revelan distintos tratos de Dios para con los hombres, puestos bajo distintas responsabilidades; asimismo la progresiva revelación de la Gracia Divina.

La salvación siempre será por la fe en la Palabra de Dios, en Sus Promesas y obras centradas en la Persona de Cristo, anticipadas profecías y cumplidas en la Cruz.

Las "Dispensaciones", o la "Administración" Divina de la Gracia y los Juicios de Dios, así como los períodos de tiempo y las Escrituras que los abarcan, se disciernen en términos generales, según el siguiente detalle:

"Inocencia", desde la Creación del hombre hasta su caída en pecado (Gn. 1:27 a 3:24); "Conciencia", desde la expulsión del Edén hasta el Diluvio (Gn. 4:1 a 8:19); "Gobierno Humano", desde Noé luego del Diluvio hasta la confusión de lenguas en Babel (Gn. 8:20 a 11:9); "Promesa", desde la vocación de Abraham hasta Moisés, la liberación de la esclavitud de Israel en Egipto y la llegada al monte Sinaí (Gn. 12:1 a Ex. 19:1); "Ley", desde el Sinaí hasta la crucifixión del Señor (Ex. 19:1 a Mt. 27:33); "Gracia", desde Cristo hasta el Arrebatamiento de la Iglesia antes la Tribulación y del Anticristo (Ap. 6:1 a 18:24); "Reino", desde la venida corporal del Señor a la Tierra hasta el fin del Milenio (Ap. 19:11 a 20:10); Juicio Final bajo Cristo sentado en el Gran Trono Blanco (Ap. 20:11 a 20:15); Nuevos Cielos y Tierra (Ap. cap. 21 y 22).

Tal clasificación de Textos Bíblicos, no constituye una codificación estricta o limitativa, pues pasajes en una división pueden contener partes que refieren a otras Dispensaciones. Además, hay principios fundamentales que se aplican en todos los tiempos; así como lecciones históricas, o revelaciones y enseñanzas espirituales, promesas, amonestaciones, prevenciones, ejemplos, o símbolos y figuras para nosotros, según los casos, pues "la Palabra del Señor permanece perpetuamente".

1ªCo. 2:12,13 comparar 2ªTi. 2:15; Ef. 3:1-10; 1ªCo. 10:1-12; 1ªP. 1:24,25.

e) Semblanzas Bíblicas de la Palabra de Dios.

"Plata fina" (Sal. 12:6); "Lámpara" (Sal. 119:105); "Fuego y Martillo" (Jer. 23:29); "Pan que sale de la boca de Dios" (Mt. 4:4); "Leche Espiritual" (1ªCo. 3:2 a.; He. 5:12; 1ªP. 2:2); "Más dulce que la miel" (Sal. 19:10; 119:103); "Vianda firme" (1ªCo. 3:2 b.; He. 5:13,14); "Simiente Incorruptible" (Lc. 8:11 comparar 1ªP. 1:23-25); "Agua" que limpia (Jn. 15:3; Ef. 5:26); "Espada del Espíritu" (Ef. 6:17; He. 4:12 comparar Ap. 1:16 b.).

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3. De los Ángeles.

"Ángeles" traslitera al original griego "Angelos", que significa "Mensajero".

De conformidad con las Escrituras, afirmamos que los ángeles son seres reales, de naturaleza Espiritual, racionales, con personalidad individual; no son pues, como algunos dicen, meras "figuras" representativas o "personificaciones" de conceptos abstractos del bien o del mal.

Sal.103:20,21; Sal.104:4; Sal.148:2; He. 1:14 a..

Fueron creados por Dios como seres celestiales, antes de la fundación de la Tierra.

Mt. 24:36 b., comparar Lc. 2:13-15; Job. 38:4-7, comparar, Job 1:6 a.

No se reproducen por procreación como los seres humanos; fueron creados como una gran "Compañía" de seres inmortales.

Sal.8:4,5; Lc.20:34-36; He. 12:22; Ap. 5:11.

Superiores al hombre en sabiduría y poder, pero no son Omniscientes ni Todopoderosos y no deben ser adorados.

Mt. 34:36 comparar 2ªP.2:11 y Jud. v. 9; Ap. 19:10 y 22:8,9.

Por ser espíritus, no tienen cuerpos de carne y huesos (Lc. 24:39), pero han aparecido en forma humana, con cierta clase de "cuerpo espiritual" exclusivo de ellos.

Mr. 16:1-7; Lc. 24: 1-6.

Las Escrituras hablan de distintos rangos de ángeles: Querubines, Serafines, Arcángeles, Tronos, Dominios, Principados, Potestades, Poderes o Virtudes y Angeles.

Gn. 3:24 y Sal. 80:1; Is. 6:26; 1ªTs.4:16; Jud. v. 9; Col. 1:16; Ef. 1:21 y 3:10; 1ªP. 1:12 y 3:22

Ángeles santos.

Entre una multitud innumerable, el arcángel Miguel y el ángel Gabriel se mencionan por nombre y por su acción según los Propósitos de Dios a favor del pueblo de Israel y por su oposición a las huestes de Satanás en asuntos de otras naciones.

Dt. 10:10-13, 20,21, comparar Jud. v. 9; Lc. 1:26 y 2:13-15; Mt. 25:31; Jn. 1:51.

Los ángeles santos están en presencia de Dios; le adoran, alaban, ejecutan Su Palabra y hacen Su Voluntad.

Is. 6:2,6; Dn. 7:9,10; Ap. 5:11 comparar Mt. 18:10; He. 1:6,7; Sal. 103:21.

Velan, asisten, sirven, protegen y libran al pueblo de Dios.

Sal. 34:7 y 91:11; Dn. 6:21,22; Hch. 5:18-20; 12:1-10 y 27:14-26; He. 1:14.

Interpreta la Voluntad de Dios a Sus siervos; guían a los creyentes y castigan a sus enemigos.

Dn. 7:16 y 10:5,14; Zac. 1:7,8; Hch. 8:26; 12:21-23.

Su lugar y acción en la vida y ministerio del Señor Jesús.

Lc. 1:26-38; Mt. 1:18-25; 2:3-21; 4:11 y Mr. 1:13; Lc. 22:43; Mt. 28: 1-7; Hch. 1:11; Mt. 25:31; 1ªTs. 4:16; Ap. 19:14.

Se gozan con Cristo cuando los pecadores se arrepienten; y al morir, conducen las almas de los creyentes al seno de Abraham.

Lc. 15:10; Lc. 16:22.

La Iglesia les notifica la multiforme Sabiduría de Dios y en esas cosas desean mirar los ángeles.

Ef.3:10; 1ªP. 1:12.

Por extensión de significado, se traduce "ángel" para referirse a mensajeros humanos.

Job 1:14 a.; Mt.11:10; Lc. 9:52 comparar Ap. 1:20

El Señor es llamado en el Antiguo Testamento, "El Ángel de Jehová".

Gn. 16:7-14; Ex. 3:1-6; Jue. 2:1-4 y 13:1-23; comparar Is. 63:10.

El Señor Jesús es superior a todos los ángeles.

He. 1:4-14.

Ángeles caídos.

El Señor y la Palabra los designan como "el diablo y sus ángeles".

Mt. 25:41; Ap. 9:11 y 12:9.

Todos los ángeles fueron creados santos, pero muchos de ellos, acaudillados por Satanás, se rebelaron contra Dios y cayeron de su estado original. Sobreestimación, orgullo, ambición de ser como Dios y tener supremacía y dominio, nutrieron la locura y engaño del diablo, que cayó de su posición de "querubín cubridor" y arrastró a muchos otros.

Is. 14:12-20; Ez. 28:13-19; 1ª Ti. 3:6 b.; Ap. 12:3,4a.

Algunos demonios "no guardaron su dignidad mas dejaron su habitación", lo que implica tal degradación y peligrosidad que Dios lo despeñó "en el infierno", reservándolos "debajo de cadenas de oscuridad en prisiones eternas hasta el juicio del gran día".

Jud. v.,6; 2ªP. 2:4; comparar Lc. 8:27-33 y Ap. 9:1-12.

Por causa del pecado del hombre que resultó prácticamente en una alianza con el diablo y contra Dios, le fue permitido a Satanás y a otros demonios, moverse aún en esferas celestiales (Job 1:6-12), así como en ámbitos terrenales, por lo cual Satanás es llamado "príncipe del poder del aire" y "príncipe de este mundo" (Ef. 2:2; Jn. 12:31); y sus huestes, "malicias espirituales en los aires" (Ef. 6:12). Sólo la Gracia de Cristo y Su Victoria sobre Satán y sus huestes, solucionó este problema a favor de todos los redimidos.

Jn. 10:10; 12:31; 14:30; 16:33; Ro. 8:31-39.

Satán y los demonios pueden ser la causa de serias enfermedades.

Mt. 9:32,33 y 12:22; Lc. 13:11-17; comparar Job 2:1-8.

Satanás y sus demonios son enemigos de Dios y se oponen a Sus obras, a los santos ángeles y a los creyentes.

Dn. 10:12,13,20,21; Jn. 13:27; Job 1:12,13,19 y 2:4; Lc. 13:14; Hch. 10:38; Ro. 8:38,39; Ef. 6:12; 1ªTs. 2:18; Ap. 12:10.

Satanás, "padre de mentiras" (Jn. 8:44) y los "espíritus de error" producen las falsas doctrinas o "doctrinas de demonios" (Ga. 1:6; 2ªTs.2:12; 1ªTi.4:1), por "falsos profetas" y falsos enseñadores que negarán el Señor y Su obra (Mt. 24:25; 2ªP. 2:1-3, comparar 2ªTi.2:16-18) ; ciegan el entendimiento de los incrédulos (2ªCo. 4:3,4; 2ªTi. 2:5,26) y tratan de envolver o engañar a los creyentes .

(2ªCo. 11:3 comparar 1ªJn. 4:1-3).

Los creyentes no deben "dar lugar al diablo", pues pueden ser influenciados y aún usados por el diablo y los demonios, aunque no pueden ser "poseídos" por ellos.

Ef. 4:26,27 comparar Mt. 16:22,23; Mt. 26:69-75; Hch. 5:1-11; 2ªTs. 3:6-15

En ocasiones, aún Satán o sus agentes cumplen determinados propósitos de Dios:

a veces para juicio y castigo de pueblos impíos.

Sal. 78:49; Ap. 9:1-12.

otras veces para castigo de creyentes en grave estado de pecado.

1ªCo. 5:5 comparar 2ªCo.2:2-8.

Otras veces para prueba o para mantener en humildad aún a santos y escogidos siervos de Dios.

Job caps. 1 y 2; Lc. 22:31,32; Stg. 1:2,3,12; 2ªCo. 12:7.

El Señor apareció para deshacer las obras del diablo, derrotarlo y despojarlo a él y a sus huestes.

Gn. 3:15; Jn. 14:30; Hch. 10:38; 1ªJn. 3;8; Col. 2:8-15; He. 2:14,15 y 4:15,16.

Los hijos de Dios pueden y deben resistir al diablo, firmes en la fe y en la Victoria del Señor sobre Satán y los demonios.

Ef. 6:16; Stg. 4:7; 1ªP. 5:8-11; comparar Ap. 12:7-12.

El Señor asociará a Sus escogidos en el juicio sobre el mundo y los ángeles caídos.

1ªCo. 6:2,3.

El diablo y sus ángeles serán echados al fuego eterno, al lago ardiendo con fuego y azufre, juntamente con todos los impíos.

Mt. 25:41; Ap. 20:10,14,15 y 21:8.

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4. De la Creación; del Pecado y su Condigno Castigo.

Siendo Dios el Creador y Sustentador de todas las cosas y siendo Dios el inspirador de las Sagradas Escrituras, o sea la Santa Biblia, como ya se ha visto, aceptamos entonces tácitamente, los relatos del libro del Génesis como históricos, en todo cuanto registra respecto a la Creación de todas las cosas, como a la creación y caída en pecado de Adán y Eva, su castigo con la muerte y destitución de la Gloria de Dios, y la herencia pecaminosa del linaje humano, su depravación y justa condenación.

Gn. caps., 1,2,3; Sal. 51:5; Is. 1:1-6; Is. 53; Jn. 8:44; Ro. 3:9-18 y v. 23; Ro. 5:12-21 y 6:23. Ef. 2:2 y 3; Mr. 7:21-23; 1ª Co. 15:21; Gá. 5:19-21.

5. De la Salvación.

Es una dádiva de pura y sola Gracia Divina.

Por lo tanto, no puede ser obrada por el hombre. Las obras que salvan las obró Dios. El Amor Eterno del Padre, enviando y dando a Su Hijo en propiciación por nuestros pecados; la ofrenda por el Espíritu Eterno hecha por el Hijo de Su Propia y Amorosa Voluntad, para poner Su Vida en la cruz del Calvario en sacrificio y muerte expiatoria y vicaria como sustituto legal del pecador perdido por el cual murió y resucitó y la adopción y regeneración Espiritual del pecador converso que obra el Espíritu Santo, constituyen las Obras Divinas de la Salvación por Gracia.

Siendo necesarias tales Obras Divinas para obrar la Salvación del hombre, queda manifiesto que sólo por Fe en tales obras puede el hombre ser salvo.

Gn. 3:15; Jer. 31:3; Jn. 3:13-18; 1ªJn. 4:8-1; Jn. 10:11 y v. 15-18; He. 9:11-15 y 10:5-22; Is. 53; Mt. 20:28; 2ªCo. 5:13-15; Tit. 2:11-15; Jn. 14:15,16,17,26; Jn. 16:7-15; Ga. 4:4-7.Jn. 6:28-29; Ef. 2:4-10 y vs. 13:18-22; 1ªJn. 5:1-5 y 9-13.

6. De la Justificación y Reconciliación.

Dios es Justo, el hombre pecador. Toda relación sería imposible, de no mediar una obra por lo cual el pecador pueda ser declarado justificado delante de Dios, y por ello reconciliado con Él. Tal obra debe satisfacer las exigencias de la Justicia de Dios, manifestando ésa Su Justicia, en un acto de Juicio del pecado del pecador, que a la par que cumpla el castigo del pecado, tenga virtud para justificar y reconciliar al pecador.

Sólo el AMOR DE DIOS hizo esto posible, al enviar al Señor Jesu-Cristo, Quién suplió tales Divinas exigencias y "Padeció por los pecados el justo por los injustos, para llevarnos a Dios".

Cuando el Amor y la Misericordia de Dios proveyeron al Cordero sin mancha para el holocausto, la Justicia derramóse y resultó la Paz.

Sobre el fundamento legal de la Santidad del Señor Jesu-Cristo, Su Victoria sobre toda tentación, Su Sacrificio expiatorio y vicario hecho una sola vez y para siempre en la Cruz del Calvario, Su Gloriosa Resurrección corporal y Su presentación por nosotros en la presencia del Padre, DIOS JUSTO imputa al pecador injusto, LA JUSTICIA DEL SEÑOR JESUCRISTO.

Y el pecador injusto, cuyos pecados fueron expiados en la imputación de la Cruz, es Justificado y por ello Reconciliado, en virtud de los méritos de la Preciosa Sangre y Gloriosa Resurrección del Señor Jesu-Cristo.

Siendo, pues el Señor Jesu-Cristo Quién obró, queda manifiesto que UNICAMENTE POR FE PURA Y SOLA en Su Persona y Obra, el pecador es JUSTIFICADO delante de Dios y RECONCILIADO con Él.

"Justificados pues por la fe, tenemos paz para con Dios, por medio de nuestro Señor Jesu-Cristo". (Ro. 5:1).

Sal. 85:10, Is. 32:17; Ro. 3:9-28; 4:6-8 y vs. 18:25; Ro. 5:1-19, 10:1-10; Ef. 2:13-18, He. 9:24; 1ªCo. 1:30-31; 2ªCo. 5:18-21; He. 9:24; 1ªJn. 4:8-14; Col. 1:12-23; 1ªP. 3:18; Is. 53; Ga. 3:6-11; Fil. 3:8-9.

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7. De la Regeneración

Es ora Espiritual, ora corporal. Respecto a la regeneración corporal, véase el Artículo "13-A-1-A", "RESURRECCIÓN"

Respecto a la regeneración Espiritual, es también llamada "EL NUEVO NACIMIENTO" o "NACER DE NUEVO", "NACER OTRA VEZ", "NACIDO DE DIOS", "NACIDO DEL ESPÍRITU", "VIVIFICADOS", "PASO DE MUERTE A VIDA", "NUEVA CRIATURA".

Jn. 3:3-7; 1ªJn. 3:9-14; 1ªJn. 4:7-13, 5:1,4,18; Ef. 2:1-5; Jn. 5:24; 2ªCo. 5:17; Ga. 6:15 ; Col. 2:13.

Todo ello, significa una misma y sola experiencia Espiritual, que consiste en la engendración como hijo de Dios, que el Espíritu Santo obra en el pecador contrito que arrepentido de sus pecados, deposita toda y sola fe en el Señor Jesu-Cristo para perdón y limpieza de sus pecados y salvación eterna de su alma.

Tan bendita experiencia, se experimenta en el mismo momento de tal genuina conversión e implica recibir dentro de nuestro Espíritu, la participación del Espíritu Santo por recepción externa, o sea, infusión de Vida Divina dentro de la vida humana del pecador converso.

Sin esta experiencia Espiritual, "NADIE PUEDE VER NI ENTRAR AL REINO DE DIOS".

Jn. 3:3-18; Hch. 2:37-40; Mr. 1:14-15; Hch. 3:19; Ro. 8:8-18; Ef. 1:13 y 14; Tit. 3:5-7; 2ªP. 1:4; 1ªJn. 2:20-27 y 5:1-4.

8. De la Adopción.

Es ora Espiritual, ora corporal. Respecto a la adopción, véase el Artículo "13-A-1-A", "RESURRECCIÓN".

Respecto a la adopción Espiritual, es el acto declaratorio de Dios por el cual, siendo justificados por la fe y regenerados por el nuevo nacimiento, venimos a ser "HIJOS DE DIOS" para siempre, recibidos en la familia de Dios, hechos, "herederos de Dios" y "co-herederos" con el Señor Jesu-Cristo, de los Bienes Eternos.

Jn. 1:12,13,16; Ro. 8:14-18; Ef. 1:5; Ga. 4:5-7; He. 2:10-13; 1ª Jn. 3:1-3; Mt. 25:34.

9. De la Santificación.

Justificados, reconciliados, regenerados o renacidos, adoptados hijos y ahora SANTIFICADOS.

Esto es tanto una experiencia definida en el mismo momento de la conversión genuina, como una experiencia continuada durante todo el tiempo de nuestra peregrinación en este mundo presente.

Somos "apartados para Dios" cuando somos salvados.

Somos "limpiados por Dios", hechos santos por el Espíritu Santo" cada día de nuestra peregrinación, preparándonos así para Su Reino y Gloria.

Es pues, la obra íntima, personal, interior, que el Espíritu de Dios realiza dentro del hijo de Dios en el cual ha venido a morar. Se manifiesta por separación y limpieza de pecado y producción del precioso fruto del Espíritu Santo en la vida del cristiano evangélico.

Sal. 93:5; Ez. 36:25; Mal. 3:2-3; Mt. 5:48; Ro. 8:28-30; 1ªCo. 1:30, 1ªTs. 4:1-8 y cap. 5:22-23; Tit. 2:11-14; Ga. 5:22-25; 1ªP. 1:2,15-23.

La Palabra de Dios, la Sangre Preciosa del Señor Jesu-Cristo y el Espíritu Santo, son los Benditos elementos y la Divina Persona que obran la santificación.

Jn. 15:1-3; Jn. 17:17; Ef. 5:25-27; He. 10:29; He. 13:12; 1ªJn. 1:7; Jn. 16:7-15; 2ªTs. 2:13 y 14; Tit. 3:5; 1ªCo. 6:19.

Apartarse del mal y someterse voluntaria y amorosamente, en humildad y fe plena, al Señor Jesu-Cristo y al Espíritu Santo, son condiciones imprescindibles para el crecimiento en la vida espiritual y el perfeccionamiento constante e ininterrumpido de la santificación.

Sal. 50:5; Pr. 23:26; Mt. 11:28-30; Ro. 12:1-2; 2ªCo. 6:14-18 y 7:1; 2ªTi. 2:19-21; Stg. 4:5-10; 1ªP. 2:1-5 y cap.5:5-12.

10. De las Buenas Obras.

Son el fruto visible de la fe, de la salvación recibida y experimentada de la regeneración Espiritual, y constituyen la evidencia incuestionable de la bendita experiencia de la santificación.

No deben confundirse con las obras humanitarias que todo ser humano puede realizar por el ejercicio de sus sentimientos naturales.

Por recomendables que éstas fueren, las "BUENAS OBRAS" en el sentido bíblico, son excelsamente superiores, pues no proceden de los atributos morales de la criatura humana, sino de la obra espiritual sobre-natural que la Divinidad realiza en el cristiano evangélico.

Son, pues, posteriores a la experiencia de la conversión y no anteriores. Son fruto de la "nueva criatura", que ha sido criada especialmente para obras buenas, las cuales Dios preparó para que sus hijos anden en ellas.

Jn. 6:28 y 29; Ef. 2:10; 2ªTi. 3:16-17; Tit. 2:14. Stg. 1:22-27; Stg. 2:14-26 y 4:1;. 1ªJn. 2:3-6; 3ª Jn. v. 11, Ap. 20:12-15.

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11. De la Vida Futura.

Afirmamos, de acuerdo con las Sagradas Escrituras, la seguridad de la salvación, felicidad y dicha eterna de los salvados y la condenación y pena eterna de los pecadores que rechacen voluntariamente la Gracia y el amor de Dios y la Salvación que es en Cristo Jesús.

Lc. 16:19-31; Jn. 3:14-21; Jn. 10:27-30; Jn. 14:1-3; He. 2:1-4; He. 10:26-31; 1ªJn. 5:11-14.

12. De la Muerte y del Estado Intermedio.

a) De la Muerte.

Es la separación del alma del cuerpo y la extinción de la vida corporal solamente.

El alma y el espíritu ni duermen ni mueren con el cuerpo.

Gn. 3:17-19; Job 30:23; Sal. 90:10; Ec. 12:1-7; Mt. 10:28; Stg. 4:14 y 2:26.

b) Del Estado Intermedio de las almas de los Salvados.

No creemos en la existencia de un "PURGATORIO" para el alma, después de la muerte del cuerpo.

Nuestro único PURGATORIO DE TODO PECADO ES LA SANGRE PRECIOSA DEL SEÑOR JESU-CRISTO.

He. 1:1-3 y cap. 9:14,26-28.

A la hora de la muerte las almas de los salvados van directa e inmediatamente a la Presencia del Señor Jesu-Cristo, al Paraíso, o Seno de Abraham, la Gloria del Tercer Cielo.

Lc. 23:39-43; Lc.16:22; 2ªCo. 5:6-8, comparar: 12:1-4; Mt. 22:32; Hch. 7:55-60 ; Fil. 1:21-25; Ap. 6:9-11 y 7:9-17.

c) Del Estado Intermedio de las Almas de los Impíos.

A la hora de la muerte las almas de los impíos van directa e inmediatamente al infierno, entendido dicho estado como una condición de pena y tormento sensible y consciente y un lugar de espera del Juicio Final.

Sal. 9:17; Lc. 16:22-31; Lc. 13:28.

Allí, en compañía de los ángeles caídos, esperan el Día del Juicio.

2ªP. 2:4, 9-17; Jud. versos 5-12.

13. De la Esperanza Bienaventurada del Creyente: El Advenimiento Corporal del Señor Jesucristo, o Segunda Venida del Señor.

Afirmamos y esperamos, de acuerdo con las Escrituras, el retorno corporal de Señor, en la misma forma en que ascendió a los Cielos (Dn. 7:13, comparar Hch. 1:9; Hch.1.10,11). Su venida tendrá dos etapas: (1) del Cielo a la esfera del aire, antes de la Tribulación, para arrebatar a Su Iglesia (Jn. 14:1-3); (2) del Cielo a la Tierra, después de la Tribulación, para establecer Su Reinado Milenial (Mt. 25:31-34).

A) Primera Etapa, antes de la Tribulación.

1º) El Señor desciende del Cielo a la esfera espacial. (Resurrección y transformación del cuerpo de los salvados; Arrebatamiento de la Iglesia).

A) Cuando la Iglesia esté completa y el tiempo de su testimonio finalice, el Señor descenderá del Cielo a la esfera espacial o del aire (no a la Tierra), con las almas de los que durmieron en Él y resucitará sus cuerpos. Asimismo, los renacidos que viviéremos sobre la tierra seremos transformados y todos juntos seremos arrebatados en las nubes para recibir al Señor en el aire y estar con Él para siempre. (Jn. 14:1-3 ; Ro. 8:11, 18-25, 1ªCo. 15:20-23, 40-58; Fil. 3:20,21; 1ªTs. 4:13-18; He. 9:28).

B) El Arrebatamiento de la Iglesia será Pre-Tribulacional.

El día y la hora no lo sabemos (Mr. 13:32-37), pero la Palabra nos enseña que la Iglesia del Señor, integrada por renacidos, será arrebatada "antes" de la Tribulación que vendrá sobre la Tierra al final de la presente Dispensación de la Gracia. (Mt. 24).

I. Porque la Tribulación y el Anticristo no podrán manifestarse hasta que sea "quitado de en medio al que ahora impide" (2ªTs. 2:6-10). El que impide es el Espíritu de Verdad, el Espíritu Santo (1ªJn.4:4 comparar Jn. 14:17), Quién mora y actúa en y a través de la Iglesia que es Su templo, en forma tal, que no permite la obra del "misterio de iniquidad" (1ªCo.3:16; Ef. 2:20-22; Fil.2:13-15; Ef. 6:10-20 y 2ªCo. 10:3-5; 1ªJn. 4:1-4). Por ello, el Espíritu y la Iglesia en la cual mora, deben salir del mundo- cosa que ocurrirá el día del arrebatamiento- y recién entonces la Tribulación podrá comenzar. Por lo tanto: la Iglesia "debe" ser arrebatada necesariamente "antes" de la Tribulación. El Señor Jesús y El Espíritu Santo, por Su Deidad y Omnipresencia (Mt. 28:20; Sal. 139:7-12), permanecerán en y con la Iglesia en el Cielo, pero seguirán espiritualmente en la Tierra, en forma adecuada al período tribulacional (comparar, Ap. 6:9-17; 14:1 y vs. 12,13).

II. Porque con la Tribulación comienzan las iras: la criminal y blasfemia ira humano-diabólica (Ap. 6:1-11; 9:20,21; 12:12 b; 16:11,21) y por sobre ella: desde su mero principio, la Justa Ira del Cordero (Ap. 6:12-17 comparar Ro. 1:18 y 2:15) y en su parte postrera, las copas de la Justa Ira de Dios (Ap. 16). Pero la Iglesia no está puesta para la ira sino para alcanzar salud (1ªTs. 5:9,10). El Señor nos libró "de la ira que ha de venir" (1ªTs. 1:10), cosa que hará según Su promesa a la Iglesia "en Filadelfia", librándonos "de" esa hora, no "a través de" ella (Ap. 3:10). Su Iglesia, pues, no pasará por parte alguna de los siete años de la Tribulación. (1ªTs. 4:18).

C) Otras organizaciones apóstatas, religiosas o no, con todos los meros profesantes no renacidos (Ro. 8:9c. comparar Ap. 3:14-22; 1ªTi. 4:1; 2ªP. 2:1-3), pasarán por la Tribulación y serán absorbidos por la Babilonia Apocalíptica (Ap. cap. 17). Solo aquellos que escuchen la voz del Señor y salgan de ella y sellen su testimonio de fe en Cristo aún al costo de sus vidas, se salvarán. (Ap. 14:1-14 y 18:4; Ap. 7:9-17).

2º) Acontecimientos en el Cielo: La Iglesia, luego del Arrebatamiento.

A) Estaremos siempre con el Señor; gozaremos de comunión plena y perfecta; seremos presentados al padre y conoceremos las moradas que El Señor preparó para nosotros. (Jn. 14:2,3 y 17:22,24; 1ªTs. 4:17; 1ªJn. 3:1,2; Jud. 24,25; comparar 1ªCo. 13:12).

B) Se realizará el Tribunal de Cristo. (No condenatorio sino galardonador).

I. El Señor dará recompensa a cada uno, según lo que hubiésemos hecho por medio del cuerpo en este mundo, según el intento secreto del corazón y no por las apariencias. (2ªCo. 5:10 comparar Ap. 22:12; Ro. 14:9,10-12; 1ªCo. 4:3-5).

II. "El fuego hará la prueba" (1ªCo. 3:14,15).

No el "fuego" de falsos "purgatorios". Dios mismo y los ojos del Señor serán el fuego allí (Is. 33: 13-17 y v. 22; He. 12:29; Ap. 1:4). Solo aquello que pueda permanecer ante la mirada del Señor será galardonado (1ªCo. 3:5-15).

"Oro, Plata, Piedras Preciosas", soportarán la prueba.

"Oro": todo lo Santo (Ex. 28:30; Sal. 93:5; 1ªP. 1:3-6; Ap. 3:18; He. 12:24). "Plata": cuanto esté de acuerdo con la Palabra de Dios (Sal. 12:6; Pr. 10:20,21; Jn. 14:23,24; Col. 3:16,17; 2ªTi. 3:14-17). "Piedras Preciosas": cuanto de la vida y el carácter de Cristo, fruto y dones del Espíritu Santo, hubiéramos manifestado (Ex. 28:4-21; y 1ªP. 2:3-6; Ro. 8:29,30; Ga. 5:22,23; Ro. 12:4-21; Ef. 4:8-16; 1ªP. 4:7-11).

"Madera, heno, hojarasca" (1ªCo. 3:12b.), serán quemados.

"Madera": naturaleza muerta u obras de la carne (Lc. 23:31 comparar Jud. 12; Ga. 5:19-21, Col. 3:5-9). "Heno": alimento de bestias (Gn. 1:28-30), simboliza lo que es propio del "hombre animal" que no percibe ni entiende las cosas de Dios (1ªCo. 2:14). "Hojarascas": hojas sin fruto; meras "apariencias" u obras hechas por pura vanidad, orgullo y ostentación (Mr. 11:12-14; Lc. 13:6-9; comparar Ap. 3:17). Quien no tenga otra cosa no tendrá recompensa ; él empero será salvo mas así como por fuego (1ªCo. 3:15).

III. Galardones y Coronas.

La alabanza del Señor (1ªCo. 4:5; 2ªCo. 10:17,18 comparar Mt. 25:21,23; 1ªP.1:7). Recompensas aún por lo mas mínimo (Mt. 10:40-42; Mr. 9:41; Lc. 14:13,14).

Coronas: "de Gozo", por ganar almas (Lc. 15:10; 2ªCo. 1:14; Fil. 4:1; 1ªTs. 2:19,20 comparar Pr. 11:30); "de Gloria", a todo siervo subordinado a Cristo y a Su Palabra (1ªP. 5:1-4; Hch. 20:28; 2ªTi. 2:15 comparar Dn. 12:3); "de Vida", Victoria en las pruebas y a héroes y mártires de Cristo (Stg. 1:12 y Ap. 2:10 comparar He. 11:38); de Amor y Constancia (Ap. 3:8-12 comparar Jn. 14:23; 1ªCo. 9:24,25; He. 5:10; 10:34-36; 12:1,2; 2ªJn. v. 8); "de Justicia", a cuantos aman la Venida del Señor (2ªTi. 4:8).

C) Las Bodas del Cordero (Ap. 19:5-9).

I. La Esposa de Cristo es la Iglesia y no la Nación de Israel.

Israel, como Nación, rechazó a Cristo, por lo cual no puede ser Su Esposa y pasará por la Tribulación, al tiempo que las Bodas de Cristo se proclaman en el Cielo.

La mención de Jehová como "esposo" de "Israel" a la cual se acusa de "infiel" (Jer. 3:1-14), señala principal y simbólicamente el hecho de que Dios se "desposó" con Israel a efectos de traer el Mesías (Jn. 4:22) y cuando el Mesías vino, la "infiel" Israel lo rechazó (Mt. 27:15-26), infidelidad que aún sigue y culminará cuando Israel pacte con el Anticristo (Jn. 5:43). Pero Dios es Fiel y cuando Cristo vuelva a la Tierra e Israel lo reconozca, entonces será restaurada y gozará sus bendiciones en el Milenio y en la "Nueva Jerusalem" (Is. 54:1-10; Zac. 12:10; Os. 2:19,20; Ro. 11:26; Ap. 21:10-12).

La Iglesia, en cambio, es la "virgen pura" (2ªCo. 11:2) que El Señor está aún formando (Mt. 16:18)- tanto de judíos como de gentiles (Ef. 2:11-22)- y que una vez completada, se la presentará "gloriosa para Sí", "santa y sin mancha", cuando sea vestida de lino fino y brillante y Sus bodas sean proclamadas en el Cielo (Cnt. 6:10; Ef. 5:22-32; Ap. 19:5-9).

II. La "Nueva Jerusalem" es también llamada simbólicamente, "la esposa, mujer del Cordero" (Ap. 21:9-10).

Se dice que esto concuerda con la "tradición oriental" que estimaba a una Ciudad como siendo "desposada" con su Gobernante; en este caso con Cristo (Sal. 48:5; Mt. 5:35).

Pero además de ello: Bíblicamente, "esposa" o "mujer" tienen el sentido de ser "ayuda idónea" del varón (Gn. 2:18). En esa línea de "idoneidad", se basa aquí el simbolismo.

La Nueva Jerusalem fue formada por Dios (He. 11:8-10) con el propósito de ser la "morada idónea" del Señor y todos Sus redimidos (Ap. 21:3,27), entre los cuales la Iglesia ocupa una posición única, por ser la real "Esposa" de Cristo (Jn. 3:29 comparar Ef. 3:1-12; 5:22-33) y Su "ayuda idónea" en santas tareas espirituales (por ej., la actual tarea evangelizadora, Mt. 28:18-20). Esa posición y condición de "idoneidad espiritual" que es propia y única de Iglesia se corresponde con la condición de "idoneidad residencial" que es propia y única de la Ciudad. Tales similitudes y equivalencias, justifican la calificación simbólica de "esposa" dada a la "Nueva Jerusalem".

Finalmente: que ambas sean "del Cordero" (Ap. 19:7,8 y 21:9,10), indica que ambas, la "Esposa Iglesia" (con los redimidos que la acompañan) y la "Esposa Ciudad" (con todas sus excelencias), son dadas por El Padre, al Cordero, como fruto y premio de Su Cruz (Jn. 10:27-29; Ef. 5:25b.; Is. 53:10,11; Sal. 24; Jn. 14:2; Ap. 5:8-14).

III. Las Bodas y la Cena del Cordero; los Convidados y los Servidores.

Las Bodas se realizan en el Cielo y la Cena del Cordero le sigue (Ap. 19:5-9).

Los convidados son, en primer término, los Santos del Antiguo Testamento. Las palabras de Juan el Bautista: "el amigo que está en pie, y le oye" (ver Jn. 3:27-29), además de su aplicación al momento en que las dijo, implica la presencia de él y de ellos como testigos en las Bodas (comparar Ap. 19:5-7) no en sus almas revestidas en vestiduras blancas (comparar Ap. 6:9-11, 2ªCo. 5:3) si no, ya en cuerpos resucitados, que es lo más indicado. A este último respecto véanse los conceptos relacionados de estas Escrituras:

Job. 19:25-27 y Sal. 17:15 con 1ªJn. 3:2 y 1ªTs. 4:14; Sal. 49:15 con Jn. 14:3; Jn. 8:56 con He. 11:38-40; He. 12:1 con Ap. 19:5-7).

En segundo término participarán de celebraciones extendidas al Milenio, los Santos y Mártires de la Tribulación, que resucitan al final de ésta (Dn. 12:1-3; Ap. 20:4).

En cuanto a los asistentes servidores, serán los santos ángeles de Dios (Ap. 19:10 comparar He. 1:13,14 y Mr. 1:13).

Finalmente seremos preparados y alistados para el Reino Milenial de Cristo.

Mt. 5:5; Mt. 19:27-30; Lc. 19:11-19; 2ªTi. 2:12, Ap. 5:10 y 20:4)

3º) Relación y Actitud Cristiana Actual para con el Arrebatamiento de la Iglesia, el Tribunal de Cristo y las Bodas del Cordero.

Nuestra Relación es diaria y directa: Porque el Arrebatamiento puede ocurrir en cualquier momento y debemos velar cada día preparándonos para ello (Mr.13:31-37; Tit. 2:11-13). Porque en el Tribunal de Cristo serán galardonadas o no, nuestras obras de cada día (2ªCo. 5:10). Porque en las Bodas las vestiduras de lino fino (Ap. 19:8) simbolizan las obras rectas de los santos (Ef. 2:10; He. 13:20,21) y testifican la fidelidad de la Iglesia como "virgen pura" desposada a Cristo (2Co. 11:2 comparar Cnt. 6:10).

Nuestra Actitud. Debemos vivir cada día en ese santo contexto: separados del mundo, rendidos al Señor, haciendo Su Voluntad. (Ro. 12:1,2; 1ªCo. 6:19,20; 1ªJn. 2:13-17 y 3:3; 2ªJn. v. 8; Ap. 3:11,12).

B) Acontecimientos en la Tierra, luego del Arrebatamiento.

Los Siete Años de Tribulación. (Algunos puntos relevantes).

Una vez arrebatada la Iglesia, en la Tierra comenzará la profética "semana de años" (Dn. 9:27), que corresponde a los 7 años de Tribulación y del Anticristo. (Dn. 12:1; Mt. 24:1-30; Lc. 21:25,26; 2ªTs. 2:1-13; Ap. cap. 13)

Se manifestará la así llamada "trinidad de maldad": Satanás "padre de mentiras" (Jn. 8:44); su "simiente", "el hombre de pecado", "la bestia", el Anticristo (Gn. 3:15b; 2ªTs. 2:1-10; Ap. 13:1-10) y la otra "bestia", el "falso profeta", el Anti-Espíritu (Ap. 13:11-14; 16:13).

El Anticristo emergerá de entre la Comunidad de Naciones de Europa, (Ex - Imperio Romano revivido: Dn. 7:8,24) y del "pozo del abismo" en sentido Espiritual diabólico (Ap. 11:7); su gobierno será engañoso, tiránico y blasfemo; honrará a "Mauzim" ("dios de las fuerzas"); "pensará en mudar los tiempos y la ley" y "con paz destruirá a muchos" (Dn. 7:8,24,25; 8:23-25; 11:36-39; Ez. 21:25; Ap. 6:1-8).

Los eventos y juicios de los siete sellos y de las siete trompetas se irán manifestando (Ap. 6:1 a 15:8). El Anticristo hará un pacto con la Nación de Israel; el templo de Jerusalem será reedificado (Dn. 9:27 a.; Is. 28:15-18; Jn. 5:43) y cuando todo parecería seguro para los judíos, del ejército de Gog (Rusia y satélites) vendrán contra Jerusalem, pero Dios intervendrá sobrenaturalmente y lo quebrantará. (Ez. caps. 38 y 39).

"A la mitad de la semana" (a los tres años y medio de Tribulación"), el Anticristo rompe el pacto con los judíos, profana el templo y exige ser adorado (Dn. 9:27b.; 2ªTs. 2:4), cosa que también promueve el "falso profeta" (Ap.13:11-14). Los judíos entonces lo rechazan; el Anticristo se vuelve contra ellos y allí comienza la segunda mitad de la semana, los últimos tres años y medio, conocidos como "la gran tribulación" (Mt. 24:15-26) y "el tiempo de angustia para Jacob", persecución sin paralelo del pueblo de Israel (Jer.30:4-7); Dios empero lo preservará (Ap. 12:6) y señalará un fiel remanente de 144.000 Israelitas (Ap. 7:1-8); una multitud de gentiles se salvará; muchos morirán mártires (Is. 26:16-21; Ap. 6:9-11; Ap. 7:9-17).

La Bestia impondrá su marca "666", seis es el número del hombre, pues fue creado en el día sexto. Triple "6" implica plenitud humana pero bajo posesión diabólica, orientada a endiosamiento, antropolatría y Satanismo (Ap. 13:8-18).

Dios enviará "dos testigos", cuyos nombres no se dan (Ap. 11:3-6). Por el tipo de "señales" y por haber aparecido en el monte de la transfiguración, suelen nombrarse a Elías y a Moisés; pero más indicados son Enoc y Elías, pues ambos fueron llevados al Cielo sin previa muerte (Gn. 5:24 comparar He. 11:5; 2ªR. 2:11) y deberían volver a la Tierra para pasarla (He. 9:27). Además, Enoc fue el primero en profetizar la venida del Señor "con sus santos millares" en juicio, mensaje imprescindible en los días de la Tribulación (Jud. 14,15). Luego de testificar por mil doscientos sesenta días, la Bestia podrá matarlos, pero a los tres días y medio, Dios los resucita y suben al Cielo (Ap. 11:7-12).

Satanás y sus ángeles son arrojados a la Tierra (Ap. 12:11-17). Se vierten las siete copas de la Ira de Dios (Ap. cap. 16). La Babilonia Apocalíptica es juzgada y con ella los falsos sistemas religioso-político mundiales (Ap. caps. 17 y 18).

Ejércitos del Sud y del Norte avanzan al Medio Oriente en oposición al Anticristo (Dn. 11:40-43). Se movilizan doscientos millones del ejército de "los reyes del Oriente" (China y aliados): (Dn. 11:44,45; Ap. 9:14-17 y 16:12). Fuerzas atacan Jerusalem (Zac. 14:1,2). Todos los ejércitos convergen al valle de Megido o Armagedón, entre Samaria y Galilea (Ap. 16:16); la batalla por el dominio del mundo es sin paralelo y horrible. (Dn. 11:44 comparar Ap. 14:20).

"Señales" se producen: se oscurecen el Sol y la Luna y sobre ese fondo tenebroso, el Cielo es abierto y a Su luz, se muestra "la señal del Hijo del Hombre" (Mt. 24:29,30) y aparece El Verbo de Dios al frente de los ejércitos celestiales, que vienen en caballos blancos (Ap. 19:11-14). Satanás incita entonces a todos los ejércitos terrenos a unirse ahora bajo el comando de la Bestia y de los Reyes de la tierra, para guerrear contra El Señor y Sus huestes (Ap. 19:19).

Tales escenas dramáticas y sobrecogedoras, introducen la Venida del Señor a la Tierra y marcan el final de la Gran Tribulación.

C) Segunda Etapa de la Venida de Cristo. (Al final de la Tribulación)

(1) El Señor desciende del Cielo a la Tierra, con Sus huestes y Sus santos, con grande Poder y Gloria y "todo ojo lo verá".

Mt. 24:30, 25:31, 26:64; Ap. 1:7,8; 19:11-16

a)El Señor asienta Sus pies en el Monte de las Olivas que se parte en dos (Zac. 14:4). La Bestia y el Falso Profeta son apresados y echados vivos dentro del lago ardiendo con fuego y azufre; todos los ejércitos impíos son muertos con la Espada que sale de la Boca del Verbo de Dios y las aves de rapiña se hartaron de comerlos (Ap. 19:17-21). Se cumple allí la profecía de la "Piedra" (Cristo) hiriendo los pies de la imagen del poderío gentil para establecer Su Reino como Rey de Reyes y Señor de Señores (Dn. 2:34,35,44; Ap. 19:16).

b)Satanás es atado y encerrado en el abismo por mil años. (Ap. 20:1-3).

c)Resucitan los santos de la Tribulación. (Dn. 12:1; Ap. 6:9-11; 13:15,16; 20:4).

d)Israel reconoce al Mesías, es juzgado, perdonado, reconciliado y restaurado. (Zac. 12:10; Ez. 39:22-29; Mi. 7:18-20; Jer. 33:6-9; Ro. 11:25-29)

e)Las Naciones son juzgadas por su conducta con Israel. (Jl. cap. 3). El Señor separa a quiénes entrarán en el Milenio. (Mt. 25:31-46).

D) El Reino Milenial.

Afirmamos, de acuerdo con las Escrituras, que El Señor Jesucristo, con todos Sus santos y mártires, reinará sobre la Tierra por mil años. (Ap. 20:1-7).

a) Razones para el Reino Milenial del Señor.

·Cristo debe ocupar el Trono de David (Lc. 1:32,33) y reinar hasta poner a sus enemigos debajo de Sus pies. (1ªCo. 15:25).

·El Reino, es la respuesta de Dios al rechazo de los Judíos (Jn. 19:15-22); al escarnio de los soldados romanos y a la ironía de Pilatos (Mt. 27:27-30,37); a la oferta ecuménica del Diablo. (Lc. 4:5-8 comparar Ap. 11:15).

·Porque este mundo fue creado por y para Cristo y tal propósito debe cumplirse (Col. 1:16 comparar Is. 9:6). Además, en esta Tierra Su pueblo fue perseguido, afligido y muerto y ahora los mansos deben recibir la tierra por heredad (Mt. 5:5), reinando con El Rey y juzgando al mundo. (2ªTi. 2:12; 1ªTs. 2:12; Ap. 5:8-14).

·Porque debe manifestarse el modo de vida según Dios para con los hombres y entre ellos, así como con las demás criaturas y la Tierra: asimismo, el Gobierno Justo y Santo, bajo El Rey de Reyes y Señor de Señores. (Ap. 19:15,16).

b) Algunas características del Reino Milenial.

(i)La Tierra sanada y renovada. (Sal.67:4-7, 72:16; Zac.14:8; Ez. 47:6-13 comparar Is. 62:1-4).

(ii)Las Bestias serán mansas (Is. 11:6-9; 65:25 comparar Os. 2:18).

(iii)Los años de la vida humana alargados y las enfermedades reprimidas. (Is. 65:20 comparar Zac. 8:4; Is. cap. 35).

(iv)Cristo regirá con vara de hierro (Ap. 19:15) no tiránicamente sino con "vara de justicia" (Sal. 45:6,7); el "sermón del monte" será Código (Is. 11:1-5; Mt. 5:1-7,27). Habrá paz y justicia social; las armas, vueltas en útiles de labranza (Is. 2:1-5).

(v)Jerusalem, centro de culto mundial (Is. 2:3); se edificará el templo (Ez. caps. 40 a 45); los "sacrificios" tendrán carácter conmemorativo y didácticos, mostrándose su cumplimiento en Cristo.

(vi)Israel será bendición; los Judíos, misioneros por todo el mundo. (Is. caps. 12 y 62, comparar Sal. 37:29-31, Is. 43:21).

(vii) La Tierra será llenada del conocimiento de Jehová. (Is. 11:9 ; Hab. 2:14).

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14. De los Acontecimientos Posteriores al Milenario.

A) Satanás será suelto de su prisión por un poco de tiempo (Ap. 20:3) y saldrá para engañar a las Naciones, "a Gog y a Magog" (poderes de Rusia y aliados, restablecidos), a fin de congregarlos para dar batalla contra los santos y Su Señor. (Ap. 20:7,8).

Con ello queda manifestada la invariable maldad y rebelión del Diablo y asimismo, la invariable maldad de los hombres impíos que probados bajo condiciones perfectas, demuestran que sus corazones permanecieron en rebelión al Rey y Señor de Justicia y de Paz. No se nos dice como los engañó Satanás, pero es presumible que el "padre de mentiras" (Jn. 8:44), lo hizo aparentando que él se libró por su propia capacidad y fuerza de la prisión de mil años, por lo cual unidos a él podrían derrotar a quién los rigió por mil años.

B) Los impíos circundan el campo de los santos y la ciudad amada pero de Dios desciende fuego del Cielo que los devora. El diablo que los engañaba, fue arrojado al lago de fuego donde ya estaban la bestia y el falso profeta y allí serán atormentados para siempre. (Ap. 20:10).

C) En cuanto al juicio de los "ángeles caídos" o demonios, que tendrá lugar "en el juicio del gran día" (2ªP. 2:4; Jud. 6), es lógico pensar que ello ocurrirá luego del castigo final de Satanás, pues tienen su mismo destino (Mt. 25:41). Los creyentes seremos asociados del Señor en el juicio de esos ángeles (1ªCo. 6:3).

15. De la Segunda Resurrección y del Juicio Final.

Afirmamos, de acuerdo con las Sagradas Escrituras, que luego de los acontecimientos inmediatos al Milenario, tendrá lugar la segunda resurrección y el Juicio Final.

A) Serán levantados todos los muertos que no participaron de "la primera resurrección (la de "vida" según Jn. 5:29 a., 1ªCo. 15:23; 1ªTs. 4:13-18; Ap. 20:4-6) y ellos comparecerán delante del Señor Jesucristo, Quién sentado en un Gran Trono Blanco procederá al Juicio y adjudicación del castigo eterno a todos los que no se hallaren escritos en el "Libro de la Vida del Cordero". Estos serán echados al lago de fuego (Jn. 5:23, 29 b.; Hch. 17:31; Ap. 20:11-15 y 21:8 comparar Mt. 25:41; Ap. 21:27).

B) El infierno y la muerte serán también echados al lago de fuego. (Ap. 20:14)

16. De los Nuevos Cielos y la Nueva Tierra.

Afirmamos y esperamos, conforme a las Escrituras, que previa destrucción por fuego de los cielos y tierra actuales, serán Nuevos Cielos y Nueva Tierra en los cuales morará la Justicia, donde no habrá mas llanto, ni dolor, ni temor, ni tentación, ni pecado, ni muerte y donde por la Eternidad morarán los renacidos con Dios en Gloria Inmarcesible. La "Nueva Jerusalem" será morada y allí Dios es Su Templo y el Cordero, y también Su Luz y Lumbrera. Río de Agua de Vida sale de Su Trono; el Árbol de la Vida dará Su Fruto y reinaremos por siempre jamás.

Mt. 5:18 a., y 24:35; 2ªP. 3:1-13; Is. 65:17 y 66:22; Ap. caps. 21 y 22.

17. De la Iglesia.

Es un Organismo Viviente, Cuerpo místico del Señor Jesu-Cristo, Quién es su Fundador, Fundamento, Única Cabeza y Pontífice, Esposo y Señor.

1ª Co. 12:12,13 y 27; Ef. 1:22-23.

En la Compañía o congregación de los Cristianos Evangélicos, llamados justificados, renacidos, bautizados y santificados por la Palabra de Dios, la Sangre Preciosa del Señor Jesu-Cristo y el Espíritu Santo.

Hch. 20:28; 1ªP. 2:9-10; Ap. 7:9-17; Ro. 8:20-30; 1ªCo. 6:9-11; 1ªP. 1:13-25.

Dios, el Espíritu Santo, Único Vicario del Señor Jesu-Cristo en la tierra, es quién tiene a su cargo la formación y cuidado de la Iglesia, y el crecimiento espiritual de los creyentes.

Jn. 14:15-18,21,23-26; Jn. 16:7-15; Hch. 1:1-9; Hch. 2:4,32; 1ªCo. 12:1-13 y 27-28; 2ªCo. 3:17,18.

Es la morada de Dios en Espíritu aquí en la tierra.

1ªCo. 3:16 y 6:19; Ef. 2:18-22; 1ªJn. 4:12 y 13

Es una Casa Espiritual, Casa del Dios Vivo, Columna y apoyo de la Verdad.

1ªTi. 3:15 y 16; 1ªP. 2:1-10

En ella no hay Jerarquías.

La Santísima Trinidad y la Santa Biblia gobiernan la Iglesia, haciendo efectivo tal Gobierno por los dones espirituales que concede Dios a sus miembros, juntados en uno en la Facultad de la Asamblea Deliberativa donde cada miembro en plena comunión tiene voz y voto.

Jn. 17:21-26; Hch. 13:1-4; Hch. 11: 1-18; Hch. 15:1-31. (Ver capítulo IV, "De los miembros de la Iglesia" y capítulo III, "De la forma de Gobierno").

Sus oficiales son de dos oficios: "Pastores, Ancianos, Obispos, Presbíteros, Ministros", distintos nombres que significan un solo y mismo oficio según el Nuevo Testamento y son entendidos no por Jerarquía, sino por dones especiales que el Espíritu Santo otorga para apacentar el rebaño, educarlo en la Santa Palabra de Dios, dirigir sus cultos y sus asambleas y velar por su disciplina y bienestar. Luego están los "Diáconos" o "Ayudas", que se ocupan de las cuestiones temporales especialmente: administración, tesorería, cuidado de bienes e inmuebles y demás asuntos económicos, pudiendo desde luego predicar y enseñar si para ello tienen dones espirituales.

Hch. 20:17, 28; 1ªCo. 4:1,2; 1ªTi. 4:6 y 14; 1ªP. 5:1-4; Fil. 1:1; Hch. 6:1-8; Ro. 16:1; 1ªTi. 3:1-13.(Ver capítulo "De los Oficiales de la Iglesia")

Todos los miembros de la Iglesia son hermanos entre sí e hijos de Dios, virtud de su nuevo nacimiento por el Espíritu Santo; miembros del cuerpo del Señor Jesu-Cristo y miembros los unos de los otros.

Mt. 12:47-50; Mt. 25:40; He. 2:11-17. 1ªCo. 12:12-27; Ef. 4:1-16.

La misión de la Iglesia es esencialmente Espiritual y se expresa, en tal sentido por la predicación del Evangelio de Salvación a los perdidos y por la enseñanza y edificación en la fe de los salvados que constituyen su membresía.

Mt. 28:18-20; Mr. 16:15-16; Ro. cap. 12; Ef. 4:1-19; Fil. 2:1-15; Col. 3:1-17 y 4:1-6, 16; He. 13:1-21; Stg. 5:7-20; 1ªP. 2:1-12. (Ver el capítulo 1º, "Fines y Propósitos")

18. Del Bautismo.

De conformidad con el ejemplo y mandato del Señor Jesu-Cristo, practicamos el Bautismo de los creyentes por inmersión en agua, en el Nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.

Mt. 3:13-17; Mt. 28:18-20

No bautizamos a los párvulos, pues el mandamiento del Señor Jesu-Cristo y la enseñanza de los apóstoles, establecen explícitamente que antes de procederse al bautismo, se debe "DOCTRINAR" o "HACER DISCÍPULOS", lo que es sólo posible mediante la predicación o exposición clara y sencilla de las doctrinas básicas del Evangelio, para que el pecador comprenda formalmente y realice experimentalmente su necesidad de salvación y sea conducido, por la guía y convicción del Espíritu Santo, al arrepentimiento de sus pecados y a depositar toda y sola fe en la Persona y Obra del Señor Jesu-Cristo, así confesándolo expresamente con su propia boca y público testimonio personal.

Mt. 28:18-20; Mr. 16:15-16; Lc. 24:46-48; Hch. 2:38; Ro. 10:8-17; comparar 1ªTi. 6:12.

La experiencia personal de la salvación debe, pues, preceder al acto de bautismo. Ser bautizado "en nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo", sin discernir ni experimentar la Obra de la Santísima Trinidad en bien del pecador, -(Ver Capítulo II, Art.5º, "De la Salvación"),- no puede suplir el requisito bíblico de que el bautismo se administre como respuesta inmediata a la "DEMANDA DE UNA BUENA CONCIENCIA", que en verdad nada puede demandar si nada hubiere comprendido ni experimentado.

Hch. 2:41-42; 8:26-40; 10:34-48; 11:1-18; 16:27-34; 1ªP. 3:20-21.

En cuanto a la importancia y significado del acto del bautismo, afirmamos lo siguiente, de conformidad con las Sagradas Escrituras:

a) En cuanto a su importancia.

a) El ser bautizado es de gran importancia por lo que implica como acto de sumisión y obediencia al mandato del Señor Jesu-Cristo. Siempre es importante obedecer al Señor y someternos a Su Santa Palabra, que registra promesas de bendición a los obedientes.

Mt. 28:18-20; Jn. 14:21-24; Jn. 15:14-15; Hch. 22:16.

b) Aunque el bautismo no es la puerta de entrada a la Iglesia, -pues se ingresa vitalmente a la misma por el nuevo nacimiento, (Jn. 3:3-8; Romanos 8:9-17), con todo, el bautismo es la puerta por la cual entramos a gozar los privilegios de una membresía activa y en plena comunión, tales como la participación de la Cena del Señor y la integración de las Asambleas Deliberativas donde cada miembro tiene voz y voto. Todo ello reafirma la necesidad de impartir al converso, previamente a su bautismo, una clara y definida, aunque breve y sintética enseñanza bíblica que le faculte a discernir dignamente tanto la Ordenanza y acto del bautismo, como la Ordenanza y acto de la Cena del Señor, así como los privilegios y deberes inherentes a su calidad de miembro constituyente de la Asamblea Deliberativa. La obediencia a las Ordenanzas, únicamente así será de bendición pues obrarase con discernimiento, al ser instruídas las "nuevas criaturas" bíblicamente, para ser hechas conscientes de sus primeros actos responsables en el seno del Organismo Vivo que es la Iglesia de Dios.

Hch. 2:37-47; Hch. 6:1-6; 1ª Co. 10:13-26 y cap. 11:23-32. (Ver cap. IV, "De los miembros de la Iglesia"; Ver cap. VIII, "De las Asambleas Deliberativas")

b) En cuanto a su significado.

Si es importante el bautismo como acto de obediencia al mandamiento del Señor Jesu-Cristo y como introducción al goce de plena comunión con la Iglesia, tanto más lo es por su profundo significado Espiritual.

a) El acto de INMERSIÓN en las aguas del Jordán, a que Juan sometía a los pecadores previo doctrinamiento clarísimo acerca de su necesidad de sincero reconocimiento, arrepentimiento y confesión de pecado; de verdadero cambio de vida mostrando frutos dignos de arrepentimiento; y de fe en el Cristo que había de venir, Quien como Cordero Vicario redimiría del pecado y como Señor Resucitado bautizaría con Espíritu Santo, testificaba de la muerte "en" pecado, reconocida y confesada.

En el acto de EMERGER o subir de las aguas, testificábase la necesidad de muerte "al" pecado y levantamiento a nueva vida, por fe en la persona y obra del Cristo Salvador.

Mt. 3:1-12; Mr. 1:1-8; Lc. 3:1-18; Jn. 1:6-8,19-36; Hch. 19:1-7.

b) El acto de INMERSIÓN en las aguas del Jordán, a que el señor Jesu-Cristo sometióse voluntariamente, venciendo la mucha resistencia de Juan el Bautista con Su mansa y Santa Palabra: -"Deja ahora; porque así nos conviene cumplir toda justicia" (Mt. 3:13-15)-, autenticó para siempre el testimonio del agua (1ªJn. 5:7-8), en cuanto a El respecta, como señal y símbolo visible de Su Misión Divina de venir hacer el Cordero Vicario provisto por el Amor Divino, para satisfacer la propiciación del pecado demandada por la Justicia Divina.

Pruébase esto para el hecho de que, EN EL BAUTISMO, el Señor Jesu-Cristo, que no tenía pecado alguno que confesar ni de que arrepentirse por ser sin mancha y sin contaminación, Santo, Inocente, Limpio, colocóse humildemente, sin ser pecador, en el lugar del pecador, para ser sumergido en las aguas y levantado de ellas en un acto simbólico de muerte y resurrección cumplida luego real y físicamente en Su crucifixión, sepultura y gloriosa resurrección corporal, no por sí ni para sí, sino como Sustituto Santo sobre el cual "Jehová cargó el pecado" de todos los pobres, cuitados, perdidos, miserables, ciegos y desnudos pecadores, entregándolo por nuestros delitos y resucitándolo para nuestra Justificación.

Mt. 3:13-17; Mr. 1:9-12; He. 1:1-4 y 2:9-17; 1ªP. 1:17-21 y 2:24-25; Ro. 4:25.

c) Para el cristiano evangélico, el acto del bautismo encierra profundos significados. En él, colócase voluntariamente y con toda humildad, en el mismo lugar en que Él se colocó por nosotros, y que es el único lugar en que real y físicamente podemos y debemos colocarnos -"las aguas bautismales" - como símbolo visible de nuestra también real, aunque espiritual, identificación por fe viva, con los hechos y beneficios a nuestro favor de Su crucifixión, muerte y resurrección.

El acto del descenso por inmersión en las aguas y del ascenso por emerger de ellas, es el único acto que legítimamente satisface las exigencias de los significados implicados en su designio: simbolizar visiblemente hechos espirituales; fin de las cosas viejas y principio de las cosas nuevas en Cristo Jesús; muerte y resurrección; reconocimiento de muerte "en" pecado y de Salvación por Gracia; entrega incondicional para muerte "al" pecado y resurrección a nueva vida , para que, por todo el tiempo que nos fuere concedido vivir aquí en la tierra seamos no meros cristianos profesantes, sino verdaderos hijos del Dios Viviente, andando en novedad de vida conforme a Su Santa, Agradable y Perfecta Voluntad.

Implica, además, confesión de fe en la resurrección de nuestro cuerpo mortal que será levantado, en cuerpo inmortal, el día glorioso de Su prometido advenimiento, cuando todos los que duerman en los sepulcros, cuyas almas estén con el Señor, serán levantados sin corrupción, y los renacidos que vivan aquí todavía, serán transformados, y todos juntos arrebatados por el Poder del Señor para recibirle en los aires.

2ªCo. 5:14-19; Ro. 6:3-18; Col. 2:12 y 3:1-17; Ro. 12:1-2; 1ªP. 4:1-11; Jn. 14:1-3 y 1ªJn. 3:1-3; 1ªCo. 15:50-58 y 1ªTs. 4:13-18.

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19. De la Cena del Señor.

De conformidad con la Institución del Señor Jesu-Cristo, celebramos la CENA DEL SEÑOR, participando de las dos especies - pan y vino- todos los miembros de la Iglesia en plena comunión.

Admitimos a hermanos cristianos evangélicos de otras Iglesias, siempre que se trate de miembros bautizados y en plena comunión.

Mt. 26:26-30; Mr. 14:22-26; Lc. 22:19-20; 1ªCo. 11:23- 32 y cap. 10:15-17, 31-32.

No admitimos las teorías de la "TRANSUBSTANCIACIÓN" ni de la "CONSUBSTANCIACIÓN", por contrarias a las Santas Escrituras.

No creemos que por la oración de acción de gracias o bendición, ("Eucaristía"), se efectúe por poder alguno, ningún cambio en las sustancias ni en las esencias del pan y del vino, ni tampoco que las mismas sean acompañadas por "PRESENCIA REAL" alguna del cuerpo, de la sangre ni de la Divinidad del Señor Jesu-Cristo.

Las especies, afirmamos, permanecen en todas sus partes como tales: pan y vino, antes, durante y después de la acción de gracias. Prueba tal afirmación la propia declaración del Señor Jesu-Cristo, llamando "FRUTO DE LA VID" a la copa de la comunión después que El mismo la bendijo. Asimismo el Apóstol San Pablo, llamó "PAN" al pan y "COPA" a la copa, todo ello después de la pertinente acción de gracias.

Mt. 26:26-29; Mr. 14:22-26; Lc. 22:17-22; 1ª Co. 11:24-28

Entendemos y discernimos las especies del pan y del vino, de conformidad con las Sagradas Escrituras, únicamente como "SÍMBOLOS REPRESENTATIVOS" del cuerpo y de la sangre del Señor Jesu-Cristo, ofrecidos en expiación por nuestros pecados en la cruz del Calvario, una sola vez y para siempre, para reconciliarnos y llevarnos a Dios.

Mt. 26:26, comparar con los siguientes textos: Jn. 6:51-63; Jn. 12:23-33; Jn. 14:6; He. 10:5-10 y v. 19-22. Mt. 26:27-29, comparar con los siguientes textos: Jn. 15:1; 2ªCo. 5:18-21; 1ªJn. 4:8-14; Ro. 3:23-25.

El uso del Verbo "SER" en forma alegórica o representativa es frecuente en las Escrituras: Gn. 41:25-37; Mt. 5:13-16; Mt. 13:34-43; Jn. 10:7-9; Ap. 1:8; etc.; etc.

Afirmamos, de conformidad con las propias palabras del Señor Jesu-Cristo, que la CENA DEL SEÑOR fue instituida como: MEMORIAL DE SU SACRIFICIO EXPIATORIO Y VICARIO, realizado "por determinado consejo y providencia de Dios", para conmemorar en el tiempo este hecho único de la Historia acaecido en la cruz del Calvario.

"Haced esto EN MEMORIA de MI".

Lc. 22:19; Hch. 2:22-24; 1ª Co. 11:23-26.

Así como la Fiesta de la Pascua era el Memorial de la liberación del pueblo de Israel de su esclavitud temporal bajo el yugo de Egipto, y de la liberación de la vida de los primogénitos israelitas por la muerte vicaria del cordero Pascual ofrecido en lugar de ellos (Ex. cap. 12 y 13:1-10), así la CENA DEL SEÑOR es el MEMORIAL que conmemora la liberación y salvación eterna obrada por el Señor Jesu-Cristo, Verdadero "CORDERO DE DIOS QUE QUITA EL PECADO DEL MUNDO", sacrificado vicariamente por nosotros llevando sobre sí nuestros pecados para cubrirnos a nosotros con Su Justicia. "Nuestra Pascua, que es Cristo, fue sacrificada por nosotros".

Jn. 1:29,36; 1ª Co. 5:7-8; 2ª Co. 5:18-21.

Asimismo la CENA DEL SEÑOR mira el porvenir, como: MEMORIAL DE LA PROMESA del Señor Jesu-Cristo, de reunir a todos los suyos en el Reino de Dios, lo que ocurrirá plenamente en el día próximo de su prometido advenimiento corporal.(Ver item 13 de este capítulo)

"Y os digo, que desde ahora no beberé más de este fruto de la vid, HASTA AQUEL DIA, cuando lo tengo de beber nuevo con vosotros, EN EL REINO DE MI PADRE" (Mt. 26:29).

"Porque todas las veces que comiereis éste pan y bebiereis esta copa, la muerte del Señor anunciáis HASTA QUE VENGA." (1ª Co. 11:26).

Participar dignamente de la Cena del Señor, discerniendo Su Cuerpo, de conformidad con la Palabra de Dios, es causa de profunda bendición espiritual, derivada en primer término de la obra que el Espíritu Santo realiza en el comulgante, conduciéndole a un exámen de conciencia y promoviendo confesión, perdón y limpieza de pecado, corrección y restauración espiritual, comunión, crecimiento y santificación, Glorificando al Señor Jesu-Cristo en la vida toda del creyente que con sinceridad y fe plena, obedece la Ordenanza.

Jn. 16:7-15; 1ªCo. 5:7-8 y cap. 11:27-33; 1ªJn. 1:4-10; 1ªJn. 2:1-2; He. 12:1-29; He. 13:8-21.

Los significados de cada paso, en el Orden mismo de la Celebración contienen enseñanzas espirituales y bendiciones que son muy preciosas para los verdaderos creyentes renacidos que participan de ella:

a) La presencia visible de los símbolos representativos -pan y vino- apela directamente al ejercicio de la memoria y de la fe.

"Haced esto EN MEMORIA de MI." (Lc. 22:19).

"Esto es mi cuerpo que POR VOSOTROS ES DADO."(Lc. 22:19).

"Esto es mi sangre del nuevo pacto la cual ES DERRAMADA POR MUCHOS PARA REMISIÓN DE PECADOS." (Mt. 26:28).

Al ser dirigida la memoria a recordar solemnemente el hecho del Calvario, la fe discierne que el cuerpo y la sangre del Señor fueron entregados como los de un "CORDERO SIN MANCHA Y SIN CONTAMINACIÓN" (1ªP. 1:18-21) en SACRIFICIO SUSTITUCIONAL, "POR VOSOTROS, POR MUCHOS" por ser la provisión que el Amor, la Sabiduría y el Poder de Dios prepararon(Lc. 1:26-35; Mt. 1:18-25; Hch. 2:22-36; 1ªCo. 1:18-24), para satisfacer las exigencias irrenunciables de Su Justicia y cumplir, por medio del Redentor, el Juicio, Castigo y Expiación de los pecados, a la par que establecer Su Divino Propósito de quitar la muerte y sacar a la luz la Vida y la Inmortalidad por el Evangelio. (Jn. 3:16-18; He. 10:1-25; 1ªJn. 4:8-14; 2ªTi. 1:9-10).

b) La oración de "acción de gracias" ("Eucaristía"), expresa la gratitud de los hijos de Dios al Padre de Amor y de Toda Misericordia, por haber PROVISTO "AQUEL" CUERPO Y "AQUELLA" SANGRE DEL SEÑOR JESU-CRISTO, para REMITIR SOBRE EL TODOS NUESTROS PECADOS, OBRAR LA EXPIACIÓN Y RECONCILIARNOS PARA SIEMPRE CON EL.

Is. cap. 53; 2ªCo. 5:18-21; Ro. 8:29-34; Ef. 1:3-7; Ef. 2:1-22; 1ªJn. 2:1-2, etc.

c) El hecho del rompimiento del pan y su distribución, así como de la distribución del vino, evidencia que "MUCHOS PARTICIPAMOS DE AQUEL UN PAN" y que "MUCHOS SOMOS UN CUERPO", testificando así la unión y comunión de todos los miembros del Cuerpo que es la Iglesia con su Cabeza, Pontífice, Esposo y Señor que es Jesu-Cristo, en Quien reconocemos han sido juzgados nuestros pecados y de Quien confesamos recibir la Salvación, Vida Eterna y dones espirituales, alimento y crecimiento espiritual.

1ªCo. 10:17; cap. 12:7-27; Ef. 4:1-16 y 5:22-30.

d) La acción propia del comer y beber, al ingerir las especies representativas, evidencia ejemplificándola, la acción viva de la fe virtuosa que apropia y asimila la Virtud y Beneficios del Cristo Crucificado.

Ro. 3:23-26; Ro. 5:1-5; 1ªCo. 1:30-31, comparar: He. 13:10.

e) El creyente experimenta así verdadera, provechosa, real y espiritual comunión con el cuerpo y con la sangre del Señor, pero ello no precisamente "EN"o "CON" las especies del pan y del vino propiamente dichas, - SOLO SÍMBOLOS- sino "EN" su propio ser espiritual y fuero interno, donde el mismo Señor Jesu-Cristo mora en Espíritu conforme su promesa, e imparte Personal, aunque espiritualmente, al cristiano evangélico, la Virtud y eficacia de Su Crucifixión, así como la Virtud y eficacia de su Resurrección, manifestándose al creyente que ha sido plenamente guiado a la comunión espiritual con El, por medio de solemne acto de la Cena y su Memorial.

Mt. 18:20; Mt. 28:20; Jn. 14:18-23; 1ªCo. 10:16; Col. 1:19-29; He. 13:20 y 21.

f) Una profunda identificación con el Señor se realiza por medio del Memorial de la Cena, pues el creyente, al recordar y discernir el sacrificio del Señor, también recuerda, rememora y establece, que "su viejo hombre fue juntamente crucificado con El, para que el cuerpo del pecado sea deshecho, a fin de que no sirva más al pecado."

Ro. 6:6-14; 2ªCo. 5:14-15; Ga. 2:20; 5:24 y 6:14; 1ªP. 2:24; 1ªP. 4:1-2

g) Por último, el creyente es grandemente confirmado, consolado y alentado, con la Gloriosa Esperanza de Su Prometido y Próximo Advenimiento, que también es proclamado por el acto de la Cena del Señor.

"TODAS LAS VECES QUE COMIEREIS ESTE PAN Y BEBIEREIS ESTA COPA, LA MUERTE DEL SEÑOR ANUNCIÁIS HASTA QUE VENGA".

1ªCo. 11:26; 1ª Ts. 4:1-18 y cap. 5:8-28

20. Del Día del Reposo.

Desde el fin de la Obra de la Creación, hasta la resurrección corporal del Señor Jesu-Cristo, el día de reposo establecido por Dios para descanso de toda ocupación secular y para dedicarlo a ocupación espiritual santificándolo para Dios, fue el día SÁBADO.

Gn. 2:1-3; Ex. 20:8-11 y cap. 31:12-18.

El día Sábado conmemoraba tanto el fin de la obra de la Creación como además (para los israelitas a partir de 2500 años después de la obra de la Creación), el fin de su esclavitud en tierra de Egipto por la obra de Dios por mano de Moisés y tipificaba asimismo, el reposo que Dios les dió, luego de 40 años, en tierra de Palestina por mano de Josué.

Dt. 5:12-15; Ex. 16:23-31; Jos. 11:23 y He. 3:7-4:7.

Con la crucifixión del Señor Jesu-Cristo, los Sábados llegaron a su fin junto con todo lo concerniente a la legislación Mosaica; y con la gloriosa resurrección corporal del Señor Jesu-Cristo, que ocurrió al alba del PRIMER DIA DE LA SEMANA (DOMINGO), quedó establecido para siempre este nuevo día como el DIA DE REPOSO PARA LOS CRISTIANOS EVANGÉLICOS.

Conmemora el día DOMINGO, el fin de la obra de la redención y la victoria del Señor Jesu-Cristo sobre el pecado, la muerte y el sepulcro y tipifica, tanto el descanso o reposo, que todo hijo de Dios goza ahora por la obra salvadora del Divino Redentor, como al que gozará en la vida venidera cuando entre a la prometida Patria Celestial.

Os. 2:11; Col. 2:14-17; He. 4:4-11 y 11:13-16; Mt. 11:25-30; Lc. 24: 1-8 y v. 13-43.

Fue en el PRIMER DIA DE LA SEMANA que el Señor resucitó y apareció a los suyos; fue el primer día de la semana en que ocurrió el derramamiento del Espíritu Santo el día de Pentecostés; fue en el primer día de la semana que los discípulos y apóstoles celebraban culto a Dios y la comunión de la Cena del Señor, fue ordenanza del Apóstol San Pablo que el primer día de la semana los creyentes apartaran sus ofrendas para el Señor, y fue en el primer día de la semana o "DIA DEL SEÑOR" cuando el Apóstol San Juan, estando "en el espíritu" es decir, adorando a Dios, recibió la gran revelación del Señor Jesu-Cristo que se registra en el libro de Apocalipsis. Todos estos ejemplos, prueban que el día del reposo guardado por la Iglesia primitiva y a partir de entonces por los siglos hasta hoy, para ser dedicado al culto Espiritual del Dios Viviente y reposo de las tareas seculares, FUE Y ES EL DIA DOMINGO. El emperador Constantino en 321 AD., reconoció civilmente por un edicto el día DOMINGO.

Jn. 20:19-26; Hch. 2:1-4; comparar: Lv. 23:15-16; Hch. 20:6-11; 1ªCo. 16:2; Ap. 1:10.

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La Doctrina Bíblica de la Separación

Confesamos, con las Sagradas Escrituras, que la Doctrina de la Separación abarca aspectos personales del creyente y aspectos eclesiales o de la Iglesia del Señor.

Aspectos personales en la vida del creyente

i)En relación con lo negativo, la separación coopera a la santificación del creyente, pues le requiere apartarse de toda especia de mal y aborrecerlo (1ªTs. 5:22-23; Ro. 12:9b); no amar al mundo ni sus cosas (Jn. 17:9,15,16; 1ªJn. 2:15-17); abstenerse de los deseos carnales (Ro. 8:12, 13; 1ªP. 2:1,11); limpiarse de inmundicias y perfeccionar su santificación en temor de Dios (1ªTs. 4:1-7; 2ªCo. 6:17 a 7:1).

ii)En relación con lo positivo, la separación es edificante, pues el "apartarse" o "separarse", conlleva el sentido de allegarse "a lo bueno" (Ro. 12:9c), o apartarse "al" Señor en amorosa sumisión y obediencia a Él y a Su Palabra (Prov. 23:26; Ro.12:1,2; Jn. 14:23)

Aspectos de Separación Eclesial Bíblica o en orden a la Iglesia de Cristo.

i)Separación de apóstatas y de apostasías de la fe.

Esto implica separarse de todo individuo o iglesia, Denominación, Concilio y organizaciones satélites, que nieguen o "demitologizen" (según dicen) doctrinas tales como: la Inspiración e Infalibilidad de las Escrituras; la Deidad del Señor, Su nacimiento virginal, Sus milagros, la expiación de nuestros pecados en Su sangre y muerte expiatoria y vicaria, Su resurrección corporal; entre otros Fundamentos de la Fe. Son apóstatas.

Mt. 7:15; Mt. 24:24; 1ªTi.4:1; 2ªTi. 4:3,4; Ro. 16:17,18; 2ªP. 2.1 a 3.

ii)Separación de "ecuménicos" y "ecumenismos"

El "ecumenismo", promueve una amalgama antibíblica de elementos heterogéneos, mediante un "diálogo" de Iglesias Fundamentales como Modernistas, Carismáticas, Romanistas y Ortodoxas Orientales; extendiéndose luego a Judíos, Mahometanos, Hinduistas, etc. Además, con "teólogos de la liberación" o marxistas, con la misma naturalidad que con el "pacifismo". Es sustentado por el "Concilio Ecuménico" de Ginebra y por Roma.

Su raíz es panteísta, su método es inclusivista y sincretista y su visión es universalista.

Su meta: una Iglesia Mundial y el utópico sueño "modernista" de "un reino universal" de visión social y terrena. Es obvio: su "inspirador" es Satanás, "príncipe de este mundo" (Jn. 14:30), de la "ecumene" o "tierra habitada" (Lc. 4:5-8); y su destino, la Babilonia Apocalíptica. "Salid de ella, pueblo mío", dice el Señor.

Ez. 22:26; 2ªCo. 6:14-18 comp., Ap. cap. 17 y 18:4

iii) Separación de los que transigen y cooperan con modernistas, ecuménicos y los así llamados "carismáticos" (seudo movimiento de lenguas, sanidades, etc.)

Esto requiere separase de creyentes e iglesias, asociaciones de iglesias y movimientos paralelos que transitan "el camino del medio" y hacen de "puentes" entre fieles e infieles. Profésanse Bíblicos, pero desconocen la Doctrina Bíblica de la Separación y hablan de "infiltración" o "cooperación sin transigencia", profesando un tipo antibíblico de "unidad en misión" pues, dicen: "la tarea une pero la doctrina divide". Por ello, promueven campañas unidas de evangelización, congresos, asociaciones ministeriales y de Iglesias, "obra social", etc. Tal cooperación y comunión entre fieles e infieles, unce el "yugo desigual" y fomenta un espíritu "ni frío ni caliente", contrario a las Escrituras. Lo trágico: en vez de "infiltrar" (como pretenden) resultan infiltrados por el error y no se aperciben que "cooperar" con infieles, es transigir y claudicar.

Amós 3:3; Ef. 5:7; 1ªTi. 5:22; 2ªJn. 8-11 comparar, Ap. 3:15.

Separación de costumbres casuísticas o pragmáticas (el fin justifica los medios).

Aún Iglesias que presumen de fundamentales caen en ello. Se trata de métodos no Bíblicos en tareas y campañas en todos los niveles y etapas. Además, costumbres de gran moda como el uso de imágenes "de Cristo" y cruces en templos, Biblias, etc.; música de ritmo mundano; uso de películas y videos "de evangelización" con efectos sicodélicos; vestimentas mundanas; etc. Se pretende, adecuarse a los tiempos, olvidando "las sendas antiguas" o considerándolas como "rémora generacional" (Jer. 6:16). Se enfatiza lo social sobre lo Espiritual, con miras a "resultados" numéricos en menoscabo de frutos espirituales provenientes de métodos Bíblicos. Todo ello es contrario a la Palabra de Dios.

Ro. 12:2; Col. 2:4,6,8; 1ªCo. 2:11-16; Ef. 5:6-21.

La Doctrina Bíblica de la Unidad Cristiana

1. Confesamos, con las Sagradas Escrituras, que la Doctrina de la Unidad Cristiana es Espiritual en esencia:

a)porque reconoce como su eterna fuente, corriente y dechado, a la Unidad Esencial Espiritual de la Santísima Trinidad: "… que todos sean una cosa; como tú, oh Padre en mí y yo en ti, que también ellos sean en nosotros una cosa…" (Jn. 17:21); "…que sean una cosa, como también nosotros somos una cosa. Yo en ellos y tú en mí, para que sean consumadamente una cosa" (Jn. 17:22b, 23a).

b)Porque se concreta en el creyente en Cristo, por la engendración del Espíritu Santo en la experiencia Espiritual del nuevo nacimiento (Jn. 3:1-16; Jn. 1:12,13; Ga. 4:4-7). Confesamos, por lo tanto, que la Unidad Cristiana es exclusiva de y entre los renacidos, que son hechos hijos de Dios y hermanos entre sí.

2. Por su relación vital con la Persona del Padre, somos Sus hijos (1ªJn. 3:1); por su relación vital a la Persona del Hijo, nos hace Sus hermanos (He. 2:9-12) y se califica como "Unidad en Cristo" (Jn. 17:23a; Ga. 3:28); por su relación vital con la Persona del Espíritu Santo, Quien nos engendra y bautiza en el Cuerpo de Cristo (1ªCo. 12:13) es "Unidad del Espíritu" (Ef. 4:3).

3. En cuanto a la necesidad de su difusión, confesamos que las palabras del Señor: "para que el mundo crea" y "que el mundo conozca que tú me enviaste" (Jn. 17:21 final y Jn. 17:23b), hacen claro que la Unidad Cristiana tiene fases de manifestación y testimonio aquí y ahora. Tal hecho, requiere la obra del Testimonio de la Iglesia como el "Un Cuerpo" de Cristo (Ef. 4:4a; Hch. 1:8; 1ªCo. 12:13,23), que propaga la Unidad por la predicación (Mr. 16:15,16; Ro. 10:8-17; comp. Ga. 3:27) y la consolida por la edificación y crecimiento de la nueva criatura.

Ro. 14:19; 1ªCo. 14:3; Ef. 4:12; 1ªP. 2:2; Jud. 20,21.

4. En cuanto a su relación con las Escrituras, la Unidad Cristiana es de carácter "Doctrinal" y abarca "todo el consejo de Dios" (Hch. 20:27), revelado en la Palabra que nos ha sido dada por el Espíritu Santo (2ªTi. 3:16,17; 2ªP. 1:21, comparar 1ªTs. 2:13). Y siendo que el mismo Espíritu que nos ha dado las Escrituras, mora en los renacidos (1ªCo. 6:19), y siendo que éstos deben guardar la "sana doctrina" (1ªTi. 4:6; Tit. 1:9), se concluye lógicamente que entre los hijos de Dios no debieran existir ni perpetuarse, discrepancias en doctrinas Bíblicas, ni en la Iglesia local ni en la relación "inter-Iglesias" que confiesan a las Escrituras como la Palabra de Dios y su Única Autoridad en doctrina y prácticas.

Consecuentemente, el "status-quo" prefabricado por el espíritu "denominacionalista" que mantiene intocables a las divergencias doctrinales que existen entre Cristianos, equivale a un tácito "acuerdo para estar en desacuerdo", lo cual afecta a la Unidad Cristiana en su relación con las Escrituras, así como a la Unidad en el Un Cuerpo de Cristo que es la Iglesia. Además, tal "status-quo" permite que bajo el manto de la "cooperación interdenominacional", se esconda y ampare la perpetuación del error, nada menos que en la Iglesia, que es "columna y apoyo de la Verdad" (1ªTi. 3:15).

5. Por cuanto antecede, afirmamos que las discrepancias en doctrina y prácticas Bíblicas entre renacidos, no son compatibles con la Doctrina Bíblica de la Unidad Cristiana. Por ello, afirmamos que tales discrepancias deben ser declaradas motivo de especial oración e intercambio de estudios Bíblicos entre hermanos, bajo la fórmula Bíblica de "Siguiendo la Verdad en Amor" (Ef. 4:15), con el único propósito de que toda doctrina se ajuste a la Palabra de Dios.

Ver más información en La Doctrina Bíblica de la Unidad

El "lema" básico del Testimonio "Philadelphia" por la Unidad Bíblica entre los hijos de Dios, es normativo y modélico:

"¡Al Señor, del todo! ¡A la Biblia, en todo! ¡Al Señor, en plena sumisión! ¡A la Biblia en pleno acatamiento!". Dijo El Señor: "El que me ama, mi palabra GUARDARÁ" (Jn. 14:23-26)

 

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